Belleza oculta
Título original
Collateral beauty
Género
Año de producción
2016
Público
Valoración
Lenguaje
Duración
94'
Fecha de estreno
23/12/2016
País

Belleza oculta

2 / 6
Humor 1/5
Acción 2/5
Violencia 0/5
Sexo 0/5

Unas cuantas ideas interesantes, un puñado de grandes actores y un guion desastroso es el resumen que podemos hacer de esta Belleza oculta.

Se vende como un historia de superación y, ciertamente, hay algunos momentos del relato donde la capacidad del ser humano de buscar el bien superando los obstáculos que todos padecemos, o de encontrar la belleza “colateral” (como reza el título original) a cualquier desastre, queda clara y sin excesivo sentimentalismo.

Sin embargo, donde podemos encontrar lo novedoso y que, de no estropearlo, hubiera sido lo más interesante de este film, es en la mezcla de fantasía y realidad y la apuesta por dar entrada a tres personajes abstractos parecidos, lógicamente, al Cuento de Navidad de Charles Dickens.

El problema es que ni Loeb ni Frankel son Dickens y, además, les ha faltado la humildad y sencillez de Frank Capra, por lo que, en su conjunto, la película no tiene un ritmo claro, ni un mensaje definido y ni siquiera un objetivo con el que caminar hacia otro sitio que no sea la inevitable decepción.

El elenco es un elemento a favor. No obstante, ningún personaje se hace con el protagonismo necesario para tirar de la narración. Como en el conocido juego de “piedra-papel-tijera”, al personaje de Will Smith, supuestamente protagonista, le roba metraje el de Edward Norton. A este le arrebata la empatía del espectador el de Kate Winslet. Pero el único que se mete al público en el bolsillo es el de Michael Peña. Y al final llega Helen Mirren y, con cuatro gestos y cinco frases, elimina cualquier tipo de competencia, aunque sea otro de los versos sueltos de este supuesto poema coral.

Durante la primera mitad, la música es la que imprime ritmo al guion y el siempre mítico paisaje neoyorkino le da el toque de magia fílmica para enganchar en los primeros compases. Luego, ya es muy difícil seguir con benevolencia la sucesión de frases de calendario, referencias filosóficas y mensajes crípticos acompañados de los siempre cargantes mohines de Keira Knightley o de los excesos interpretativos de Will Smith.

Firma: Esther Rodríguez


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