El muñeco de nieve
Título original
The Snowman
Género
Año de producción
2017
Público
Valoración
Lenguaje
Duración
125'
Fecha de estreno
13/10/2017
País

El muñeco de nieve

2 / 6
Humor 0/5
Acción 2/5
Violencia 3/5
Sexo 2/5

Thriller con poca acción y con demasiadas tramas sin cerrar.


Adaptación de la novela homónima de Jo Nesbo, uno de los más conocidos representantes de la novela de terror y misterio que, desde hace unos años, nos llega desde las gélidas tierras escandinavas. Desconozco la novela, por lo que no puedo valorar su calidad narrativa (de la que no dudo) pero lo que sí está claro es su decepcionante traslado a la pantalla.

El director Tomas Alfredson y su equipo se toman muy en serio la recreación de los ambientes helados y de ese omnipresente cielo plomizo y grisáceo que parece abotargar a los habitantes de aquellas latitudes. La dificultad para abrirse camino entre las masas de nieve que llegan hasta la cintura, el prudente rodar de los coches o las diferentes capas de ropa que deben llevar los personajes ayudan a transmitir esa sensación de opresión continua que parece conducir al recurso continuo al alcohol o al sadismo psicópata.

Resuelto el escenario y los principales elementos visuales, los realizadores de El muñeco de nieve van dispersando a lo largo del metraje las diferentes tramas que, supongo, plantea la novela original. Éstas se mezclan con dificultad, se estorban mutuamente, y llegan al final dejando numerosos flecos sin resolver. Y los que sí resuelven lo hacen de manera bastante simplista, fácil y excesivamente convencional para el tono que se quería imprimir al film.

La falta de claridad provoca que los personajes resulten demasiado impostados o directamente falsos, poco creíbles y, en definitiva, alejados de suscitar cualquier empatía en el espectador. Ni Michael Fassbender, ni el desconocido y anodino papel de Val Kilmer, ni el torpe y burdo tópico que interpreta J. K. Simmons, ni ninguno de los otros, femeninos o masculinos, dan la talla en la construcción de un guion convincente y coherente. Ni siquiera, y es una pena, cuando se plantean la necesidad de una figura paterna responsable y justa.

Firma: Esther Rodríguez


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