El nacimiento de una nación
Título original
The birth of a nation
Género
,
Año de producción
2017
Publico
Valoración
Lenguaje
Duración
115'
Fecha de estreno
17/02/2017
País

El nacimiento de una nación

3 / 6
Humor 0/5
Acción 2/5
Violencia 2/5
Sexo 0/5

El título de esta cinta es el mismo que el de la obra maestra del cine filmada por D.W. Griffith en 1915. Sin embargo, se trata de una maniobra de márketing motivada por la nueva revisión que, en este caso, Nate Parker realiza de la historia. Recordemos que el film de Griffith se centra en la evolución de los Estados Unidos durante y después de la guerra civil americana y, en ella, aparece cierta alabanza al Ku Klux Klan y se ridiculiza de forma brutal a los negros, retratando así la mentalidad de la época.

Ahora, Parker utiliza el título para hablar del “otro” nacimiento –el de la raza negra libre– y la “otra” nación –una sociedad tolerante, justa e igualitaria–. No obstante, y quizá con menos contundencia, a Parker también se le nota cierta tendencia a malquerer a toda una sociedad en la que, sin duda, había sombras pero en la que, posiblemente, también habría luces (luces que entrevemos en los Turner, pero que se apagan a mitad camino).

Nate Parker escribe, dirige y protagoniza este film (su primer largometraje) en el que se habla de la injusticia de la esclavitud y del racismo. Utiliza para ello recursos de sobrada formalidad, con los que ya nos hemos topado infinidad de veces en infinidad de títulos. El drama de la esclavitud racial tal como lo enfoca Parker (sin duda mucho más cercano para los americanos que para nosotros) es un relato al que no se le ha otorgado ninguna originalidad. No hay opciones, no hay gradación de colores, no hay dudas, el espectador debe posicionarse al lado de Nat para no identificarse con los inhumanos, sucios, cobardes y déspotas blancos. Aún así, nos cuesta ver a un hombre predicando bajo el yugo de una conciencia que no reacciona hasta que le toca en carne propia (en este caso la de su mujer) a pesar de todo lo que ya ha visto.

El título tampoco ahorra escenas de una crudeza hiperrealista que, aunque no son numerosas, sí son contundentes. La violencia y el romance están al servicio de un relato que, además, utiliza la música para acompañar a nuestros ya manipulados sentimientos. Todo ello envuelto y facturado con un rodaje y una sucesión de planos efectivos y rítmicos. Por tanto, la historia se sigue sin dificultad, el drama se vive con intensidad y, al final, el espectador ha podido asistir a una nueva versión de uno de los trágicos episodios de la historia de la Humanidad.

Esta propuesta cinematográfica podría servir para recapacitar sobre otras injusticias, otras formas de esclavitud más actuales, pero si la propia película no ha tenido el valor de reflexionar sobre sí misma –y con ello nos referimos a la parcialidad de su argumento– es complicado que los espectadores queramos hacerlo.

Firma: Mar Pons


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