Blade runner 2049
Título original
Blade runner 2049
Año de producción
2017
Público
Valoración
Lenguaje
Duración
163'
Fecha de estreno
06/10/2017
País

Blade runner 2049

4 / 6
Humor 0/5
Acción 3/5
Violencia 3/5
Sexo 1/5

35 años después del Blade runner de Ridley Scott, Denis Villeneuve continúa una historia en la que maneja, con cohesión y con un ritmo propio, los aspectos argumentales, estéticos y antropológicos que toda buena historia de ciencia-ficción necesita.


Dar continuidad al relato cerrado en un film de culto en 1982 es arriesgado. Por un lado, porque las expectativas del público, con el paso de 35 años de por medio, son más difíciles de conocer y de manejar. Y por otro, porque el Blade runner de Ridley Scott nunca fue un éxito de taquilla. Triunfó en otra liga.

Para este retorno, el guión vuelve a contar con Hampton Fancher (más prolífico como actor que como escritor), al que se une un Michael Green muy labrado en blockbusters y ciencia-ficción (desde la serie Heroes hasta Alien: Covenant, Logan, Linterna Verde o la próxima Asesinato en el Orient Express). Esta vez, el libro de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (publicado en 1968) es solo la inspiración.

Con esta previa, está claro que el halo de nostalgia inunda no solo la propia historia sino también la mirada de un espectador que estará cómodo si acepta todas las premisas, incluido el ritmo narrativo que imprime Denis Villeneuve y que no es opuesto al de 1982.

En este terreno, la película es consistente en su continuidad con la original, al mismo tiempo que el director deja su huella en la sugerente y majestuosa construcción espacial. Como hizo en La llegada, la arquitectura (no solo aplicable al complejo y, a veces, ambiguo desarrollo de la trama fílmica) pivota sobre dos grandes ejes: uno de indudable valor dramático, al evidenciar un juego de desproporciones entre la dimensión de edificios o esculturas y la dimensión del hombre (que abunda en indagar más en lo que es auténticamente humano), y otro que tampoco se aleja de ese terreno, al construir unas texturas en las que se palpa la disputa entre lo orgánico y lo mecánico.

Esta dialéctica acompaña los 163 minutos de metraje, en los que el Villeneuve de Sicario y Priosioneros se acerca al compás de Andrei Tarkovsky, como sucedió en La llegada. En la supuesta era de la pos-verdad y del transhumanismo, Blade runner 2049 destila pasión por encontrar lo verdadero como fuente del sentido existencial. Para ello, no abandona las reminiscencias bíblicas y redentoristas, siempre vinculadas a la génesis de la vida y a la relación paterno-filial. Y tampoco dejar de explorar el vacío que dejan los sustitutos electrónicos o genéticos del afecto real.

Sin embargo, como sucedió en la producción primigenia, la presencia de un casting de pegada comercial y la poderosa campaña de marketing no deben llevar a engaño. Hay distopía. Pero el ritmo no es el de Mad Max. Hay belleza en la fotografía de Roger Deakins (Sicario, Priosioneros, El bosque, El asesinato de Jesse James por el cobarde de Robert Ford). Pero no preciosismo ni acumulación de referencias pastiche con las que distraerse. Hay retazos de la música de Vangelis. Pero el trabajo de Benjamin Wallfisch y Hans Zimmer (juntos también Dunkerque y Figuras ocultas) recorre a pautas menos melódicas y más discordantes.

En definitiva, el viaje que supone Blade runner 2049 es bastante completo, a pesar de su camino a veces difuminado, y una total inmersión en un relato que conecta argumento, estética y antropología.

Firma: Lourdes Domingo


Una reacción en “Blade runner 2049

  1. No me ha gustado nada, triste, durante toda la pelicula el mismo paisaje.
    Horrorosa

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