El corredor del laberinto
Título original
The maze runner
Género
Año de producción
2014
Público
Valoración
Lenguaje
Duración
113'
Fecha de estreno
19/09/2014
País

El corredor del laberinto

3 / 6
Humor 0/5
Acción 5/5
Violencia 3/5
Sexo 0/5

James Dashner publicó en 2009 el primer libro de una colección de cuatro que ya viene etiquetada como mezcla de El señor de las moscas, Los juegos del hambre Perdidos. Inmersos como estamos en una oleada narrativa de distopías adolescentes, parece que hay que capear el temporal hasta que amaine, como está sucediendo con las ventadas de “dulces” vampiros y criaturas similares.

La ventaja de estas nuevas franquicias, frente a las anteriores, es que al menos las metáforas políticas (bastante simples pero existentes) permiten complicar y completar la trama más allá de las palpitaciones del cambio de edad, así como poner la mirada en una meta concreta y universal más allá del “yo” o de “mi raza fantástica”.

En esta ocasión, Dashner no sé si está marcado o no por los libros de Suzanne Collins (el lapso en publicarse ambos es de tan solo un año), sin embargo, la especialización en tareas o habilidades de los jóvenes de William Golding (cuya calidad literaria dobla la de estos últimos bestsellers) o la misteriosa manera de relacionarse con su entorno (esos ruidos en off, esa batalla por los diversos tipos de liderazgo…) que tiene mucho que ver con la serie de J.J. Abrams, son difíciles de obviar.

Wes Ball, conocido por su exitoso y viral cortometraje en animación Ruin, se estrena por la puerta grande en la dirección, precisamente con un decorado cuyo mayor logro es una puerta (la del laberinto) de seis metros de alto y seis de profundidad. 

Ball imprime un buen ritmo al film, que alterna secuencias de acción (persecución básicamente) con otras de tono dramático más explicativo. En este sentido, el guión se detiene, como sucede en los arranques de sagas futuristas, en explicar las normas que rigen ese mundo alternativo de un modo que intentar ser ágil aunque, no obstante, no deja de ser premioso, sistemático y previsible; mientras que esas otras secuencias de caza y búsqueda consiguen no solo un montaje vibrante sino también generar avances en el guión y caracterización más allá de la mera acción.

También para Grant Pierce MyersT.S. Nowlin y Noah Oppenheim (que ahora prepara el libreto de la tercera entrega de la saga Divergente) éste es su primer guión de largometraje. Por eso, las carencias del mismo todavía no se sabe si radican ahí o en la misma simplicidad de la novela o en el miedo a sobrepasar una fórmula que trata con bajas expectativas a su público adolescente.

Lo cierto es que en El corredor del laberinto abunda y sobreabunda la acción que sirve para avanzar en la trama de investigación conspirativa (la sombra de Gran Hermano tiñe de nuevo la escena), al mismo tiempo que se permite el lujo de no obcecarse en un amor a primera vista, ralentizado y plomizo, algo que aporta, curiosamente, aire fresco. 

A pesar de esto, James Dashner, como las otras dos autoras y las respectivas adaptaciones cinematográficas, no escatiman poner en escena la muerte del joven en batalla, desplegar violencia contenida e incontenida y convertir lo anterior en un pretexto para la crueldad. La cuestión está, como siempre, en si esta tendencia es un mero recurso fácil para cautivar -con lo que estamos trivializando su origen y consecuencias- o es algo imprescindible para el discurso del film. Parece bastante claro que estamos ante lo primero, al menos en cuanto a la intensidad y precocidad.

Firma: Lourdes Domingo


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