Bella calamidades, una telenovela más

Ficha técnica
Título: Bella calamidades
Creadores: Julio Jiménez
Guionista: Iván Martínez Lozano
Intérpretes: Danna García, Segunda Cernadas, Katie Barberi, Gustavo Angarita
Año: 2009
L/V, TVE1, 17h.-17.55h., 45 minutos.
RTI para Caracol Televisión y Telemundo Internacional, Colombia.
Temporada 1
Había una vez, en un pueblo muy lejano, una joven misteriosa a quien todos llamaban “el alma en pena”. La gente pensaba que estaba loca, pues vestía harapos y sólo la veían por las noches, cuando salía a caminar por el cementerio, el lugar donde vivía. Lo que nadie sabía es que esa joven sucia y de mirada perdida era la misma niña que años atrás había sufrido mucho tras la muerte de su padre. Lola huye del pueblo para escapar de las garras de Aquiles Barraza, que quería cobrarle las deudas de su padre, y busca refugio en casa de su tía Marta, que la maltrata y la convierte en su sirvienta. Ante el miedo y el asco de los habitantes del pueblo, la policía arresta a Lola para enviarla a un sanatorio donde no pueda molestar a nadie.
Justo antes de que fuera recluida, su madrina Lorenza de Machado llega a su rescate, impidiendo que se cometa una injusticia. Lorenza es una mujer con mucho dinero, dueña de las haciendas productoras de leche más grandes de la región y madre de Marcelo, el hombre que le robará el corazón a Lola. Lorenza le brinda techo y protección a Lola, y ella, con su dulzura y nobleza, logra ganarse el amor de todos, incluyendo el de Marcelo. Gracias a la dedicación de Lorenza, la muchacha de apariencia salvaje se convierte en una bella jovencita. Pero la felicidad de los primeros días se vuelve calamidad. Priscila, la sobrina de Lorenza, está locamente enamorada de Marcelo y, en complicidad con su madre Silvana, se dedica a hacerle la vida imposible a Lola, inventando toda clase de historias para deshacerse de ella. Estas dos brujas arpías y holgazanas lograrán su cometido.
Lola queda sola, desamparada, sin un centavo en su bolsillo, y a la espera de que alguien la acoja con un poco de amor y un plato de comida. Para colmo de males, todos tildan a Lola como ave de mal agüero. La triste jovencita termina viviendo en una iglesia, y luego en un bar de dudosa reputación. Sin más opción, se ve empujada a caer en las garras de Aquiles Barraza, un monstruo de hombre que le cambiará su futuro. Las desgracias vividas, la soledad y el desamor, hacen que Lola se case con él, aunque sólo recibe humillaciones.
Pero la vida da un giro inesperado… Aquiles muere y deja a Lola como heredera absoluta de su enorme fortuna, convirtiéndola en una mujer rica y poderosa. Ahora, la bella Lola, regresa a su pueblo para darle una lección a quienes hicieron de su vida un mundo de calamidades.
Crear un argumento de estas características es un juego de clichés combinados parejo al de trabar una novela pseudomistérica a lo Dan Brown. Todo es conocido y todo es aburrido, pero consigue enganchar a un gran número de espectadores acostumbrados a este pasto. Un pasto que sí debería ser objeto de una historia de investigación parapsicológica.
Bella calamidades es un remake de la también telenovela colombiana de los 80 Lola calamidades, creada por Julio Jiménez (El cuerpo del deseo, Pasión de gavilanes), una especie de Jerry Bruckheimer del culebrón.
La edición musical es una buena muestra del tipo de narrativa que abandera este producto. La canción de la careta se interrumpe abruptamente al cabo de unos segundos para empezar con el episodio. Esta práctica se repite constantemente con la banda sonora que acompaña y caracteriza, con una impúdica evidencia y un volumen sobrecogedor, cada frase y gesto de los actores. Los cambios de estilo melódico –del terror a la agresividad, de la ternura a la risa- pueden perturbar el cerebro del espectador más equilibrado. Por no hablar de una dirección de actores –si existe- en la que se les insta a gritar continuamente como si tuvieran que paliar una supuesta falta de medios técnicos en la colocación de micros.
Los guiones nos recuerdan que estamos ante una nueva versión de la Cenicienta ahora revisitada con un afán de venganza, que sumados a los sentimientos y valores predominantes –odio, celos, enfados, envidias, pasiones incontroladas…- configuran un panorama bastante desalentador. Por otra parte, los diálogos están trabajados sobre la base de lo explícito. Es decir, explican en un acto de redundancia lo que ya se ve con las imágenes, gracias a una interpretación de gestualidad exagerada y también evidente.
En este juego de estereotipos, no podía faltar algo habitual en este género televisivo: su clasismo y racismo llamativos. Los protagonistas –todos ellos jóvenes, guapos y ricos- no tiene rasgos étnicos. En el caso de que alguien los tenga, se tratará del personal de servicio de la finca. Otros compañeros de baile de clichés son las mujeres histéricas y descontroladas, las actitudes infantiles en los adultos y unos golpes de humor de triste recuerdo. Y además, por si acaso alguien necesita unos segundos para acabar de entender la escena, el realizador nos ofrece una fantástica dilatación de la imagen para que acabemos de sacarle todo el jugo que tiene.
En definitiva, una oferta verdaderamente novedosa y de calidad para una televisión pública, que nutre sus tardes con un conjunto de ficción de verdadero servicio público.
Contravalores: violencia verbal, sexo implícito, frivolización, conductas asociales, erotismo, pobreza técnica y guiones mediocres.

Firma: Lourdes Domingo