Barry Seal: El Traficante
Título original
American made
Género
,
Año de producción
2017
Público
Valoración
Lenguaje
Duración
114'
Fecha de estreno
01/09/2017
País

Barry Seal: El Traficante

2 / 6
Humor 1/5
Acción 3/5
Violencia 1/5
Sexo 3/5

No es de extrañar que el personaje de Barry Seal resulte atrayente para el cine y que encaje perfectamente con el perfil habitual de los papeles de Tom Cruise. Traficante de armas, de drogas, protagonista de aventuras arriesgadas entre selvas amazónicas y hoteles de lujo, enriqueciéndose a una velocidad de vértigo y con el respaldo, en parte, del gobierno de Estados Unidos en la sombra, para darle cierta cobertura “ética” a sus acciones.

La narración de sus andanzas, dirigida por Doug Liman (Al filo del mañana ,Caza a la espía), se apoya en dos pilares bastante eficaces: un montaje muy trabajado que alterna los diferentes escenarios y las acrobáticas gestiones de Seal con retazos de imágenes reales de noticiarios y, en segundo lugar, por supuesto, Tom Cruise.

A pesar de la agilidad que se quiere conseguir con dicho montaje, la película no acaba de coger ritmo ni de llegar a un clímax. Es posible que su fragmentación en capítulos según las “misiones” que Barry Seal acomete le pase factura, ya que no se distinguen mucho unas de otras (lo que resulta repetitivo) y, como decía, el film no parece dirigirse hacia ningún sitio.

Tampoco ayuda que la trama tenga un protagonista único haciendo que todos los demás sean meros figurantes. Ni su contacto de la CIA, ni su mujer, ni ninguno de sus colaboradores o perseguidores dejan de ser planos, esporádicos, estereotipados y, en definitiva, irrelevantes.

Capítulo aparte lo constituye el personaje en cuestión y el más que dudoso encanto de sus acciones. Incluso si se quiere considerar esta película como una denuncia política del intervencionismo estadounidense, es imposible no caer en la cuenta de que, dicha denuncia, pasa por la admiración de un personaje que trafica con armas, con droga, que facilita la guerra, la guerrilla, el contrabando y el denostado intervencionismo yanqui. Tomárselo a risa es una opción, ciertamente, pero desde luego, no la mía.

Firma: Esther Rodríguez