Buenos hábitos audiovisuales. Es el momento

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Ahora sufrimos una avalancha de series a las que engancharnos (o a las que se enganchan nuestros hijos) y perderse un capítulo, buscarlo en internet o conseguir descargarlo se convierte, en ocasiones, en una ardua tarea y en un foco de discusiones y enfados. Lo mejor, en estos casos es no seguir el patrón que nos propone la televisión. Decidir, habiéndose informado con anterioridad, qué serie es la que vamos a ver y cómo lo haremos es una forma de disfrutar de las narraciones audiovisuales y evitar el alto coste (no tangible) que pagamos por ello. Por fortuna, existen ya muchas modalidades que nos permiten la flexibilidad de disfrutar de un buen producto sin publicidad y a la hora que mejor nos va. Además, la oferta es amplia y hay series para todos los gustos y públicos.

Por otro lado, las redes sociales pueden pasar también a un plano menos protagonista. Sobre todo, en el caso de los adolescentes, es bueno trazar un plan de actualizaciones y mantener una conversación sobre la seguridad en la red, sobre lo que se debe y no se debe decir o colgar, etc. Este aspecto cobra especial relevancia si nuestros hijos se abren por primera vez un perfil, un blog o entran en Twitter.

Los juegos, en consola, móvil u ordenador, roban una gran cantidad de tiempo –al sueño, al estudio o a otras actividades más productivas y necesarias para los jóvenes– que deberían tener también su espacio, su horario y, claro está, su público, en función del contenido del juego.

Por supuesto, no podemos dejar de hacer eco de las recomendaciones de los especialistas: las aplicaciones, por muy buenas que sean, no son el instrumento ideal para el ocio de los más pequeños. Es por todos bien sabido que un puzzle, unas construcciones o una caja de colores aporta al niño mucha más riqueza (a todos los niveles) que el Candy Crush, cuidar de Pou o experimentar en Club Penguin.

Con todo, el curso es largo y la vida complicada, así que, sin estrés, se trata de ir poniendo las cosas en su sitio. Quitar el áurea que le hemos otorgado a las tecnologías digitales y, aprovechando lo bueno que tienen (que es mucho), sepamos evitar las adicciones que se han convertido en un hábito comunitario. Nosotros, mientras, os seguimos ofreciendo información y destacando siempre lo mejor.

Editorial Revista Contraste Octubre 2015


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