Lady Macbeth
Títol original
Lady Macbeth
Gènere
Any de producció
2016
Public
Valoració
Llenguatge
Durada
89'
Data d'estrena
28/04/2017
País

Lady Macbeth

2 / 6
Humor 0/5
Acció 0/5
Violència 1/5
Sexe 5/5

En su primer largometraje como director, William Oldroyd traslada a la pantalla la novela del escritor ruso Nikolai Leskov, Lady Macbeth de Mtsensk. En ella, se mostraban las duras condiciones de vida de las mujeres del XIX, de cualquier estrato social, sometidas al varón tanto social como sexual e ideológicamente. Las vías de escape para sobrevivir a ello podían ser de cualquier tipo, tomando esta Lady Macbeth rusa el camino de la crueldad y el abuso indiscriminado.

Oldroyd
recoge esta historia, la lleva a la Inglaterra victoriana más puritana y rigorista y, desgraciadamente, la despoja de toda humanidad, reflexión o interiorización del personaje principal (y de los otros). El director atiza un brochazo torpe, grueso y en absoluto definido, dejando al rico y maquiavélico personaje de Katherine reducido a la irracionalidad más denigrante.

Es cierto que la puesta en escena es irreprochable. Por un lado el BFI (British Film Institute), como es habitual, hace un trabajo impecable en la recreación de interiores y vestuario. Por otro, este aparato formal es aprovechado sabiamente por Oldroyd para convertirlo en una poderosa metáfora de la situación de la protagonista. Los rígidos encuadres sitúan a Katherine en el centro de un atrezzo simétrico, abotargada y sometida; encorsetada en un agobiante silencio y una desnaturalizada sobriedad.

Sin embargo, como comentábamos al principio, esta impactante fuerza visual solo refleja el statu quo de la protagonista, de la que ignoramos su pasado, sus intenciones o aspiraciones, fuera de respirar aire fresco o dar rienda suelta a sus instintos más bajos. El progresivo descenso a los infiernos de Katherine (bastante bien interpretada por Florence Pugh) es narrado a golpe de excesos, arrollando sin cerebro todo lo que frena su camino a no sabemos dónde. Esa sórdida torpeza irracional hace muy difícil empatizar con ella y anula la fuerza de la bandera reivindicativa que su sufriente personaje pudiera enarbolar.

Firma: Esther Rodríguez


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