La alta sociedad
Título original
Ma Loute
Género
Año de producción
2016
Publico
Valoración
Lenguaje
Duración
122'
Fecha de estreno
21/04/2017
País

La alta sociedad

2 / 6
Humor 1/5
Acción 2/5
Violencia 1/5
Sexo 1/5

El cine de Bruno Dumont (Camille Claudel 1915, La Humanidad…) se caracteriza por la originalidad y por la pretensión de que sus absurdas historias recreen profundas teorías antropológicas y filosóficas.
Si bien el ir por libre aporta a la creación artística una espontaneidad y una riqueza generalmente muy valiosas, no es suficiente para componer un relato coherente en sí mismo (en su propio discurso extravagante) ni comunicador de un contenido o de una forma fílmica que conecten con el espectador. La “confusión de géneros”, expresión del propio Dumont para referirse a la dificultad para encasillar su producto, no parece, a juzgar por el resultado final, una muestra de originalidad creativa sino más bien una manera de encubrir el desvarío que desgobierna el guion de La alta sociedad.
El punto de partida resulta anacrónico y manido. El retrato de los dos grupos sociales (la alta sociedad compuesta por burgueses o nobles transformados en empresarios y la clase baja abotargada y sumisa) imperantes al comienzo del siglo XX se hace de modo paródico y con la deshumanización propia del naturalismo decimonónico. Este tono tenía su razón de ser cuando surgió y criticaba situaciones coetáneas pero, más de cien años después, ni nos ayuda a comprender el pasado ni nos aporta nada a nuestras injusticias actuales.
Por otro lado, este film parece estar concebido como una comedia, subrayando las excentricidades o torpezas de los individuos de las especies que describe. Sin embargo, la mirada sarcástica, cruel, amarga y ridícula con la que Dumont dibuja a los personajes convierten el humor en un drama patético (en el mal sentido) y muy desagradable.
Nadie se salva, además. No hay solución para la vida humana, parece contarnos el antiguo profesor de Filosofía convertido en realizador de cine. Los ricos, con sus deformidades endogámicas e incestuosas, y los pobres, con su cortedad mental y sus brutalidades caníbales, están condenados, todos ellos, a vagar por la bahía como marionetas movidas por el dedo tiránico de Dumont, y su reduccionista visión del mundo.
Con este planteamiento, poco podemos decir de los actores. Fabrice Luchini y Juilette Binoche representan con su maestría habitual los papeles histriónicos y grotescos que les han caído en (des)gracia, mientras que Valeria Bruni Tedeschi, ni siquiera puede hacer el ridículo voluntariamente debido a que su papel es vago y apenas está dibujado. Una pena, ciertamente, verles a los tres allí y así.
Sí acierta Dumont en la ambientación de música y fotografía. El desapacible y decadente paisaje que refleja es el escenario ideal donde desarrollar este drama deshumanizado y absurdo.
Firma: Esther Rodríguez


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