Silencio
Título original
Silence
Género
,
Año de producción
2016
Público
Valoración
Lenguaje
Duración
161'
Fecha de estreno
06/01/2017

Silencio

4 / 6
Humor 0/5
Acción 2/5
Violencia 3/5
Sexo 0/5

A partir de la novela Silencio de Shûsaku Endô, escrita en 1966, Martin Scorsese elabora un relato en el que impera la fe desplegada como una pasión muy humana en continuo debate con su fenomenología más espiritual y escondida.

La conocida novela de este escritor japonés recoge algunos rasgos de jesuitas históricos, como Cristóvão Ferreira (el personaje que interpreta Liam Neeson) o Giuseppe Chiara (el del propio Andrew Garfield).

La persecución que el shogunato Tokugawa llevó a cabo un siglo después de la llegada de San Francisco Javier acabó, prácticamente, con la existencia de cristianos en el país asiático. En el camino, dejó muchos mártires de todas las clases sociales y también algunos apóstatas. En ellos, de modo especial, fijan su mirada Endô y Scorsese.

El guión del director neoyorquino y de Jay Cocks (ambos responsables de La edad de la inocencia y Gangs of New York) arranca con una explosión del impulso misionero joven y ardiente. De esta manera, puede ir revelando en la piel del protagonista los efectos de las pruebas no solo de sufrimiento propio, sino sobre todo del ajeno.

A medida que pasan los minutos, en la película, se hace más importante esa experiencia subjetiva (algo muy posmoderno) de la perplejidad, del infortunio y del muy explicitado silencio de Dios. Está claro que a Martin Scorsese le atrae más la duda doliente que una fe sin fisuras y convierte este elemento en la pieza clave del conflicto.

En este sentido, el film evoluciona hacia un punto de no retorno que existe en el universo dramático creado por Silencio, pero no en hechos históricos comprobados. Es decir, la disyuntiva que se le presenta a Rodrigues entre apostatar para salvar a sus feligreses o no hacerlo y demorar con ello su tortura es una invención de esta ficción. Con ello, no se ahorra al espectador un desolador aunque interesante proceso de exhibición de las diversas técnicas de manipulación, chantaje y traslado de la responsabilidad que empleaba el torturador/autoridad nipón con la víctima.

Para lograr un impacto creciente, el ritmo del montaje y la estructura de secuencias busca la dilatación, y no solo en el metraje. Se dilata la exposición a escenas donde se palpa la extenuación física y psíquica para conducir al espectador a comprender ciertas decisiones o giros y, al mismo, se construye un argumento también dilatante para también provocar hastío y cansancio ante las insistentes estratagemas del Inquisidor.

En la línea de sus numerosos trabajos previos (El lobo de Wall Street, La invención de Hugo, Shutter Island, Inflitrados, El aviador, Kundun…), Scorsese otorga el protagonismo preciso a la luz para que el paisaje natural y la escenografía cumplan con creces su función en el guión. No se pasa si por esteticista ni por una sobriedad cercana al esquema teatral.

Al mismo tiempo, el mar, la tierra, la madera y el fuego emergen como unos secundarios que atosigan la trama sin robar papel, del mismo modo que Kichijiro, ese continuo traidor siempre arrepentido que, sin duda (y sin querer revelar más), es uno de los mejores hallazgos del film. La escoria que desprende (física y moral) desata el poder máximo y silente de la misericordia. Kichijiro reniega pero no se engaña. Ferrara lo hace y, luego, busca en una vida fría y triste un conjunto de argumentos deístas con lo que justificar su elección como la mejor posible, la única real.

En ese debate interno se queda deja el espectador después de ver Silencio. La película plantea todas estas cuestiones de un modo serio, bajo el prisma del hombre moderno, pero también muy cerca de ese rostro misterioso y, en apariencia, mudo que recorre el argumento. Scorsese cierra así uno de sus títulos más abiertos desde el punto de vista narrativo y temático. De la historia del cristianismo nipón, ha escogido un aspecto escorado aunque elocuente y capaz de interpelar al público actual abierto a pensar y a indagar.

Firma: Lourdes Domingo


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