Fuerza mayor
Título original
Turist
Género
Año de producción
2014
Público
Valoración
Lenguaje
Duración
118'
Fecha de estreno
27/02/2015
País

Fuerza mayor

4 / 6
Humor 1/5
Acción 2/5
Violencia 0/5
Sexo 1/5

Ruben Östlund, un joven cineasta sueco con pocos trabajos a sus espaldas, escribe y dirige esta sorprendente y sobrecogedora película con originalidad y maestría. El film es una constante sorpresa, ya que Östlund juega con el espectador desconcertándole tanto en el contenido de la historia como en la forma de contárnosla. El público va siendo enredado en la trama de la misma manera que sus personajes deambulan y chocan entre ellos ante los vaivenes de los acontecimientos; un proceso reforzado metafóricamente por los constantes tropiezos entre esquíes, indumentaria de varias capas para el frío o las estrecheces, no necesarias, de una reducida habitación de hotel.

Fuerza mayor es un más que interesante estudio psicológico, no demasiado profundo pero sí muy sincero, sobre ciertas reacciones del ser humano, más o menos inconscientes que pueden confundir a los demás y a uno mismo hasta el punto de provocar una grave crisis personal. Se muestra, entonces, cómo la confianza queda dañada y es necesario replantearse los principios que rigen la vida de cada uno, dándole una importancia clave al valor de los compromisos adquiridos y a la responsabilidad ante aquellos con los que se convive.

Lo llamativo del trabajo de Östlund es su planteamiento, más cercano al cine de terror que al drama psicológico. Quizá parece algo negativo considerar las debilidades del ser humano como algo terrorífico. Sin embargo, esta idea, unida al escenario elegido, ofrece una singular comparación de las vicisitudes de la vida como una aventura contra los elementos de la que, si se lucha y se tienen claros los objetivos, se puede salir victorioso. Quizá también este planteamiento de desasosiego sólo sea un modo de enganchar al espectador e introducirlo en el drama antropológico. En cualquiera de los tres casos, es indudable el acierto de Östlund y la calidad del trabajo de todos sus colaboradores.

Análogamente al cine de terror, el sonido es fundamental. Se alternan prolongados silencios con música diegética y, sobre todo, con las inquietantes explosiones provocadas para controlar los aludes, que funcionan como si se tratase de los legendarios tambores apaches que, en la quietud de la noche, presagiaban el sangriento ataque que llegaría al amanecer. Y por si estos sonidos no fuesen suficientes, la irrupción cuidadamente ocasional del Verano de Vivaldi, planeando en la gélida estación de esquí, termina de encrespar al desconcertado y expectante público.

Östlund juega también con la utilización de larguísimos planos fijos, dejando que los personajes hablen o callen para acrecentar, así, la tensión del espectador. En algunos casos, dichos planos se centran en un espacio pequeño y agobiante y, en otros (los estremecedores planos del patio interior del hotel, por ejemplo), se amplían hasta dejar a esos personajes reducidos a una simple mancha perdida en un abrumador escenario.

El guión pretende presentar un drama serio pero cercano (a pesar de haberse tenido que ir hasta los Alpes franceses para que estalle). Por ello, dejando aparte lo magnífico del entorno, se esfuerza por mostrarnos a unos protagonistas reales y creíbles. Es en ese aspecto cuando el film pierde algo de elegancia por las recurrentes escenas de la higiene. Puede considerarse educativo que nos aleccionen sobre la conveniencia de lavarse con detenimiento los dientes antes de acostarse, no obstante acaba molestando tanto plano de la ropa interior, ceremonia del papel higiénico, del tirar de la cadena, etc…

A pesar de ello, el espectador no se sale nunca de la película y acompañará a la familia hasta el momento en el que dejen Les Arcs para volver a Suecia. Se produce entonces un inesperado giro final que deja al público clavado en el asiento, dándole vueltas a la cabeza una vez concluidos los créditos finales.

Firma: Esther Rodríguez


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