Miel (2013)
Título original
Miele
Género
Año de producción
2013
Público
Valoración
Lenguaje
Duración
97'
Fecha de estreno
11/04/2014
País

Miel (2013)

2 / 6
Humor 0/5
Acción 0/5
Violencia 0/5
Sexo 3/5

Valeria Golino, la explosiva actriz conocida fuera de Italia por su participación en algunas taquilleras películas estadounidenses de finales de los 80 (Rain man o Hot Shots), acomete ahora su primer largometraje como directora y guionista.

No le ha faltado valentía a la hora de elegir el tema para su opera prima, pero su inexperiencia le ha pasado factura y el resultado es un collage de irregular gusto y demasiado epidérmico para intentar acercarse a una realidad tan dramática y muchas veces tan cercana como es el mundo de los enfermos terminales y el dolor que su situación conlleva en ellos y en sus familiares.

Ciertamente este film sobrecoge, pero no creo que en el mismo sentido que el pretendido por Golino. Porque Miel es una película sobre la muerte, pero no sobre la causada por la ingesta del barbitúrico letal sino por la carencia de vida que observamos en la protagonista y en muchos de su entorno. Personas que se mueven solo por el dinero, el instinto sexual caprichoso y egoísta o el alejamiento de los seres queridos y que optan por una vida en solitario, evitando el contacto con los que no pueden reportarles ningún beneficio (fantástica la metafórica escena del ligue a través del cristal). Existencias, por lo tanto, vacías y estériles que, proyectadas en los demás, llegan a considerar como compasión la eliminación de una persona, ya que son incapaces de ver la riqueza interior propia y de los demás. Pudiera ser que el film quisiese ir en esa dirección, pero la complacencia en la “vida” de Irene y el incongruente final dejan al espectador atrapado en el sinsentido de una existencia sin horizontes humanos.

Pretenciosa y efectista, su inconexo montaje, formado por planos supuestamente rompedores pero en absoluto originales (el uso de la natación como ámbito de reflexión ya fue encarnado de modo sublime por Juliette Binoche y Kieslowski en Azul e imitado hasta la saciedad), puede encandilar momentáneamente pero en ningún momento consigue despegarse de la superficialidad que domina toda la producción.

Firma: Esther Rodríguez


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