Las ovejas no pierden el tren
Título original
Las ovejas no pierden el tren
Género
Año de producción
2015
Público
Valoración
Lenguaje
Duración
95'
Fecha de estreno
30/01/2015
País

Las ovejas no pierden el tren

2 / 6
Humor 2/5
Acción 1/5
Violencia 0/5
Sexo 2/5

Álvaro Fernández Armero es autor de unas cuantas comedias de regusto noventero, como Todo es mentira o Nada en la nevera, así como del thriller El arte de morir. En los últimos años se ha dedicado, sobre todo, a la ficción televisiva, en la que ha dirigido capítulos de producciones como Cazadores de hombres, Doctor Mateo, Hospital Central o Con el culo al aire.

Ahora retoma el pulso a su pluma de guionista y enmarca su historia en un contexto muy contemporáneo de empleos en decadencia (de manera especial retrata el entorno de la comunicación), desequilibrios en el matrimonio y en la vida sentimental (fruto de una concepción muy pasajera de la vida) y de asunción de responsabilidades con los padres.

Álvaro Fernández Armero quiere hacernos felices. Felices con los personajes (todos ellos adultos en sus horas más bajas y quebrando la línea de lo verosímil). Felices con la ambientación (especialmente en los contrastes campo-ciudad). Y felices con el final (algo a lo que cada espectador responderá como le parezca). 

Pero también Fernández Armero quiere ser trivial y quiere ser serio, sin encontrar las dosis e interacción adecuada de ambos ingredientes. Arranca con una ejemplificación un tanto explícita del refrán “del ocio al vicio y del vicio al…”, para luego despertar el suspense sobre si habrá “precipicio” o redención. En esta dilatación forzada del cierre de cinco tramas cruzadas se revela un estilo heredero de las comedias bajo-costumbristas de nuestra televisión. A los descensos de ritmo, el guión responde con latigazos de humor fácil; donde los estereotipos lo son de principio y a fin, y donde prima una visión plana e instrumental de la sexualidad.

En este forcejeo, convive un aliento de normalidad: la generosidad de abrirse a un nuevo hijo, la de enfrentarse con humanidad a la ancianidad y dependencia de los seres queridos, pero también la de no huir de la realidad y asumir las consecuencias y decisiones que hagan falta. Ahí, Armero quiere decirnos cosas interesantes, sobre todo ante los fracasos (aparentes, reales, sociales, impuestos, abstractos, etc.) que dejan ese poso de soledad y vacío cuando falta lo importante. Lástima que el film no sea capaz de expresarlos con herramientas más narrativas y no tan discursivas y que confíe demasiado en la indulgencia del público frente a unos giros casi automáticos en las tramas.

En este sentido, no obstante, lo más ilustrativo y sugerente de Las ovejas no pierden el tren es esa etílica deconstrucción que los hermanos, Alberto y Juan, llevan a cabo del dicho “perder el tren”. Pero aquí, no se harán spoilers.

Firma: Lourdes Domingo


Este análisis se publicó en . Añade el a tus favoritos.

Deja un comentario