La buena mentira
Título original
The good lie
Género
Año de producción
2014
Público
Valoración
Lenguaje
Duración
110'
Fecha de estreno
03/10/2014
País

La buena mentira

4 / 6
Humor 3/5
Acción 2/5
Violencia 2/5
Sexo 0/5

Sobrecogedor y magnífico relato acerca de las devastadoras consecuencias que la guerra civil sudanesa (y cualquier guerra en definitiva) tiene en la vida de cientos de miles de niños, a quienes se les arrebata violentamente a sus padres, sus hogares y su infancia, viéndose obligados a huir de una más que posible muerte o de una vida de esclavitud como soldados.

El director canadiense Philippe Falardeau ya demostró el compromiso de su cine y la firmeza de su oficio en la reciente Profesor Lazhard, otra historia basada en uno de los miles de dramas que se viven entre los refugiados. Ahora recoge la vida de un grupo de niños y les sigue hasta la su vida adulta y su llegada a Estados Unidos. Basándose en el guión perfectamente entramado de Margaret Neagle, Falardeau muestra con sinceridad y sobriedad el devenir de Mamere y su familia, siguiendo, de alguna manera, el ritmo de su peregrinaje: sin prisa pero sin pausa, sin picos de violencia ni de sensiblería, pero dejando meridianamente claro el peligro que les acechaba, el hambre, el miedo, la muerte, la enfermedad, la lucha diaria por la supervivencia o el desconcierto ante tanto giro drástico en sus vidas.

Pero lo que realmente transpira la película es una profunda e intensa humanidad. A pesar de lo alejados que estamos en Occidente de la realidad de los refugiados, el retrato que Neagle y Falardeau hacen de los protagonistas es tremendamente humano y de una normalidad sorprendente. De ese modo, toda la película es una “bofetada” fílmica (permítaseme la expresión) a los aburguesados espectadores que asistimos a la proyección y somos interpelados por esos personajes con los que, gracias a la magnífica caracterización de la guionista, es muy fácil empatizar.

Mamere, Paul o Jeremiah sufren lo indecible, sin embargo a lo único que realmente tienen terror es a separarse. Después de todo lo sufrido, saben valorar lo verdaderamente importante: la ayuda mutua, el sacrificio, hasta la muerte si hace falta, por los otros sin olvidar un hondo sentido de la transcendencia y, sobre todo, el buen humor; una constante con la que celebran las pequeñas y simples alegrías que les da la vida.

Por eso, si son impactantes las escenas de su vida en África, mayor es el impacto de lo que les acontece en Norteamérica, donde todo es nuevo para ellos (incluso usar un interruptor de la luz). La sencillez de su alegría choca con el consumismo, el individualismo o la evasión de la realidad por medio de las drogas.

Como no podía ser de otra manera según lo comentado hasta ahora, el reparto se lleva gran parte del mérito de este film. Los protagonistas refugiados son interpretados por verdaderos sudaneses que pasaron por experiencias parecidas, lo que contribuye a dar un mayor realismo al film. Y tanto la banda sonora como la fotografía son de una calidad acorde con el resto de elementos de la película.

La buena mentira no es perfecta (empezando por el título; lo que da lugar a él no llega ni a mentira piadosa, es una verdad lógicamente enmascarada para poder sobrevivir). Hay alguna situación que el guión resuelve de un modo no del todo verosímil y los recurrentes y bellos planos del paisaje africano pueden resultar demasiado efectistas. No obstante, la historia compensa con creces estos pequeños tropiezos y consigue que esta película se convierta en un canto a la esperanza y a la confianza en el ser humano, capaz de bailar en las peores circunstancias. Y si no me creen, vean la película y contemplen al personaje ultrasecundario de James, el refugiado de las gafas.

Firma: Esther Rodríguez


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