Una pastelería en Tokio
Título original
An
Género
Año de producción
2015
Público
Valoración
Lenguaje
Duración
113'
Fecha de estreno
06/11/2015
País

Una pastelería en Tokio

4 / 6
Humor 0/5
Acción 1/5
Violencia 0/5
Sexo 0/5

Naomi Kawase retorna con otro sigiloso y elocuente relato. Esta vez, adapta la novela de Durian Sukegawa, que había trabajado con ella como actor en Hanezu (2012). Una pastelería en Tokio abrió la sección Una cierta mirada en Cannes y se llevó el Premio al mejor director en la Seminici 2015.

En líneas generales, la directora japonesa no se despega de sus constantes temáticas y estilísticas: la vida del hombre ligada a la de otros hombres y a la naturaleza, la muerte y el dolor pero también la paz y la reconciliación, los vínculos intergeneracionales y la veneración por la ancianidad, así como la grandeza de lo pequeño y discreto. Es decir, Kawase no busca renovar su arca de argumentos universales y motivos cinematográficos, aunque sí que quiere y logra la novedad en los detalles; esos detalles con los que provoca emociones auténticas porque responden a la bondad de la realidad que retrata.

Desde principio a fin, ese rincón urbano se convierte en un versátil espacio para mover conflictos profundos. Los tres personajes principales –imagen de la juventud, madurez y tercera edad- han sufrido o sufren una coerción: el salvaje prejuicio social convertido en ley, un hecho fortuito en el pasado y la falta de afecto materno. De entre todos ellos, Tokue se convierte en maestra de libertad interior: a pesar de todas las trabas (monstruosas) es una mujer feliz y auténtica en sus decisiones, con un férreo compromiso con la esperanza.

En este sentido, el guión y la dirección de Kawase articulan una saeta de metáforas que enriquecen y fortalecen la conexión del espectador con el film: ese dilatado tiempo de preparación del anko, Tokue hablando y escuchando a las judías mientras las cocina, los detalles en la decoración de la tienda, el canario y la jaula, el cambio de lápidas por árboles o los espacios vacíos habitados por la voz en el casete. Pero, de modo particular, remata la experiencia que supone Una pastelería en Tokio ese final en el parque, donde la arquitectura y su ausencia, los sonidos y la vegetación evidencian la necesidad de los giros de perspectiva que necesita, de vez en cuando, nuestra existencia.

Al mismo tiempo, Kawase mantiene su ritmo sosegado de montaje y encuadre, aunque galopante en la travesía de vivencias, sufrimientos y perspectivas vitales. Y, a pesar de no rodar en parajes rurales, consigue atrapar con esos interludios entre escenas, donde los trenes y el ruido se apoderan del primer plano, y con los almendros en flor que crecen a su lado.

En un momento de la película, Tokue afirma que “Hemos nacido en este mundo para verlo y escucharlo”; una sentencia que resulta un perfecto resumen del cine de Naomi Kawase. Ver y escuchar. Sin prisas y con una mirada profunda.

Firma: Lourdes Domingo


Este análisis se publicó en . Añade el a tus favoritos.

Deja un comentario