Dos noches de estrenos consecutivos

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Antena 3 ha sacado su artillería y esta semana ha empezado a emitir algunos de sus estrenos más esperados. Los lunes por la noche, Lucifer llega para amenizar el prime time con su estilo más “gamberro”. Pero los martes, hay que ponerse un poco más serios, Blindspot y su amnésica protagonista nos llevan por enrevesados complots y tramas policíacas.

Por si queréis saber algo más, aquí os dejamos un resumen de nuestro análisis sobre estos dos estrenos veraniegos.

El Demonio llega a Los Ángeles

Durante la década de los 90, Vértigo de DC Comics publicó The Sandman, una novela gráfica creada por Neil Gaiman que se convirtió en todo un clásico. Gaiman, que también participa en el guión de esta serie, incluyó a un personaje secundario que protagonizó su propio spin-off y, ahora, ya tiene su propia ficción televisiva: Lucifer.

El equipo de guionistas de la serie también incluye a dos de los dibujantes que acompañaron a Gaiman en su aventura de The Sandman: Mike Dringenberg y Sam Kieth. Y, para esta ocasión, eligieron la comedia como vehículo de expresión y representación del Señor de las Sombras. De esta forma, Lucifer se aleja de otros planteamientos más oscuros como Sobrenatural y se acerca a títulos como Reaper, aunque con un tono más sofisticado.

Con algún destello de lucidez en su propuesta, Lucifer es una opción que utiliza la sugerencia, el humor, una cierta elegancia y la atracción de los polos opuestos para narrar una historia sin complicaciones y sin la ambición de llegar a ser la serie del año. Lo más incierto de este título es su futuro ya que, después de una temporada, parece imposible estirar el guión sin caer al vacío de la simpleza. Pero ahora, cuando el calor arrecia y en plena sequía de otros títulos destacados, Lucifer resulta especialmente adictiva.

Con la memoria tatuada

Un arranque que suscita muchas preguntas. Unos personajes que prometen muchos traumas. Y unas primeras secuencias que auguran mucha acción. Con estos tres elementos empieza una serie de esas en las que lo que se concluye en cada capítulo es poco comparado con el déficit de información que queda pendiente.

Martin Gero es el creador de esta ficción en la que no faltan los ingredientes clásicos de un thriller canónico y dinámico, donde el trauma personal y la conspiración político-social van de la mano, sin olvidar el toque romántico y las personalidades que desvelan sus capas a cuentagotas.

De este modo, en esta producción, se pueden dar dos experiencias. Por un lado, la de un espectador menos labrado en este tipo de series. Esto le permitirá vivir con más sorpresa e intensidad los giros y cambios, las revelaciones y los continuos señuelos (o pistas falsas) que siembra el guión para dinamizar y mover las tramas. Y por otro, la de un público experto y habitual de títulos de este calibre. En este caso, toda la retahíla de virus, bombas, personajes trampa, cuentas atrás, complots entre agencias gubernamentales, programas secretos y frases algo reiterativas sobre lo mal que se pasa sin memoria le resultarán previsibles, pero quizá tolerables para pasar un rato sin muchas complicaciones.