El espejo de los otros
Título original
El espejo de los otros
Género
,
Año de producción
2015
Público
Valoración
Lenguaje
Duración
119'
Fecha de estreno
09/09/2016
País

El espejo de los otros

3 / 6
Humor 1/5
Acción 2/5
Violencia 2/5
Sexo 0/5

El director argentino Carlos Carnevale tuvo sus inicios profesionales en el campo de la publicidad, donde alcanzó una sólida formación que le fue de gran utilidad en el mundo de la televisión. Ha sido autor de numerosos cortos hasta su dedicación como guionista y director en una decena de largometrajes, entre los que se cuenta esta nueva producción que nos ocupa.

El espejo de los otros
es una demoledora sátira de la ilusoria memoria de algunos mortales, servida en cuatro distintas historias, con personajes de ficción que se citan a cenar en aquel insólito marco. Un espacio de extraordinario atractivo y singular belleza arquitectónica y que sirve de escenario para que cada pareja o grupo reviva algunos instantes de su vida, con determinaciones finales imprevistas.

Pese a la originalidad de su contenido (en el que predomina de forma primordial la inaudita escenografía) no todos los capítulos están tratados con el mismo acento cinematográfico, tanto por la problemática en sí como por la diversidad interpretativa que, en ocasiones, rezuma una espectacular e innecesaria teatralidad actoral (aunque esta se base en la calidad de destacadas figuras del cine argentino).

Pero, El espejo de los otros no es ciertamente una película vulgar, ni mucho menos. Tampoco es una simple cinta de historias diversas encorsetadas dentro de un guión, puesto que la originalidad del continente es superior al mismo contenido y, sin duda, prevalece por encima de la diversidad de aquellas. En algunas revive el rencor, en otras la mentira y, en las mejores, la ilusión y la complicidad.

El cuarto capítulo (quizás el más logrado y centrado en la simbiosis entre dos mujeres que siguen recordando sus amores de juventud) finaliza con las melodiosas notas de una vieja canción: “Smile… No digas nada más… simplemente sonríe”. Y es que, a veces, una simple sonrisa vale más que mil palabras. Como en la película.

Firma: Joaquín Guitart


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