El Principito
Título original
Le petit Prince (The Little Prince)
Año de producción
2015
Público
Valoración
Lenguaje
Duración
106'
Fecha de estreno
09/09/2016
País

El Principito

4 / 6
Humor 1/5
Acción 3/5
Violencia 0/5
Sexo 0/5

El pequeño cuento que escribiera Antoine de Saint-Exupéry en 1943 se ha convertido a lo largo de los años en un clásico indiscutible, una pieza imprescindible en cualquier biblioteca y una lectura esencial en el desarrollo intelectual, cultural y humano de cualquier persona.

Como es habitual en ese tipo de obras geniales, a pesar de su mensaje universal, la adaptación a otro canal (en este caso el fílmico) ofrece lógicas dificultades. Ya en 1974, Stanley Donen se arriesgó con una adaptación semi-musical que, a pesar de no convencer a la mayoría y no resistir bien el paso del tiempo, supuso un intento personal y sincero de acercar a las salas la historia del pequeño príncipe.

De Francia, como el novelista original, y de la mano de Mark Osborne, llega ahora una nueva adaptación, un nuevo intento de trasladar a imagen y sonido este cuento universal con la intención de llevar más lejos y a más gente, el contenido del libro.

El resultado es una preciosísima película de animación que fascina desde el primer momento y no defrauda en fondo y forma hasta el final (y digo que hasta el final porque, efectivamente, una de las escenas finales, que luego comentaré, rebaja llamativamente la calidad).

Osborne y su equipo utilizan dos técnicas distintas de animación. La animación 3D para las escenas de la niña y el Aviador en el mundo actual y la de Stop Motion para el relato del principito. En ambas técnicas el equipo de realizadores alcanza unas altísimas cotas de calidad.

Toda esa belleza y perfección son el vehículo para contarnos la historia de Saint-Exupéry utilizando el recurso de mezclar una historia moderna con un relato pasado (o quizá inventado). No es, por tanto, una simple puesta en imágenes del texto literario. Pero la licencia que se toman mezclando las dos tramas es coherente, lógica y atractiva, respetando totalmente el espíritu de la novela.

El guion es ágil y está repleto de humor, emoción, simpatía e ideas que llegan a todo el mundo y en algunos casos, en concreto, al hombre de hoy: los peligros de la ambición, los trabajos absorbentes, el dolor que provoca un padre ausente o la dificultad para detenerse, contemplar y cultivar el propio interior. Todo ello sin criminalizar ni acentuar el tono moralizante o sensiblero.

Como ya he anunciado, en el último tramo de la película, las dos historias que vertebran la película, se mezclan componiendo una larga escena pasada de revoluciones y bastante descabellada. Sospecho que su inclusión responde más a un modo de atraer y levantar el posible aburrimiento del público más joven que a un capricho artístico de los realizadores, pero la verdad es que rompe bastante el ritmo y el tono de la película dejando al espectador desconcertado y sin saber muy bien a qué han venido semejantes carreras.

Este tropiezo, en el fondo, se debe a un, llamémosle problema, que también tiene la novela original. Y no es otro que no tener un público definido. El tono de cuento infantil que utiliza Saint-Exupéry encubre un ensayo antropológico al alcance de personas con cierta madurez. Trasladado a la pantalla, se mantiene el problema y no se sabe muy bien al público de qué edad puede convencer la película al 100%.

Confieso que he dudado mucho qué calificación otorgarle a la película. Decidí que tres estrellas eran suficientes: por la caótica escena citada y porque, a fin de cuentas, la riqueza esencial de la película se debe a Saint-Exupéry y no a Osborne y compañía. Pero saber elegir una buena historia y homenajear al autor francés poniendo tanto empeño y calidad, son cualidades no frecuentes en el cine comercial de hoy, por lo que, finalmente, la cuarta estrella (una de tantas que rodeaban el planeta B 612) ha caído sobre este film.

Firma: Esther Rodríguez


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