Power Rangers Samurai
Títol original
Power Rangers Samurai
Gènere
Subgènere
Cadena TV
Emissio
Llenguatge
Valoració
Públic
()
Durada
20'
Data de producció
2011
País

Power Rangers Samurai

1 / 6
Humor 0/5
Acció 2/5
Violència 1/5
Sexe 0/5

El género en el que se enmarca la serie, denominado tukusatsu, procede de la industria japonesa y se utiliza para definir productos que combinan la imagen real con la animación y, en este caso, también se incluyen personajes disfrazados de monstruos.

En 1993 aparecen por primera vez estos guerreros americanos, vestidos con trajes futuristas, que practican las artes marciales y utilizan sus poderes para acabar con los monstruosos enemigos que amenazan la supervivencia de la raza humana. Ahora, entrados en el siglo XXI, los Power Rangers no sufren muchas alteraciones. Desaparece el Ranger negro y se incorporan nuevos efectos especiales pero, en su esencia, continúa siendo el mismo producto de serie B que cautivó a una generación.

Quizá, con todo lo que la ficción seriada ha evolucionado en estos años, Power Ranger Samurai se vea, más que nunca, como una apuesta de segunda categoría que sólo disfrutarán los fieles seguidores del universo Power Ranger o el público infantil menos exigente.

A un argumento sin interés ni originalidad, se suman los diálogos nada sugerentes, los aburridos personajes y los predecibles finales. Utilizar accesorios de plástico y disfraces de goma no ayuda a una producción que usa con éxito irregular unos efectos especiales deficientes.

Puede que sus productores busquen plasmar intencionadamente esta estética en la serie, sin embargo, la sobreactuación de los personajes, las acciones incríbles que no se desarrollan con coherencia, las disparatadas escenas de acción y la sobredosis de destellos luminosos e impactos musicales acaban por enterrar a Power Ranger Samurai en el peculiar submundo de productos para minorías.

De su contenido se valora el esfuerzo por destacar la importancia de la amistad, el sacrificio por el bien común, el compromiso y la lucha contra el mal. Esta oferta infantil se deja ver, pero no aporta calidad y puede atrofiar el criterio audiovisual del joven espectador.

Firma: Mar Pons


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