Luz de Soledad
Título original
Luz de Soledad
Género
Año de producción
2016
Público
Valoración
Lenguaje
Duración
107'
Fecha de estreno
21/10/2016
País

Luz de Soledad

3 / 6
Humor 1/5
Acción 2/5
Violencia 0/5
Sexo 0/5

En 1970, menos de cien años después de su muerte, el Papa Pablo VI declaró santa a Soledad Torres Acosta. En Luz de Soledad nos presentan, de modo sencillo pero claro y contundente, la historia de esta asombrosa y ejemplar joven madrileña.

Hija de unos lecheros, sin muchos recursos y aún menos salud, vio cómo Dios le pedía ayudar a los más necesitados y se convirtió en un ejemplo de fuerza y entereza que desplegó durante la epidemia de cólera, los arrebatos políticos anticlericales y la siempre dolorosa oposición de sus propios colaboradores religiosos.

El exiguo presupuesto del film impide una recreación realista y convincente de los ambientes de la época y los escenarios, en general, resultan pobres y algo descuidados. Sin embargo, es de agradecer que los realizadores hayan sido conscientes de las carencias y, huyendo de la pretenciosidad, buscaran subterfugios con los que paliarlas.

Mediante planos cerrados en las barricadas, muy cercanos de los transeúntes o, más torpemente, repitiendo planos de los caídos por el cólera, solventan con cierta holgura las escenas ambientalmente más complejas.

Realmente, en ningún momento del film el espectador llega a sentirse entre las calles de Madrid mientras las patea Santa Soledad, pero tampoco ese es el objetivo de la película. Un guion comedido y unas interpretaciones notables sí que consiguen que el espectador entre en el mundo de la santa, de sus dudas, de sus miedos, alegrías y anhelos.

De igual modo, el recurso al flashback como columna vertebral de Luz de Soledad, a pesar de ser muy manido, enriquece la trama en dos aspectos. Por un lado, permite mostrar las imágenes reales, esta vez sí, del Madrid actual, fotografiado con amplitud, belleza y vitalismo. Y por otro, y no menos importante, refleja la pervivencia del legado de Soledad en la figura y el temple de la Hermana Inés. De hecho, su plano final caminando a buen paso entre los árboles, resulta mucho más expresivo y cinematográfico que la última escena de la protagonista de la película.

Firma:
Esther Rodríguez


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