Café Society
Título original
Café Society
Año de producción
2016
Público
Valoración
Lenguaje
Duración
96'
Fecha de estreno
26/08/2016
País

Café Society

4 / 6
Humor 2/5
Acción 2/5
Violencia 0/5
Sexo 0/5

A sus 81 años Woody Allen firma una de sus películas más completas y bonitas. Nada sobra y nada falta en este relato que recoge todo el universo del genio de Brooklyn y lo expone al público con una calidad extraordinaria.

Puede pensarse que con un guion del propio Allen, la fotografía de Vittorio Storaro, el vestuario de Suzy Benzinger y la música de los clásicos americanos habituales en este director, es imposible que algo salga mal. Sin embargo, la experiencia demuestra (también en la filmografía de Woody Allen) que la mezcla de ingredientes exquisitos no siempre da como resultado un plato de cinco tenedores.

En Café Society encontramos al Allen experimentado y centrado, que sujeta firme y sutilmente la batuta para que todos esos artistas, de los que sabiamente se rodea, den lo mejor de sí. Y el resultado es un relato puramente cinematográfico, sencillo de planteamiento, pausadamente ágil y visualmente muy bello.

El personaje central, Bobby, interpretado eficazmente por Jesse Eisenberg, es un claro alter ego del propio Allen. Refleja con maestría las posturas, la manera de echarse hacia atrás la chaqueta, su desconcierto ante las incidencias de la vida, la inestabilidad sentimental y su complejo mundo interior debatido entre el judaísmo de raza, el ateísmo de convicción y el sincretismo del ciudadano del mundo en el siglo XX.

A pesar de la juventud de Eisenberg y de su personaje, no estamos ante el Allen histriónico, neurótico e hiperactivo de las películas en las que hace de protagonista, sino ante un hombre que mantiene su nervio esencial, aunque atemperado por la madurez, por la carga del paso del tiempo y las muescas que la vida van dejando en su carácter.

Bobby protagoniza la historia de amor, cambia de residencia y de oficio y sobrevive a las embestidas de su familia, tanto en Nueva York como en Los Ángeles. Pero sobre todo, Bobby es el protagonista de dos mundos que Allen conoce muy bien: el del trabajador neoyorkino de familia judía y el glamuroso, complejo y banal de Hollywood. Y, precisamente, ese ha sido el papel de Woody Allen toda su vida. Conectar mundos por medio del cine; llevar el esplendor de Hollywood a cualquier punto del planeta y hacer que en la pantalla confluyan las historias de los personajes (no siempre) de ficción con las del público. Algo que, por otra parte, ya ejemplificó en 1985 cuando rodó La rosa púrpura de El Cairo.

Bobby es el epicentro en torno al que se van moviendo los demás personajes: sus padres, su hermano, su tío y sobre todo Vionne. Y entre todos componen un relato que recoge lo mejor de Woody Allen, pero tamizado por una importante carga de elegancia y sutileza. Es melancólico pero sin amargura, pícaro sin chabacanería y ágil sin precipitación. Una joya pulida. Un homenaje al cine, al propio Woody Allen y a un público entregado hasta el final: hasta la emoción contenida de la mirada de Vionne a través de los enigmáticos ojos de Kristen Stewart.

Firma: Esther Rodríguez


Deja un comentario