Molly’s Game
Título original
Molly’s Game
Género
,
Año de producción
2017
Público
Valoración
Lenguaje
Duración
140'
Fecha de estreno
05/01/2018
País
,

Molly’s Game

4 / 6
Humor 1/5
Acción 1/5
Violencia 0/5
Sexo 1/5

En su primera película como director, el guionista Aaron Sorkin mantiene el nivel de agudeza en los diálogos, de solidez en el guion y demuestra elegancia en la dirección, mientras ejecuta un nuevo retrato sobre la doble cara que depara el éxito contemporáneo.


Ya es casi un lugar común hablar de Aaron Sorkin como el Shakespeare de las series contemporáneas (Sports Night, El ala oeste de la Casa Blanca, The newsroom) y de unas cuantas películas.

Para su debut como director, este reputado guionista ha vuelto a escoger un biopic de alguna celebridad (en un sentido amplio) contemporánea, marcada por cierta soledad frente al poder de su inteligencia. Desde La guerra de Charlie Wilson, pasando por La red social o Moneyball y hasta Steve Jobs, la pluma de Sorkin se ha dedicado a retratar a hombre y mujeres inteligentes y, en muchos casos, agudos y sarcásticos con los que lucir sus habilidades como brillante dialoguista.

Esta vez fue la propia y real Molly Bloom la que buscó a Sorkin para que adaptara la biografía que ella misma había escrito. La ex deportista y ex organizadora de timbas confiesa estar muy contenta no solo con el trabajo del cineasta neoyorquino sino con la encarnación llevada a cabo por Jessica Chastain.

En Molly’s Game encontramos todo lo que ofrece el Sorkin guionista. Esa estructura apasionadamente trabada en desorden temporal para resaltar y dar más fuerza a los giros y las caracterizaciones de personajes. Ese contraste entre la escena pública y la privada del que tiene éxito, la idea de máscara y tarima que sufren, y el latente juicio social a sus protagonistas, aquí acentuado por la literalidad del mismo. La agilidad de las réplicas, que arrastra la trama hacia una velocidad solo frenada por un exceso (innecesario) de longitud en el metraje. Un sano idealismo y confianza en la capacidad moral del hombre que no llega a amenazar la verosimilitud. Y esa omnipresencia (también en todo el cine americano) de la figura del padre como fuente de conflictos sustanciales y determinantes.

En este aspecto es donde, además de en esos minutos más del film, se encuentran los aspectos más débiles de la dramaturgia. El rol que interpreta Kevin Costner merecía más matices y un rescate en el último minuto mejor elaborado. La sesión de psicoanálisis casual y somera desencanta por las formas y mucho más por su contenido.

Y, para atar el otro cabo, lo bueno del Sorkin director debutante es que se mantiene en la línea de sus diálogos: hace fácil lo difícil. Con una narración de corte clásico en encuadres, montaje y duración del plano, la historia gana en comprensión, cercanía y elegancia.

Un Sorkin muy Sorkin, pero abierto a un público amplio con voluntad de escuchar.

Firma: Lourdes Domingo