Si Dios quiere
Título original
Se Dio vuole
Género
Año de producción
2015
Público
Valoración
Lenguaje
Duración
87'
Fecha de estreno
10/06/2016
País

Si Dios quiere

3 / 6
Humor 3/5
Acción 2/5
Violencia 0/5
Sexo 0/5

Italia se cuela en nuestras pantallas con una buena comedia, fresca, ágil y desenfadada; una parcela fílmica que últimamente parece reservada en exclusiva para el cine francés.

Falcone, guionista de experiencia, dirige su primera película retratando a un antipático cirujano que provoca rechazo en todos los de alrededor por su actitud prepotente y autosuficiente. Todo está ordenado en su vida de éxito y prestigio profesional y social. Por eso, la noticia que le comunica su hijo y heredero profesional será una bomba que dinamitará su estructura vital, revelando lo frágil de los principios en los que se basaba su estabilidad.

La comedia se apoya en el disparatado rumbo que tomará cada uno de los integrantes de la familia, ofreciendo un amplio abanico de situaciones absurdas, ágilmente narradas e interpretadas de una manera creíble y verosímil. Incluso en aquellos momentos en los que la trama se adivina por lo previsible, la cercanía de los personajes y la complicidad que han logrado con el espectador evitan que este se aburra o se decepciones ante soluciones quizá demasiado fáciles.

El humor por el que apuestan es elegante y rehúye la broma tosca o fácil, acudiendo con inteligencia, en muchos casos, al gag simplemente visual en segundo plano (como el de las fotos de la habitación a la que se va a dormir la mujer o la galería de posibles desahuciados del cuñado).

Sin embargo, la riqueza de Si Dios quiere radica en ofrecer un buen entretenimiento, apoyado en una buena historia con cierta profundidad. Sin dogmatismos ni moralinas, las peripecias de Tommaso y su familia dejan entrever el interior de muchas personas de nuestra sociedad: su necesidad de trascendencia, la importancia de pensar en los demás, las dificultades de aquellos a los que no vemos o de los que vemos todos los días pero no queremos mirar ni comprender, los prejuicios, la pérdida de la ilusión de la juventud, las segundas oportunidades…

Y a este elenco de realidades contadas con humor y desenfado, como la vida misma, se une un final distinto, ciertamente imprevisible y que deja al espectador satisfecho, complacido y con ganas de seguir adelante… Con lo que sea que tengamos entre manos, pero de seguir adelante con ello.

Firma: Esther Rodríguez


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