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Así es el "cuento" de Patito feo en el siglo XXI

hace unos cuantos años

Ficha técnica
Título: Patito feo
País: Argentina
Año de producción: 2007
Primera temporada: 155 episodios
2 temporada: 147 episodios
Productora: Ideas del Sur
Intérpretes: Juan Darthes, Griselda Siciliani, Gloria Carra, Laura Esquivel, Marcela Lópz Rey, Diego Ramos, Silvina Acosta, Matías Ale, María Eugenia Tonel, Martín Bossi, Luciano Cäceres, Nicolás D’Agostino, Vivian El Jaber, Dalia Elnecave, Rodrigo Guirao, Florencia Ortiz, Silvia Yori.

Argumento de la primera temporada

Patito vive en Bariloche con su madre, Carmen (Griselda Siciliani). Tienen una vida armoniosa, feliz y tranquila. Están las dos solas en el mundo. Patito crece sin saber quién es su padre, ya que Carmen guarda celosamente ese secreto por un equívoco que viene del pasado.

Cuando comienza la historia, Patito se enamora a primera vista de Matías (Gastón Soffritti), un chico que está de vacaciones en el sur y que para ella resulta inalcanzable, ya que él vive en Buenos Aires, la gran ciudad que Patito nunca ha visitado y que cree que nunca visitará. Pero para su sorpresa, su madre y ella tendrán que viajar a la capital a buscar los resultados de unos estudios clínicos. El destino hace que, en Buenos Aires, ambas encuentren a los que ellas consideran sus “amores imposibles”: Carmen a Leandro (Juan Darthés), el amor de su vida; el padre de su hija; el hombre al que nunca pudo olvidar y Patito a Matías, el primer amor; el único chico que le gustó y al que tampoco pudo olvidar.

El reencuentro con Leandro y la hermosa relación que él entabla con Patito hacen que Carmen se replantee permanentemente su secreto y viva al borde de confesar la verdad. Leandro se acerca cada vez más a ellas, aunque existen malos entendidos del pasado que hacen que, tanto él como Carmen, estén a la defensiva.

El final de esta temporada consiste en saber si Patito logrará cumplir sus sueños: conocer a su papá, ser una cantante famosa y enamorar a Matías.

Argumento de la segunda temporada

Al comenzar el segundo año de la historia, Patito disfruta plenamente de su familia y del amor de Matías, la Populares y la Divinas enfrentan unidas el torneo intercolegial de comedia musical como “La populares más divinas” representando Pretty Land School of Arts.

Una famosa estrella de la música las ve actuar y les propone ser teloneras de la gira internacional que próximamente comenzará, pero la negativa de Antonella –ahora convertida en diva de la música pop- a actuar junto con Patito, desata los peores enfrentamientos entre los dos grupos, por ver cuál de los dos grupos será el soporte de esta estrella. Muy pronto, el amor de Matías también volverá a ser motivo de disputas entre ambas y todo se va a complicar.

Chicos y chicas nuevas llegan al colegio y las parejitas ya conocidas (Josefina y Guido, Tamara y Facundo, Pia y Bruno, Sol y Santiago) desencadenarán complicadas y “divertidas” situaciones.

La historia de amor entre Leandro y Carmen pasa por su mejor momento y su embarazo sólo promete momentos felices. Sin embargo, Carmen ha engordado de manera increíble y Blanca, su eterna rival, usará esto, como tendón de Aquiles, para intentar separarlos. Carmen contratará una divertida niñera que no será otra que la hermana de Blanca no reconocida. También aparece la madre de Blanca, una actriz y vedette frustrada que ayuda a su hija y a su nieta Antonella a lograr todos sus fines sin importar los medios. Sin embargo, desconoce la aparición de esta hija que quedó en el olvido, lo que da lugar a complicaciones en la vida de Blanca, Antonella y compañía.

El clásico culebrón para adultos, adaptado al público infantil

La historia de Patito no es más que una nueva adaptación de la clásica telenovela suramericana que, hasta la fecha, solía dirigirse al público adulto. No es de extrañar que este género, que tantas alegrías ha dado a diferentes cadenas de todo el mundo, se haya apoderado del público más joven. No hace falta recurrir a grandes éxitos como Cristal, Yo soy Betty, la fea o Pasión de gavilanes para saber que la telenovela es un formato que siempre “atrapa” a un número rentable de espectadores y, quizá, por ese motivo la cadena pública española, por citar algún ejemplo, programe dos seguidos en horario de tarde.

Pero, habrá que establecer una diferencia fundamental entre estos dos públicos objetivos: el adulto y el menor de edad. Mientras el adulto puede distinguir, elegir o valorar lo que ve (aunque cuando la trama de un culebrón “engancha” al espectador, por adulto que sea, los razonamientos lógicos, de buen gusto o de nivel cualitativo dejan de ser importantes y pasan siempre a un segundo plano), los menores quedan indefensos por su inmadurez intelectual y afectiva en pleno desarrollo y aprendizaje de roles y modelos. Por tanto, hay que tener muy en cuenta qué se ofrece a los jóvenes en este formato del que pasamos a enumerar sus características principales.

Las tramas son lineales, sencillas y poco realistas, con lo que el espectador no debe malgastar ni una neurona para comprender el hilo conductor de la serie que, dicho sea de paso, siempre es el mismo.

El discurso racional desaparece por completo dejando, de esta forma, que las emociones sean las protagonistas indiscutibles de las tramas.

Los personajes estereotipados se alejan de la realidad cercana que pretende plasmarse y, así, muestran una realidad manipulada y poco “real”.

La temática sobresalientes por antonomasia es el “amor inalcanzable o prohibido” con lo que se cierra la puerta a otras experiencias novedosas o más cercanas al espectador.

La factura visual y la técnica utilizada en este género no son un referente de calidad en ninguna de sus vertientes: decorados, música, sonido, planos, iluminación, etc. La telenovela no busca la belleza visual, sino la belleza de los sentimientos nobles.

En la búsqueda de esta belleza de los sentimientos, se entronizan el amor, la honradez, la lealtad, la amistad, pero se hace llevando al extremo los comportamientos humanos y las circunstancias de una vida que, una vez más, se aleja de la realidad que vive el espectador.

Esta falsa realidad se da en muchos otros formatos. No obstante, la telenovela nada en la ambigüedad entre la vida cotidiana y las necesidades de la ficción. La ausencia de efectos especiales, su ritmo pausado y las historias centradas en la cotidianidad pueden alterar la visión del joven espectador que llega a creer que esa televisión cuenta “historias reales”.

Las telenovelas tampoco destacan por su trabajo de diálogos y riqueza de vocabulario. Las frases son planas y evidencian todo el contenido. No hay espacio para la sugerencia o el subtexto.

Con estas premisas, el siguiente paso es centrar la atención en Patito feo, el culebrón que, aunque está pensado para el público adolescente, lo siguen también los niños.

¿Qué les ponemos en la cabeza a los niños?

Sobre su protagonista:

Patito es una adolescente de 14 años que suspira por triunfar en el mundo de la música y por el amor de un compañero de clase, Matías. El que los guionistas eligieran el tema de la música, no es baladí, ya que, como todos sabemos, el tirón de los programas como Operación triunfo, Fama o los musicales de High School o Hannah Montana no pasan desapercibidos en el negocio televisivo. Esta temática ayuda a la financiación de la serie y de los bolsillos de sus creadores. Patito cuenta con Cd’s, DVD’, actuaciones en directo, giras internacionales y un sinfín de merchandising musical destinado al público joven. En España el primer cd “Patito feo: la historia más bella” ha conseguido el doble Platino por sus copias vendidas.

Volviendo a la protagonista, habría que definirla como una niña feliz, tímida, leal y honrada y, sobre todo, de buen corazón. Pero también es indecisa, “blandita”, llorona, ingenua y poco realista y como no hay protagonista sin antagonista, éste es el momento de definir a Antonella, la eterna rival de Patito. Antonella es audaz, impetuosa, de carácter fuerte, emprendedora a la vez que mimada, vengativa, teatrera, exagerada e incapaz de dominar sus neuras. El conflicto entre ambas está servido. Y, el modelo que se vende a las adolescentes, también. En ambos casos una exacerbación afectiva que sobredimensiona los sentimientos que actúan como dictadores que rigen las decisiones vitales y las valoraciones sobre las demás personas.

Patito pertenece al grupo de “Las populares” y Antonella lidera el de “Las Divinas”. Las primeras no pueden pertenecer al grupo de las segundas porque su físico no encaja con el modelo de las vanidosas “Divinas”. Sin embargo, esta excusa es falsa puesto que cada una de las actrices que aparecen en la serie son delgadas, monas, despreocupadas y saben bailar. Sólo a Patito se le ha puesto unas gafas y unos aparatos en la boca a modo de “cliché”. Muy original.

Patito vive en un mundo en el que al final todo le sale bien. Su padre es realmente el hombre que más adora, sus padres –que vivieron separados más de 14 años- se acaban casando, la industria musical le abre las puertas de par en par y, por si fuera poco, el “hombre” de su vida acaba enamorándose de ella. Quizá, tanta azúcar sea indigesta para un adolescente que ve como la vida no te da siempre lo que quieres y, sobre todo, como la suerte es muchas veces el resultado del esfuerzo no de “cuestiones del destino”.

Sobre el resto del reparto:

Al igual que Patito, sus compañeros de clase acaban consiguiendo siempre lo que desean, ya sea jugar en el F.C. Barcelona o salir con el chico que les gusta, siempre definido como “el amor de mi vida”. Si uno se para a pensar, en esta serie, no tienen cabida los estudios ni las aspiraciones profesionales fuera de la música, el baile o el fútbol -tres profesiones, donde se valora el aplauso social y el éxito personal, muy en boga últimamente- y, para ninguna de las tres, hace falta un tiempo de estudio muy esforzado ni riguroso. Con estas manidas pero populares aficiones se pierde la ocasión de resaltar el atractivo o el interés por otros temas profesionales como el derecho, la medicina, el arte, la literatura o tantos otros que han traído el progreso y la belleza a tantas civilizaciones.

También es llamativo que no se dedique ni un minuto a ninguna otra clase que no sea la del baile. No hay exámenes, no hay evaluaciones, no hay aulas, sólo un gran escenario para interpretar las coreografías. Si los guionistas hubiesen reflexionado sobre el hecho de que las tramas en la serie se iban a canalizar de esta forma, mejor hubiese sido reunir a los chavales en una escuela con tal finalidad o en un club social, pero claro, los colegios de élite con “mini-uniforme”, están de moda.

Por último, los adultos de esta ficción merecen una atención especial. Empezando por la protagonista, pasando por la directora del colegio y llegando hasta la chica de servicio, nadie se salva en esta pantomima de la “madurez” en la que el humor histriónico, poco convencional y más cercano a la payasada que al gag inteligente, ocupa un lugar demasiado relevante.

Carmen, la madre de Patito que oculta la identidad del padre a su hija por un capricho orgulloso, vive al margen de los sentimientos de su hija y, aunque pretende interpretar el papel de madre-amiga comprensiva, no acierta casi nunca en los consejos que le da. Es esencialmente egoísta e inmadura, pero esta oscura personalidad se disfraza de sentimentalismo e indecisión. Carmen es, en definitiva, una eterna adolescente, “encerrada” en un cuerpo de adulta.

El padre biológico de Patito es Leandro, un pediatra que afronta con demasiado tiento los avatares de la vida. Su papel, poco creíble y nada sobresaliente, se adapta a las necesidades del guión, con lo cual, su personalidad no sigue una línea coherente, sino más bien todo lo contrario.

Al resto de personajes adultos, Blanca, Andrés, Doriña o Polo, se les puede definir como personas excéntricas, poseídas por una necesidad apremiante de ser el centro del universo y de llamar la atención de la forma más cómica posible. Cada uno de ellos destaca por no saber renunciar a sus deseos, por poner -de manera enfermiza- en primer lugar sus intereses sin que importen los demás o sin pararse a medir las consecuencias. Son, para acabar, un conjunto de “frikies” sacados de un cómic que anulan la posibilidad de creer en la inteligencia, la bondad o el sentido común de los adultos y en sus responsabilidad social como educadores y protectores de la infancia.

Conclusión:

El universo de color de rosa que envuelve la historia de Patito feo otorga a los más jóvenes una visión desfigurada del mundo adolescente, así como una desesperanzadora actitud por parte de los adultos en quien ellos deberían confiar sus cosas y, por supuesto, un provocativo afán de consumismo, tanto con su marketing directo como con sus técnicas más subliminales.