El tiempo de los monstruos
Título original
El tiempo de los monstruos
Género
Año de producción
2015
Público
Valoración
Lenguaje
Duración
97'
Fecha de estreno
30/09/2016
País

El tiempo de los monstruos

3 / 6
Humor 1/5
Acción 0/5
Violencia 0/5
Sexo 1/5

Original y bienintencionada historia que se podría incluir en el género de “metacine”. Una película dentro de otra película en la que se muestran con distancia e ironía las miserias y grandezas de los realizadores cinematográficos. Un homenaje a todos aquellos que viven (o malviven) por considerar su oficio una parte importante del universo artístico.

La confusión entre ficción y realidad es la característica dominante del film. El desconcierto de los personajes que cabecean inquietos por saber si son reales o ficticios, si realmente el guion les dirige o ellos inspiran al guion y si, finalmente, la fatalidad de su condición de artistas les conducirá a la desaparición funciona gracias a una interpretaciones suficientemente claras y a un guion suficientemente absurdo.

El problema es que dicha confusión y desconcierto son el elemento fundamental que transmite la película y seguir la historia es, prácticamente, una misión imposible. A pesar de ello, el espectador no puede menos que admirar boquiabierto el deambular de tan pintorescos personajes y advertir el esfuerzo de Félix Sabroso en ofrecer un producto digno y estimulante.

Parece partir del Teatro del Absurdo, con los Seis personajes en busca de autor de Pirandello como referencia. Y realmente todo el film tiene una carga teatral demasiado fuerte. Es difícil no tener la sensación de que se está en una sala, ante un telón abierto y con los actores entrando o haciendo mutis por el foro (literalmente). Los planos fijos, el cabello de las actrices preparado para las pelucas o unos escenarios que rara vez cambian, refuerzan su aire dramático pero le restan el cinematográfico.

La estructura, en torno a cuatro parejas, resulta demasiado rígida. Se rompe, y es interesante, con uno de ellos que funciona como nota discordante: el personaje ajeno al grupo que resulta ser el productor, imprescindible y odiado a partes iguales por los artistas. El resto, Carmen Machi incluida, parecen en muchos casos autómatas sobre raíles que manifiestan sus sorpresas con un tono demasiado impostado.

En el aspecto visual tiene rasgos que, no siendo originales, resultan interesante: tonalidades y texturas cuidadas que recuerdan al universo de Wes Anderson o cierto aire aristocrático de escenografía británica, entre Wilde, Coward, Shaw o Agatha Christie.

En definitiva, confusa y desconcertante película, pero arriesgado y sincero homenaje a los actores y directores que sacan adelante el mundo del cine y del arte dramático en general.

Firma: Esther Rodríguez


Este análisis se publicó en . Añade el a tus favoritos.

Deja un comentario