Tres anuncios en las afueras
Título original
Three billboards outside Ebbing, Missouri
Género
Año de producción
2017
Público
Valoración
Lenguaje
Duración
115'
Fecha de estreno
12/01/2018

Tres anuncios en las afueras

3 / 6
Humor 1/5
Acción 2/5
Violencia 4/5
Sexo 1/5

Martin McDonagh realiza un film sobre cómo responder al sentimiento de abandono ante una tragedia. Hay habilidad en el guion, pero también momentos demasiado forzados que completan una fábula sobre la función de la violencia en la relación con los demás.


Martin McDonagh es un anglo-irlandés que se hizo un hueco en la escena teatral a pesar de sus orígenes difíciles y nada acomodados. En esos primeros pasos, la violencia y la dureza de sus propuestas llamó la atención. Con el tiempo, esos universos se trasladaron a los que creó cuando dio el paso al mundo cinematográfico. Su filmografía (En Brujas, Siete psicópatas…) son un claro ejemplo del tipo de conflicto y mirada que le define.

El humor negro, como respiradero en una situación personal asfixiante, y la cólera como herramienta de diálogo abastecen gran parte de la dramaturgia de Tres anuncios en las afueras. Curiosamente y, a pesar de que es un europeo quien habla de América, la película ha caído en gracia en Estados Unidos donde ya ha recibido el Globo de Oro al mejor drama.

De hecho, Martin McDonagh adopta una perspectiva nada condescendiente. Habla desde una madre ahogada por la ira y por otro sentimiento que, aunque previsible, tiene su momento de revelación. Eso le otorga el favor de la audiencia, a pesar de que también juega con las distorsiones de empatía que Mildred provoca, justamente, con su obstinada ofuscación.

Mientras la trama juega con la ambivalencia moral entre fines y medios, McDonagh maneja escogidos elementos de western: ráfagas melódicas del género que contrastan y funcionan dramáticamente con las operísticas; la dialéctica entre abusos de poder y abusados; y el protagonismo del espacio como visualización del conflicto (los anuncios en la carretera, la calle que divide y enfrenta la comisaría con la agencia de publicidad, la estación de ferrocarril al lado del trabajo de Mildred o el porche de su casa).

En ese contexto espacial tan norteamericano –que funciona de principio a fin– y en la conexión que va realizando el guion (conducido por una dinámica de redención) atisbamos que el film propone un esquema de fábula moral un tanto abierta. Eso invita, a quien quiera, a perdonar los retorcimientos, casualidades y momentos forzados que la narrativa ejecuta para encajar situaciones.

Dolor, culpa, perdón nadan del mismo brazo que violencia incontrolada, vacío y huida hacia delante. Por eso quizá, a pesar de las luces que aporta este título sobre la condición humana herida, son más las sombras. También es vedad que, a veces, en las sombras se ve mejor. Sin embargo, en este caso, las sombras, encorsetadas en un guion que quiere poner al unísono muchas teclas, suenan algo desafinadas y deformadas.

Firma: Lourdes Domingo


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