Desde allá
Títol original
Desde allá
Gènere
Any de producció
2015
Públic
Valoració
Llenguatge
Durada
93'
Data d'estrena
22/06/2016
País

Desde allá

2 / 6
Humor 0/5
Acció 1/5
Violència 1/5
Sexe 3/5

Lorenzo Vigas debuta como director y guionista de largometrajes con esta fría, dura y pretenciosa producción venezolana.

Su indudable calidad técnica, en todos los aspectos audiovisuales del film, no hacen sino resaltar lo incomprensible, vacío, caótico y deslavazado de la historia que nos quiere contar.

Vigas apuesta por la mesura, la contención, y la distancia (apoyándose curiosamente en unos acertados primeros planos de espaldas); por la ausencia de música extradiegética y por un ritmo exageradamente pausado y premioso. Era ésta una apuesta excesiva para un director novel y la audacia le hubiera valido la pena si todos sus delicados efectismos (el contraste nítido/difuso, por ejemplo) hubieran tenido un sentido, hubieran sido recursos artísticos al servicio de la narración o de la simple contemplación. Por otro lado, el propio Vigas pervierte ese tono frío y elegante al introducir un par de escenas sexuales con la agresividad y zafiedad del cine comercial convencional y unos sorprendentes y absurdos giros de guion con los que parece pretender despertar al espectador, pervirtiendo, como digo, su propia línea de actuación.

Así la decepción se impone al avanzar el film y no conseguir traspasar la inexpresiva barrera emocional o racional de Armando, siempre impasible, impenetrable y finalmente inaguantable. Tampoco encontramos coherencia ni empatía con Elder, alocado personaje (más comprensiblemente humano que Armando) que va a rebufo de un guion que le obliga a seguir instintivamente los aleatorios requerimientos de Armando.

La película gana cierto interés cuando la narración parece inclinarse hacia algunos temas conocidos y coherentes como la búsqueda de la paternidad o la necesidad de la integración. Pero, quizá temiendo caer en lo convencional, Vigas vuelve a la vaciedad y al automatismo fetichista en las supuestas relaciones humanas.

Podría, por tanto calificar esta historia como cruel, desasosegante o desalmada pero, desgraciadamente, creo que es algo más decepcionante aún: creo, sinceramente, que es una historia sin alma.

Firma: Esther Rodríguez