El hormiguero: la no entrevista + divulgación

El actor de La red social, Jesse Eisenberg, aseguró, en una entrevista en el programa de Conan O’Brien del canal por cable TBS que El hormiguero “está aparentemente diseñado para humillar al invitado americano”. Estas declaraciones las hizo semanas después de pasar por el plató de Cuatro, durante la promoción en España de la película sobre el creador de Facebook.

De esta crítica de Eisenberg se pueden extraer varias lecturas o reflexiones. Por un lado, la visión del mundo, victimista y egocéntrica, que tienen los americanos y, por otro, dónde está el límite a la hora de hacer humor. Seguramente, el equipo de El hormiguero no tiene intención de humillar, especialmente, a los invitados estadounidenses, porque la presencia de estrellas internacionales es uno de sus valores añadidos, y gracias a ello consiguen los mejores índices de audiencia.

Al día siguiente de estas declaraciones, los responsables del programa se disculparon, sin renunciar a un cierto rintintín, y aseguraron que, antes de que aceptaran la entrevista, les habían mandado el guión; así funcionan con todos los invitados. Los departamentos de comunicación y márketing de las grandes distribuidoras no se arriesgan y, antes de permitir cualquier aparición pública, la estudian con detenimiento para valorar si la imagen que se proyectará será positiva o negativa, invitará a la gente a ver la película o no.

Sin embargo, se puede entender el enfado de Eisenberg. Cuando existe una barrera lingüística, que a pesar de la traducción simultánea no acaba de transmitir los dobles sentidos o expresiones de la cultura popular española (por ejemplo, ese día les hacían repetir las palabras de Chiquito de la Calzada, candemor), unido a las absurdas preguntas y situaciones a las que se someten los famosos en El hormiguero, uno puede pensar que le están tomando el pelo.

La clave reside en saber entrar en el juego, hacer espectáculo, algo que en Hollywood saben hacer muy bien. Aunque Eisenberg todavía es un novato en el trato con los medios, primordial en esta profesión. En las entrevistas americanas, a pesar de las declaraciones del protagonista de La red social, los actores van a vender su producto y montan verdaderos shows, a los que muchos actores españoles o europeos se negarían; les parecería una falta de respeto hacia su trabajo.

Los límites del humor

Aquí llegamos a la siguiente cuestión, los límites del humor. Este límite se podría marcar cuando la postura es reírse de la persona, y no de un personaje o una situación. No obstante, esto se puede valorar en función de la sensibilidad que uno puede tener, aunque si eres un personaje público es mejor tener un talante más abierto en este sentido. El caso de El hormiguero se encuentra en este fino límite.

El plató de El hormiguero se ha convertido en visita obligada para los actores y cantantes, y en menor medida escritores, en promoción. Sin embargo, Kyle Minogue pidió ir al ver “lo bien que se lo pasaban los invitados”, sin tener ningún disco a la venta, algo poco habitual en televisión. No en vano es el programa más rentable de Cuatro. Con sus entrevistas, consiguen récords de audiencia, que se comentan en los blogs de televisión, lo que les consolida como plataforma publicitaria para discográficas y distribuidoras de cine.

Por él han pasado estrellas mediáticas como Mel Gibson, Will Smith, que repitió posteriormente con la familia al completo durante la promoción de Karate Kid, Sylvester Stallone, Hugh Jackman, los actores de Lost, Jorge García y Naveen Andrews, Kyle Minogue; e ídolos adolescentes como los Jonas Brothers, Myley Cyrus, Selena Gómez, Justin Bieber y McFly, entre otros.

A raíz, probablemente, de las declaraciones de Jesse Eisenberg, este último, el grupo británico McFly, aseguró: “El show televisivo de esta noche ha sido increíble. Me encantó la prueba del yogurt. Es una pena que no haya programas como ese en el Reino Unido”, comentaba el integrante de McFly en su cuenta de Twitter.

Entrevista sin entrevista y espectáculo didáctico

En este sentido, introducir a un ídolo, en el caso de los más jóvenes, o un famoso de primera línea en situaciones ridículas y pruebas surrealistas es parte del éxito del programa; muchos humoristas pagarían por tener a Mel Gibson al lado y conseguir que se ponga una dentadura postiza y unas gafas de culo de botella mientras intenta hablar. Ésta podría ser la aportación de El hormiguero al género de entretenimiento.

Sin embargo, esta forma de entender el entretenimiento ha recibido quejas. Muchos fans de Lost criticaron el formato, durante la visita de los actores Jorge García y Naveen Andrews, porque a lo largo de la “entrevista” en ningún momento les preguntaron por la serie. Desaprovechar estas oportunidades es un fallo, aunque el concepto de El hormiguero sea otro, porque no está reñido dar una información o mensaje con el humor. Quizá aquí está el quid de la cuestión: es todo tan absurdo que no existe un mensaje, aunque esto podría considerarse su mensaje.

Muchos espectadores han criticado que es un desperdicio dedicar tiempo a ver cómo el famoso de turno hace tonterías, pero a otros les parece la mejor opción para desconectar de la jornada laboral y la oportunidad de ver a su ídolo en situaciones o pruebas surrealistas. Aunque a veces sólo está como un mero espectador de la magia o los experimentos de la troup.

En este punto nos adentramos en el lado divulgativo del programa. Hacer espectáculo de las reacciones físicas y químicas o de la magia es un clásico, pero tan en desuso en la pequeña pantalla, al menos de un modo ameno, en una hora razonable y con audiencia, que se puede considerar un punto a favor para Motos. Con sus tan dispares modos de entender la televisión, Telecinco lo intentó sin éxito con ¡Clever! y La 2 cada semana con Tres 14 o Redes, pero sin dejar de ser un producto minoritario.

Que la filósofa Elsa Punset (hija del director de Redes, Eduard Punset) se ponga hablar delante de los espectadores de Cuatro y de un personaje de la farándula es todo un atrevimiento y algo más que plausible. Que un niño sepa qué pasa al unir dos componentes químicos porque lo ha visto en El hormiguero, un logro televisivo. Que la gente crea grupos de Facebook de lo más estrambóticos para salir en el programa, una influencia social.

Pero de la influencia social también debemos hablar. Como se ha dicho antes, aunque no busca dar una información, con el show del plató ya se transmite una idea, un mensaje. Por sus invitados, se ha convertido en un espacio de referencia para adolescentes, por ejemplo, cuando estuvieron los Jonas Brothers se desató la locura en las gradas del público, y Justin Bieber tampoco se quedó corto.

Ser referente para el público más joven conlleva una responsabilidad y un cierta sensibilidad con los contenidos, hecho que no siempre tiene en cuenta el programa de Cuatro. No hay día que no se cuele una palabrota, un comentario burdo, una referencia escatológica o una doble lectura siempre picante.

El hormiguero tiene todos los ingredientes para ser un programa de entretenimiento familiar, de aquellos que casi no se encuentran en antena: la frescura del directo, invitados interesantes, sus mascotas Trancas y Barrancas, experimentos, magia y humor. Sin embargo, el equipo de Motos lo desaprovecha ensuciando este todo con coletillas inapropiadas para todos los públicos, dejando constancia de su posicionamiento ideológico y sin dar la oportunidad de dejar decir algo interesante a sus invitados.

Firma: Montserrat Bros