Los hermosos días de Aranjuez
Título original
Les beaux jours d'Aranjuez
Género
Año de producción
2016
Público
Valoración
Lenguaje
Duración
97'
Fecha de estreno
27/10/2017
País

Los hermosos días de Aranjuez

1 / 6
Humor 0/5
Acción 0/5
Violencia 0/5
Sexo 0/5

Wim Wenders pretende que el film sea un ensayo poético alrededor de una pareja que habla de sus intimidades. En realidad, la película se digiere con dificultad.


Wim Wenders tiene suficiente cine a sus espaldas como para permitirse el lujo de presentar esta obra que se queda a medio camino de cualquier lugar. El exceso de palabrería y la simpleza de los encuadres la despoja de cualquier valor fílmico, exceptuando si se quiere, el hecho de que el veterano director ha rodado misteriosamente en 3D.

El propio Wenders escribe el guion a dos manos con Peter Handke, el autor del que adapta el poético relato de encuentros y desencuentros, nostalgias, indagaciones inocentes o morbosas y recuerdos impregnados de sensaciones. No tengo razones para dudar de la calidad literaria de la obra original, pero su traslado a la pantalla resulta muy artificial, postizo, rebuscado, incomprensible y definitivamente aburrido.

Algunas imágenes verbales tienen fuerza (como la luz en el columpio), quizá porque encajan mejor con el paisaje de la película y porque Sophie Semin puede dotarla de cierta pasión interpretativa. Sin embargo, ni ella ni Reda Kateb, ni tan siquiera Jens Harzer, el atribulado escritor, pueden hacer mucho con unas frases deslavazadas, lanzadas al aire con apariencia de preciosismo vacío y coartada surrealista. El hecho de que sea la mujer la que es interrogada por su sexualidad mientras que el hombre se dedica a la nostalgia etérea de su visita a Aranjuez, tampoco es un plato de gusto para quienes seguimos intentando que la mujer no sea tan solo un objeto de placer en manos del hombre, por muy poeta y elevado que éste quiera parecer.

Los hermosos días de Aranjuez queda, por tanto, como un ensayo poético que se digiere con dificultad y gracias a dosis de paciencia y de buena voluntad, en aras de un valor poético que hubiera requerido otro lenguaje, no el fílmico, para transmitirse.

Firma: Esther Rodríguez


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