Tarde para la ira
Título original
Tarde para la ira
Género
Año de producción
2016
Público
Valoración
Lenguaje
Duración
92'
Fecha de estreno
09/09/2016
País

Tarde para la ira

2 / 6
Humor 1/5
Acción 2/5
Violencia 4/5
Sexo 3/5

La ópera prima como director del actor Raúl Arévalo (La vida inesperada, La isla mínima…) ha logrado participar en la sección Horizontes del Festival de Venecia. Su propuesta disfraza lo menos logrado o compaginado de su film de frescura, riesgo, y homenaje a estilos y cineastas diversos. Algo del Carlos Saura de los 60 y 70 y la España cañí; algo del escenario bruto y violento de la filmografía de Sam Peckinpah e incluso los también confesos (por Arévalo) hermanos Dardene y Jacques Audiard, entre otros, se escoden en planos, perspectivas, gestos y tiempos de Tarde para la ira.

Esta historia, que arrancó con un comentario escuchado en el bar de los padres del guionista y director, se ha rodado en 16 milímetros, precisamente, para mantener una textura granulosa que conecte con la suciedad de una historia de venganza en un rincón desafortunado de una ciudad o un pueblo.

Con la ayuda de un amigo psicólogo, David Pulido, el debutante cineasta construye una trama, con focalizaciones diversas y jerarquizadas, en la que los diálogos van mejorando en naturalidad y fluidez a medida que avanza. De hecho, los mejores pasajes emergen gracias al recurso al humor en los personajes secundarios, que resultan muy bien caracterizados tanto en las secuencias del pueblo como en los arrabaleros del barrio y del gimnasio. Quizá este acierto se podría haber aprovechado más para compensar el conjunto y, en especial, un arranque demasiado forzado en las réplicas y demasiado explícito en la construcción de tensión con los planos detalle y contraplanos.

Este aspecto del subrayado, que también se presenta en la recurrencia a la sexualidad para manifestar los sentimientos de ira y odio, se suaviza en la última parte del film, que logra evolucionar hacia una road-movie extraña pero con hallazgos.

En todo este entramado de suspense, de explosión de furia y retrato social, Arévalo no persigue (o al menos, así lo parece) dar una vuelta de tuerca o una novedosa reflexión antropológica al tema de la venganza. Sus primeros pasos tras la cámara resultan más un ejercicio sobre el lenguaje y su expresividad en conexión con algunos mecanismos psicológicos básicos. De ahí que Tarde para la ira no sea un título para todos los estómagos ni para todos los paladares.

Firma: Lourdes Domingo


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