La promesa (2016)
Título original
The promise
Género
Año de producción
2016
Público
Valoración
Lenguaje
Duración
133'
Fecha de estreno
02/06/2017
País
,

La promesa (2016)

3 / 6
Humor 0/5
Acción 2/5
Violencia 2/5
Sexo 1/5

Terry George es un confeso amante y admirador de las ficciones que parten de acontecimientos clave para la historia. Él mismo cita, para hablar de su trabajo en La promesa, desde La lista de Schindler a Los gritos del silencio, Un hombre para la eternidad o Doctor Zhivago. En su filmografía destacan los libretos que escribió con Jim SheridanEn el nombre del padre, The boxer y En el nombre del hijo – así como la dirección de esta última y Hotel Ruanda.

Para esta ocasión, fue Robin Swicord –una habitual de títulos tan conocidos como El curioso caso de Benjamin Button, Memorias de una geisha o Mujercitas– la que empezó a configurar la trama, a cuyo trabajo se unió después George.

Ambos han intentado dotar al film de un diseño de producción y un casting muy emparentado con las grandes superproducciones internacionales. Encontramos en pequeños roles a actores como Jean Reno y a un buen equipo de españoles (Alicia Borrachero, Abel Folk, Daniel Giménez Cacho…), que están detrás de unos consagrados (pero aquí poco lucidos) Oscar Isaac y Christian Bale, además de Charlotte Le Bon.

A pesar del lucido esfuerzo por dar magnitud a la escenografía (muchas localizaciones son autóctonas), acorde con el tono epopéyico con el que se narra el genocidio armenio, el guion persiste en imitar esa intensidad con una explicitud sentimental que desdibuja caracteres y despersonaliza conflictos.

Ni la solvente fotografía de Javier Aguirresarobe (La carretera The road, Blue Jasmine, Hable con ella…) consigue que el espectador obvie tanta obviedad en la puesta en trama de intenciones y pensamientos ni en la manifestación de emociones. Las cosas suceden demasiado rápido en poco espacio y en demasiada cantidad en poco tiempo. Por no hablar de la promesa, pasada por el forro tras el impresionante concierto en una iglesia.

A la película de Terry George no le faltan buenos deseos, como el de compensar el olvido generalizado de occidente de tamaño exterminio, pero esos deseos han ahogado la tensión natural que debe ofrecer una narración. Sobresale el propósito y no el relato.

Firma: Lourdes Domingo


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