Caza de brujas
Títol original
Guilty by suspicion
Gènere
Any de producció
1991
Públic
Valoració
Llenguatge
Durada
105'
Data d'estrena
07/04/1993
País

Caza de brujas

3 / 6
Humor 0/5
Acció 2/5
Violència 0/5
Sexe 0/5

La tristemente célebre “Caza de Brujas” hollywoodiense sigue acaparando la atención de los cineastas USA después de muchos años de desaparecer la “purga” de la HUAC. Ahora ha sido un veterano productor, el premiado Irwin Winkler, quien ha escrito y dirigido su primer film como realizador precisamente sobre este debatido tema, contando con la colaboración de algunas víctimas de ese fenómeno político -que coincidía con el “terror rojo” de la Guerra Fría- y con el apoyo de un gran intérprete, Robert de Niro, bien secundado por la hoy star en alza Annette Bening .

Seleccionado oficialmente en el Festival de Cannes´91, se ha estrenado en España con tres años de retraso, acaso por ser una película de poca comercialidad y difícil digestión para los no entendidos. Sin embargo, se trata de un film sólido, sobrio hasta la saciedad, donde se evoca con perfección el clima de miedo y delación de esa difícil época, al tiempo que logra un convincente retrato sociopsicológico de esa paranoica persecución, encabezada por el senador republicano Joseph McCarthy (fallecido en 1957) con la complicidad del FBI de Edgar Hoover. Guilty by Suspicion es, ante todo, un entrañable homenaje a las “víctimas” del maccarthismo: los nombres que, en la década de los 40-50, fueron tachados de comunistas, “compañeros de viaje” o meros simpatizantes -la mayoría eran demócratas y liberales, que aspiraban a un sistema menos radical y capitalista- y sobre quienes golpeó la justicia estadounidense. Unos serían encarcelados o multados, otros delatores o se exiliaron, y muchos perjudicados profesionalmente al ser incluidos en las “blacklist” (hasta 320 personas), “listas negras” que siguieron ejerciendo una función represiva entre los cineastas encartados y autores “sospechosos”. Fue una insólita “caza de brujas” encaminada, infructuosamente, a ahogar la toma de conciencia de cierto número de cineastas de cara a los problemas mundiales del momento, desde una perspectiva más crítica y alejada de las convenciones de los tradicionales géneros de Hollywood.

El relato, equilibrado y nostálgico, consigue reconstituir ese período sin caer en la dialéctica ni en la fácil demagogia, a través de la vida de John Merrill, realizador-arquetipo del americano medio que aspiraba a otro país y a un cine de mayor compromiso, quien también formaría parte de los intelectuales USA de la denominada “generación perdida”. Asimismo, está muy conseguido el drama familiar y el problema de conciencia del protagonista, que llega a emocionar al espectador durante su culminación en ese juicio en el Congreso de Washington, el cual reproduce con rigor ambiental los que se ha visto en los documentales sobre los procesos de la HUAC.


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