Psiconautas, los niños olvidados
Título original
Psiconautas, los niños olvidados
Género
Año de producción
2015
Público
Valoración
Lenguaje
Duración
76'
Fecha de estreno
24/02/2017
País

Psiconautas, los niños olvidados

2 / 6
Humor 0/5
Acción 2/5
Violencia 2/5
Sexo 0/5

La novela gráfica de Alberto Vázquez, que ya tuvo su cortometraje de animación en 2012 y que también entonces también se llevó un Goya en esa categoría, ha sido la producción premiada con el galardón español en 2017 en la categoría de largo de animación.

En esta ocasión, Vázquez y Pedro Rivero confiesan que se dirigen a un público juvenil y adulto. Lo cierto es que no sé si a un público adulto que no sea amante de la animación de tintes feístas y oscuros le va a encajar semejante película. Sin embargo, lo que sí está muy claro es que el público infantil no es el más adecuado para un relato desesperanzado y de rasgos expresionistas en formas, colores y dimensiones.

Sin duda, esta indefinición en la audiencia supone un problema y una lástima, pues el trabajo que se esconde tras 76 minutos de animación no es poco y, tal y como está la industria en España, es casi un milagro. Por eso resulta más confuso que este relato se adorne de protagonistas, casi todos niños, que luchan entre ellos hasta la muerte; o que se drogan de manera habitual como muestra de la desolación y tormento vital; o que desaparezca toda figura amable referente a la paternidad y maternidad.

Estos elementos aparecen así en el guión a modo de denuncia social, en defensa de un mundo que defienda el valor de la naturaleza, del cuidado de los niños, de la auténtica amistad, en contra del consumismo, etc. No obstante, el conjunto final es desalentador y el uso de lo simbólico es tan explícito que en no pocos momentos Psiconautas se encasquilla en clichés y en un tono sombrío que impide a la trama volar más alto y con una fuerza más auténtica. De hecho, el guión se dispersa en cuatro frentes, lo que disuelve la intensidad dramática de lo que se cuenta, mientras se queda en primer plano lo ideológico y esquemático. Estos dos rasgos, eso sí, forman parte de la identidad de un relato corto o de una novela gráfica, pero en un largometraje se diluyen y hacen desaparecer lo importante: el aliciente narrativo.

Firma: Lourdes Domingo


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