La sal de la tierra
Título original
The salt of the earth
Género
Año de producción
2014
Público
Valoración
Lenguaje
Duración
109'
Fecha de estreno
31/10/2014
País

La sal de la tierra

4 / 6
Humor 0/5
Acción 1/5
Violencia 0/5
Sexo 0/5

Wim Wenders ejerce, una vez más, como descubridor de tesoros. Este director alemán, que conserva hitos como la Palma de Oro en Cannes por la magnífica París, Texas, también sabe dar con algo nuevo en sus documentales. La música, la danza, directores de cine… Wenders logra transmitir lo que le enamoró de cada una de esas realidades para que palpite también en el espectador al ver su film.

Con el consagrado y premiado fotógrafo Sebastião Salgado, sucede lo mismo. El cineasta se ilusiona, ilusiona al hijo de Salgado (codirector del film) e ilusiona al público que, tras casi dos horas, sale del cine con una lección sobre la mirada social y su dialéctica con la mirada estética, pero también con una lección vital sobre la experiencia odiseica de un economista que dejó los bancos para capturar, en un sereno blanco y negro, realidades remotas, olividadas o incluso trivializadas.

A partir de aquí, la película intercala con sabiduría las fotos de Salgado, las imágenes rodadas por su hijo en sus últimos viajes, comentarios del fotógrafo y la narración de un Wenders que reconoce su papel y que acierta en sus reflexiones sin conducir, imponer o molestar.

La analogía evangélica con el título (el hombre es la sal de la tierra) transita la carrera de Salgado quien, al hilo de otra frase escriturística (“vosotros sois la luz del mundo”), precisamente, se dedica a dibujarla luz con su trabajo. Humanista doliente, este brasileño que emigró a París durante la dictadura militar, ha ofrecido siempre una mirada centrada en el hombre, sin dejarse descentrar por el espacio. Su trabajo en la mina Sierra Pelada (Brasil) es un ejemplo de eso y de la sabiduría que desprende su iconografía, al encontrar vínculos con hombres de otras condiciones y otros tiempos, como los del Egipto de las pirámides.

La pasión que manifiesta Salgado por su inesperada vocación profesional no deja atrás la que se dibuja por su familia. El amor de juventud, Lélia, ya ahora de senectud; los hijos; también la entrada del dolor y el amor (“sin palabras”) a través del pequeño con síndrome de Down… Todo eso hace más comprensible aún esa sensibilidad herida por los conflictos en su querida África (Etiopía, Ruanda, Congo…) que apagaron en cierto grado su esperanza y provocaron un giro hacia la naturaleza, palpable en su proyecto Génesis y en la repoblación del ecosistema en el antiguo rancho de su familia, convertido ahora en un Parque Natural.

El pesimismo de Salgado, herido por su contacto directo con lo peor del hombre, no empaña absolutamente el horizonte. A pesar de que su testimonio gráfico sirvió para alertar a un occidente adormecido, el odio y la violencia devastadoras pueden hacer mella hasta en una mirada trascendente. Salgado padre e hijo y Wenders ejecutan así un viaje en diversas dimensiones y sentidos y dejan al espectador no solo sensibilizado en un sentido social, sino también artístico y personal.

Firma: Lourdes Domingo


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