Verano 1993
Título original
Estiu 1993
Género
Año de producción
2017
Público
Valoración
Lenguaje
Duración
94'
Fecha de estreno
30/06/2017
País

Verano 1993

4 / 6
Humor 1/5
Acción 1/5
Violencia 1/5
Sexo 0/5

Carla Simón había avanzado en sus anteriores producciones (todas ellas cortometrajes) algunas de las inquietudes que se asoman en Verano 1993. Con su primer largo ha logrado cautivar al público y jurado de los diversos festivales: desde Málaga en nuestro país (Biznaga de Oro) a Berlín (mejor ópera prima), pasando por la sección de Cannes Écrans Juniors, entre otros.

Con un marcado y confeso trasfondo autobiográfico, el film consigue que, tras los primeros compases, la trama desaparezca para el espectador. Este se encuentra, entonces, ante un relato cargado de una naturalidad y autenticidad que apresa desde distintos frentes.

Y es que Verano 1993 es capaz de construir una mirada desde la infancia y, con ella, con la mirada de Frida (en una simbiosis perfecta con la de la propia directora), desplegar una historia de pérdida, de asunción del dolor y de los enigmas de saber dónde uno está en el mundo.

Al mismo tiempo, aunque estamos ante un argumento claramente personal, cada acción, cada gesto y cada experiencia puede conectar con las de cada uno que esté en la sala. Carla Simón imprime un carisma propio (que no viene solo por el tono autobiográfico) al hacer suyos recursos de cineastas esquivos de narraciones estereotipadas. Pero también se revela como creadora de otros con enorme capacidad de sugerencia: es antológica la manera en que se convoca el pasado y todo lo que supone en la secuencia del juego de mamá-hija entre Frida y Anna.

Simón sortea el drama obvio y la lágrima fácil al relatar a través de frases deslavazadas de las niñas, de comentarios casuales de los adultos mientras realizan tareas cotidianas, de un sonido ambiente que no echa de menos una banda sonora extradiegética y de unas miradas que alertan, sin gritar, de lo que pasa de una manera fugaz o anidada por la mente y el corazón de sus personajes.

Al mismo tiempo, la película sabe medir la duración y delimitación de los encuadres para no perderse en ensimismamientos baratos y gratuitos. El toque de misterio expresivo sabe dar paso a momentos más explosivos y lógicos en situaciones donde no es cómodo adaptarse y donde el dolor puede dar paso, incluso, al resentimiento.

Sin duda, la pequeña Laia Artigas es culpable de que todo el buen trabajo de Carla Simón y su equipo, incluida la fotografía de Santiago Racaj, resulte aún más redondo, verdadero y conmovedor. A su lado están un grupo de actores, desde la diminuta Paula Robles hasta Bruna Cusí y David Verdaguer, junto a todos los demás, que permiten pasar unos minutos muy especiales frente a personas de carne hueso y frente a cuestiones de gran calado.

Firma:
Lourdes Domingo


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