Es una evidencia social que la televisión, y en general el mundo de las pantallas (Internet, videojuegos, móvil, etc.), se ha convertido en un nuevo agente formador de niños y adolescentes. Se ha llegado a esta situación debido tanto a la cantidad de tiempo que los usuarios pasan delante de las pantallas como al atractivo de las imágenes, la variedad de contenidos, su presentación para enganchar a niños y adolescentes hasta el punto de que sus comportamientos sean los de un verdadero adicto.
Cada día son más los profesionales de la medicina y de la educación, que están alertando a la sociedad de esta capacidad adictiva de las pantallas debido a un uso incorrecto. Muchos de estos profesionales se han atrevido a calificarlas de “otras drogas”.
Una vez finalizada la jornada escolar, los niños y adolescentes conviven en su hogar con la televisión, con Internet, los videojuegos o el móvil, que ofrecen a todas horas contenidos que van en contra de la educación que los padres quieren para sus hijos. La actividad formadora de padres y profesores se ve interferida por otras personas y elementos nocivos, que han accedido al hogar sin ningún control ni permiso.
La vida actual permite a muchos niños y adolescentes situarse frente al televisor, el ordenador o el móvil muchas más horas de las que les convendría. Esto se da, en muchos casos, porque los padres todavía no han llegado a casa, o bien porque hay una cultura audiovisual que “exige” estar al día de las diferentes series, programas, vieojuegos y demás -que son motivo de conversación en la escuela.
Este comportamiento ante las pantallas es potencialmente adictivo en la medida que la voluntad del usuario va quedando anulada e incapacitada para poder dominar el medio, así como para atender sus obligaciones más elementales y cotidianas.
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