Midiendo el mundo
Títol original
Die Vermessung der Welt
Any de producció
2012
Públic
Valoració
Llenguatge
Durada
119'
Data d'estrena
22/01/2016
País

Midiendo el mundo

2 / 6
Humor 2/5
Acció 3/5
Violència 2/5
Sexe 3/5

Rescatar para la gran pantalla a dos pesos pesados de la ciencia moderna es arriesgado pero, sobre todo, loable. Hacerlo además en un tono jocoso, respetuoso con la ciencia y con aires de aventura revela un verdadero interés por acercar a los peculiares científicos al gran público. Con esos innegables planteamientos sorprende (y entristece) más todavía, el caótico y decepcionante resultado final del film.

Nada que objetar al trabajo del director artístico para recrear el momento histórico, lleno de aciertos tanto en los lujosos ambientes de Humboldt, como en los míseros de Gauss (brillante en todos los sentidos la primera escena de la escuela), así como las espectaculares imágenes de los primeros pasos del geógrafo en América.

Respetable también, como punto de partida, el tono caricaturesco con el que refleja a todos los personajes (protagonistas incluidos) buscando el humor y huyendo de cualquier atisbo de rigidez documental.

Impagable (y a la que suscribe fue lo que más le gustó y agradeció) la desmitificación que el guionista desarrolla de la sacrosanta ciencia decimonónica. Acierta plenamente al reflejar el elitismo de la Ilustración que desprecia al ignorante y al sencillo y elimina la divinidad para situar en su lugar a la ciencia, incipiente y en proceso, adorándola en su panteón con más devoción servil que cualquier anciana en su iglesia.

Pero todo ello pierde interés y gracia conforme avanza el film y sus realizadores son incapaces de controlar sus propios planteamientos. Las escenas se repiten, las caricaturas cansan (el desdentado Duque de Brunswick usado como un comodín de dudosa comicidad), la suciedad y oscuridad envilece a todos los personajes (las escenas de los indígenas americanos son patéticas), la desinhibición sexual queda como un pegote y el continuo cambio de escenarios y épocas acaba por marear al espectador que se ha quedado en algún punto de la Patagonia esperando que alguien recupere la cordura.

Al final, entre el cansancio general, queda sobre todo, la sensación de haber perdido una buena oportunidad. Ni los científicos decimonónicos, ni sus “víctimas” se merecían este superfluo y desbocado homenaje.

Firma: Esther Rodríguez


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