Calvary
Títol original
Calvary
Gènere
Any de producció
2014
Public
Valoració
Llenguatge
Durada
100'
Data d'estrena
06/03/2015
País

Calvary

2 / 6
Humor 0/5
Acció 0/5
Violència 2/5
Sexe 0/5

Las difíciles circunstancias históricas y sociales por las que ha pasado Irlanda, tras siglos de una durísima dominación inglesa, favorecieron el nacimiento de un fuerte sentimiento nacionalista que, como todos los fenómenos de ese tipo, encontró en la religión un esencial ingrediente cultural vertebrador de las reivindicaciones políticas. Conseguida la independencia tras la Primera Guerra Mundial y con la secularización que ha caracterizado al siglo XX, el papel de la Iglesia irlandesa ha perdido peso pero, curiosamente, se mantiene como un elemento diferenciador de la anglicana Gran Bretaña que aún domina el norte el país.

Lo triste es, tal como nos muestra Calvary, que al necesitar la pervivencia de la Iglesia Católica en Irlanda, por considerarla algo intrínsecamente tradicional, en medio de una sociedad laicista y descreída, la utilicen como una especie de punching-ball, al que todo el mundo pueda atizarle y colocarle sus problemas personales de todo tipo.

Es difícil, por tanto, encontrar el equilibrio en esa película, ni tampoco entender cuál es la trama o el mensaje o lo que sea que pretende contar. Realmente es muy difícil reflejar el idílico mundo rural irlandés, que tanto éxito ha tenido (y tiene) siempre en el cine impregnándolo de un fuerte resentimiento que amarga cualquier escena. Resulta claramente incoherente que los personajes del pueblo sean protagonistas de unos problemas y neuras de una sofisticación más propia de la agitación urbanita postmoderna que de los tranquilos paisajes irlandeses.

Es casi imposible empatizar con ninguno de ellos, pues McDonagh se empeña en deshumanizarlos al mostrárnoslos vacíos de principios, incapacitados para dominar sus actos y esclavos de sus vicios y rencores. Los utiliza con desprecio, solo para que vayan desgranando el consabido catálogo de quejas contra la Iglesia: la pederastia, la connivencia con la política (que tan bien les vino durante el proceso independentista), la riqueza… Las víctimas (desgraciadamente reales) de dichos atropellos, quedan aquí desprovistas de compasión al enarbolar esas recriminaciones, tal como hemos dicho, de una manera tan baja y deshumanizada.

Perdidos en este panorama, todo hay que decirlo, encontramos una estupenda interpretación de Brendan Gleeson (malograda por un deficiente guión), los bellos paisajes de Irlanda, su animante música y un personaje, Teresa, sincero, bello y emotivo, capaz de poner un poco de luz entre tanta y tan torpe bilis.

Firma: Esther Rodríguez