Hacia la luz
Título original
Hikari (Radiance)
Género
Año de producción
2017
Público
Valoración
Lenguaje
Duración
92'
Fecha de estreno
17/11/2017
País

Hacia la luz

3 / 6
Humor 1/5
Acción 1/5
Violencia 0/5
Sexo 0/5

Naomi Kawase plantea una historia de amor y una reflexión sobre la mirada que arranca con la fuerza y sugerencia habituales de su cine. Sin embargo, su desarrollo se queda en correcta (aunque eso, a veces, no es poco).


Que Naomi Kawase es una de las grandes cineastas del momento está fuera de toda duda. Aunque sólo fuera por Aguas tranquilas y Una pastelería en Tokyo, su sensibilidad, valentía y dominio del lenguaje fílmico han quedado sobradamente demostrados.

En Hacia la luz, Kawase vuelve a enfrentarnos sin anestesia a un drama disuelto en cotidianeidad, que discurre entre diálogos coloquiales y una planificación similar a la steadycam con la que confiere al relato un realismo cercano al documental (género en el que más ha trabajado la directora japonesa).

Desde los primeros minutos, Kawase (y con ella todo el público) se zambulle en una apasionante reflexión acerca del valor de la palabra, del cine y el arte en general, de la imaginación, del respeto, de la empatía y la comprensión y de todo lo que, en definitiva, nos hace humanos a los humanos. Y como es habitual en ella, este intercambio de pareceres se narra con un lenguaje puramente fílmico, dejando que sean las miradas, los contraplanos, los planos abiertos y el juego de luces los que transmitan el fondo de la película.

No obstante, para decepción del espectador, este interesante y sobrecogedor inicio va perdiendo fuelle conforme avanza la historia. Centrada ya en el romance entre Misako y Nakamori, va abandonando la mayoría de las valientes propuestas con las que había arrancado el film. Éste sigue siendo bello, humano y atractivo, pero se ciñe a los problemas de los dos protagonistas y termina por convertirse en un relato romántico convencional.

Sin las expectativas planteadas, quizá el juicio final no sería tan duro entre la crítica, ya que el dominio de Kawase de la luz y la planificación, tanto en lo simbólico como en lo literal, está por encima de cualquier producto medio. Viéndolo por el lado positivo, siempre se puede esperar que la directora continúe en el futuro reflexionando sobre las ideas expuestas. O, casi mejor, que sea el propio espectador quien las continúe por su cuenta en un ejercicio cerebral que a todos nos viene bien.

Firma: Esther Rodríguez


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