Air doll
Título original
Kuki ningyo
Género
Año de producción
2009
Público
Valoración
Lenguaje
Duración
126'
Fecha de estreno
18/06/2010
País

Air doll

2 / 6
Humor 2/5
Acción 0/5
Violencia 2/5
Sexo 4/5

La idea original de este film surge del cómic La figura neumática de una chica (2000) de Yoshiie Gouda y, por primera vez, el director Hirokazu Kore-Eda (Después de la vida, Caminando, Nadie sabe), toma una idea ajena como punto de partida para uno de sus guiones.

Su desarrollo es muy clásico. Para explicar una realidad, todo buen guionista sabe que uno de los recursos estrella es elegir a un personaje ignorante, a un niño, a un extraterrestre, a alguien que aparentemente está fuera del mundo, porque requiere explicaciones muy concisas para entender lo que ve. Así se puede hilvanar una buena historia que llega al espectador con extrema frescura. Este tipo de personaje suele tener siempre las mismas características: candidez, espontaneidad, capacidad de sorpresa, ingenuidad y acostumbra a generar a su alrededor reacciones de perplejidad ante lo obvio, equívocos humorísticos y grandes dosis de reflexión. Cada uno de ellos, desde su ignorancia, formula preguntas básicas alrededor de lo que vive, tan básicas que, en este caso, resultan filosóficas. Aquí encontramos el punto fuerte de este gran film.

El director plantea a través de la muñeca Nozomi (Bae Doona) grandes interrogantes: “¿Pueden las personas llenar su propio vacío? ¿Cuál es el significado de la vida? ¿Qué es un ser humano? ¿Qué significa vivir?”. Las respuestas que halla la protagonista son escalofriantes, quizá porque los personajes escogidos para contestar están todos aquejados de graves neurosis fruto de la soledad que genera una gran urbe como Tokio. Hirokazu Kore-Eda muestra con mucha poesía las heridas del consumismo y las expone con dolorosa claridad. Hasta aquí, el maestro y toda la calidad que hay que reconocerle. Pero, así como Pinocchio es un objeto inocente, una marioneta  infantil, la protagonista Nozomi es una muñeca hinchable, un juguete pensado para satisfacer el deseo sexual. Por eso el film es tan descorazonador, porque su supuesta inocencia no existe, porque arranca de un planteamiento desolador. La mera existencia de muñecas inflables nos habla de soledad y desesperanza y sobre estos dos pilares se construye el relato de una búsqueda finita. Nozomi desiste al final: no entiende, no encuentra. Y al acabar, más vacío, que es de lo que ella está rellena. Una esperanza para el gran cine que deja desesperanzado al espectador.

Firma: Anna Puigarnau


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