El libro iGen de una psicóloga estadounidense da la señal de alerta

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“He pasado más tiempo con mi móvil que con gente de verdad. Cuando intento hablar con mis amigos de algo, aunque sea superimportante para mí, no me miran a la cara. Miran a la pantalla. Duele un poco. Si estoy con mis amigos, mi madre quiere que esté conectada y que dé señales de vida cada hora. Así es mi generación. No hemos podido elegir una vida sin iPhones. Y creo que nos gustan más los teléfonos que la gente”. Testimonio de una adolescente extraído del libro iGen, que ya se ha convertido en un best seller, escrito por la psicóloga estadounidense Jean M. Twenge, de la Universidad de San Diego, que lleva 25 años investigando a diferentes generaciones de jóvenes.

Fruto de sus investigaciones, aunque se limitan a los estadounidenses nacidos después de 1995, algunas de las afirmaciones de esta psicóloga son cercanas a nuestra realidad (donde el 89% de los niños de diez años accede a internet y la cuarta parte usa móvil):

  • Están más a gusto en sus dormitorios. Para qué ‘quedar’ por ahí si tienen a sus colegas en la pantalla? Salen de media una o dos veces por semana, cuando antes de la irrupción del smartphone eran tres. No es que les gusten más los teléfonos que la gente real, es que la gente real es más soportable e interesante a través de una interfaz. Prefieren los mensajes de texto, o una conversación asíncrona (graban una frase y la envían), a un diálogo cara a cara. Y una ironía: aunque pasan más tiempo que nunca bajo el mismo techo que sus padres, no se sienten demasiado vinculados a sus familias.
  • Se sienten solos. Una paradoja si se tiene en cuenta que las principales aplicaciones tecnológicas tienen como objetivo rodearnos de ‘amigos’. Esta tendencia a sentirse apartado es muy llamativa entre las chicas, más ansiosas que los chicos a la espera de comentarios y ‘me gusta’ cuando suben una foto o actualizan su estado.
  • No son felices. Son más vulnerables psicológicamente que generaciones precedentes. Twenge anuncia que la iGeneración está a punto de sufrir la peor crisis de salud mental en décadas. Aquellos que pasan más de tres horas conectados a un aparato electrónico tienen un 35% más de posibilidades de tener ideaciones suicidas. El riesgo de depresión aumenta casi un 30% entre los quinceañeros que pasan mucho tiempo delante de una pantalla y baja si practican deportes o incluso si están haciendo los deberes.
  • Se aburren. No toleran la espera e intentan llenar el vacío psicológico revisando continuamente sus cuentas en las redes o con juegos para pasar el rato.
  • Duermen fatal. El 40% no llega a las siete horas. Y la calidad del sueño es mala. Se despiertan de madrugada para examinar el móvil y es lo primero que consultan cuando se despiertan.
  • No están preparados para la vida adulta. La adolescencia es clave para desarrollar las habilidades sociales, y eso es algo que se aprende cara a cara.

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