Ocho apellidos vascos
Título original
Ocho apellidos vascos
Género
Año de producción
2014
Público
Valoración
Lenguaje
Duración
98'
Fecha de estreno
14/03/2014
País

Ocho apellidos vascos

2 / 6
Humor 3/5
Acción 1/5
Violencia 0/5
Sexo 1/5

Telecinco produce la nueva apuesta de la comedia española, que llega a los cines con la intención de seguir la triunfante estela dejada por recientes propuestas del género como La gran familia española o Tres bodas de más, títulos que han decantado en los últimos tiempos esa batalla de audiencias trasladada a las taquillas de cine en favor de su gran competidora, Atresmedia. El encargado de ponerse al frente de este proyecto ha sido Emilio Martínez Lázaro que, pese a pasar algo desapercibido por las carteleras con su último trabajo (La montaña rusa), fue el responsable de uno de los grandes éxitos comerciales de la pasada década, El otro lado de la cama.

El cineasta madrileño ha dirigido una historia de Borja Cobeaga (autor de Pagafantas y No controles) y Diego San José (guionista de las mismas y de productos televisivos como Agitación + IVA). Ambos coincidieron en sus inicios en Vaya semanita, emitido originalmente en Euskal Telebista y exportado por Mediaset al resto de España, un programa de historietas independientes que abordó con mirada humorística y paródica el mundo, la cultura y la personalidad vasca.

No hay duda de que Ocho apellidos vascos debe mucho a aquel espacio. En el fondo, la película no es más que un gran sketch estirado durante hora y media, que propone una desenfadada caricaturización del tópico en la que se dan cita las cuestiones de tipo político, social y cultural más recurrentes del territorio vasco. De esta forma, el conflicto nacionalista en Euskadi, el carácter de sus habitantes o la lengua son tratados en la cinta con intenciones cómicas, y encuentran su contrapunto en otro modo de ser tan característico y susceptible al estereotipo como el vasco: el andaluz.

Este choque idiosincrásico ofrece un arranque ingenioso y divertido, especialmente de la mano del debutante Dani Rovira (monologuista de El club de la comedia), que se defiende con gracia en un papel que le exige un constante cambio de registro. La película, sin embargo, no tarda demasiado en perder frescura y en agotarse en su efímera condición de broma. La creación de Martínez Lázaro acaba, entonces, cayendo en una repetición de chistes y situaciones que, unidas a su cierta tendencia al histrionismo y a su vulgar estructura de comedia romántica, la sitúan al nivel de divertimento pasajero (y bastante malhablado).

Firma: Juan Xipell


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