Alerta sobre la participación de menores en rodajes

Los “juguetes rotos” más tristes son, sin duda, los actores o cantantes que empezaron a saborear el éxito de pequeños, para acabar pasándoles factura no mucho más tarde.

Niños prodigio caídos en desgracia ha habido desde que los espectáculos se han convertido en un negocio masivo, que va más allá de las propias fronteras. Para prevenir consecuencias lamentables del paso de menores por escenarios o platós, el papel de los padres es primordial, pues ellos deciden los límites y marcan las distancias respecto a los focos.

Sin embargo, dado que esa actividad se desenvuelve en un entorno laboral, la protección a través de las leyes es también un factor determinante. En la actualidad, cada estado tiene su marco legal, que tiende a ser insuficiente y de corto alcance. España no es, precisamente, una excepción.

El artículo 11 de la Resolución TRI/670/2005 permite la contratación de menores en rodajes y espectáculos, siempre que sea su tutor quien presente la solicitud debida a la autoridad competente en temas laborales en la Comunidad Autónoma.

Por otra parte, la Ley 7/2010, de 31 de marzo, General de la Comunicación Audiovisual, sostiene que las comunicaciones comerciales “No deben mostrar, sin motivos justificados, a menores en situaciones peligrosas”.

No obstante, se da un vacío legal respecto al uso de los menores y las situaciones en las que se les coloca, no tanto por el efecto que tengan en espectadores jóvenes (como es la intención de la ley citada), sino en ellos mismos. Aunque se trate de ficciones y en un contexto de trabajo, el niño o la niña sometido a escenas de especial violencia o crudeza recibe una cantidad de impactos, que muchas veces ni llega a comprender, que pueden interferir en su proceso de maduración.

No sólo los largos rodajes, el desorden vital, la ruptura con el ritmo escolar y de amigos, o la continuada convivencia con adultos (sin adoptar el rol de educadores) que ocasionalmente les inducen al consumo de drogas o alcohol, perjudica el desarrollo físico y psíquico del menor. También pueden ejercer un efecto negativo las vivencias, aunque sean vicarias, de conflictos que superan la etapa madurativa en la que se encuentran.

Está en manos del ciudadano, de los mismos padres y, por supuesto, de los gobernantes el mejorar el marco legal de protección del niño y artista incipiente.