El automachismo consentido de Mujeres y Hombres y Viceversa

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Nunca había visto un programa de Mujeres y Hombres y Viceversa (MYHYV) al completo, pero me he encontrado con la necesidad de hacerlo poder comentarlo. Y creo que he sido muy afortunada porque precisamente he visto dos programas en los que los tronistas eran los hombres, mientras que las mujeres adoptaban esta vez el rol de pretendientas. Así, he podido ver en todo su esplendor la actuación y el comportamiento de las chicas que es lo que realmente me interesaba. Aunque tengo que reconocer que también me ha resultado de interés conocer algunos nombres que ni pensaba que existían (Jocelyn, Ashley, Coraima, Steisy, Samira), así como la apuesta por la igualdad que se hace desde este programa, porque tanto el hombre como la mujer se denigran de forma igualitaria y equilibrada.

Pero, centrándonos en el papel de las chicas, resulta llamativo cómo desde el minuto uno su puesta en escena es una clara rendición a la cosificación. Al ritmo de la música, desfilan por una pasarela (en ocasiones ataviadas con unos disfraces de corte erótico) y bajan por unas escaleras hasta llegar a saludar a su tronista. Todas las chicas tienen el mismo perfil: altas, delgadas, pelo largo, poco naturales y muy artificiales, pero para diferenciarse las unas de las otras, deben hacer méritos con miras a conquistar al chico del trono; deben exhibirse, cuál ganado que se muestra en las ferias a la espera de ser comprado, con la finalidad ser elegidas y hacer las delicias del macho alfa. Por ello, no es de extrañar que éste se regocije ante semejante situación y se muestre orgulloso tras comprobar que sus pretendientas trabajan y se preocupan al máximo para contentarlo.

Cuando llega el momento de ver las citas que el tronista ha tenido con las pretendientas el día anterior, entra en escena la lucha de barro entre las chicas al protagonizar una pelea absurda por conseguir su trofeo. Unos momentos tensos donde se pueden escuchar frases como:

“No te voy a dejar el camino libre porque no voy a soltar a la presa, guapa”.
“Me daría vergüenza haber tenido once citas y no haber conseguido aún nada con él”
“Estás aquí por pena, no tienes nada que hacer si yo estoy aquí”
“A mí él me trata como una auténtica princesa”

Entre cita y cita, el tronista aprovecha la ocasión para acariciar, rozar y besar dilatadamente a todas las chicas con las que tiene un encuentro para comprobar cuál es la que le gusta más. Mientras, ellas, desde plató, piden explicaciones a su tronista y se muestran enfadadas tanto con él como con el resto de pretendientas porque le están robando lo que creen que es suyo.

Pensemos, reflexionemos. Más allá del espectáculo de hormonas, silicona, músculos, peinados imposibles y maquillaje, ¿no os dais cuenta que la mujer es la propia enemiga de la mujer? Porque, en este caso, no estamos ante un machismo exacerbado protagonizado por los hombres y sufrido por las mujeres. Son las propias chicas las que aceptan el reto de humillarse, desprestigiarse y convertirse en mujeres florero. Ellas son las que quieren quedar reducidas a carne andante: eres un cuerpo, no te molestes, no pienses, sólo preocúpate por ajustarte a los estándares de belleza. ¿Por qué no protesta aquí el movimiento feminista? Porque le es imposible. Es la propia mujer la que cae en aquello que ya se tenía que haber superado, ya que recurre y se aprovecha de ese automachismo simplista que se ha impuesto para beneficiarse de él. Sí, beneficiarse, hacer negocio.

La mayoría de las pretendientas o tronistas de MYHYV siguen explotando su imagen y su cuerpo tras su paso por el programa para convertirse en productos mediáticos que deambulan por Mediaset a la espera de participar en futuros reality shows, polémicas, montajes o polígrafos. Un periplo que continua para seguir promocionándose en los ya conocidos bolos discotequeros, cuya única función es llenar la sala de turno al ser utilizadas como reclamo, como cebo para que los hombres acudan en masa para fotografiarse con la famosa del momento y, así, aumentar su popularidad y su cuenta corriente. Se trata de un tema peliagudo, porque no han sido pocas las denuncias que se han interpuesto a los dueños de discotecas y salas de noche por utilizar la imagen de una mujer semidesnuda en los carteles de fiestas para promocionar un local, ya que se entiende que con ello se hace uso de una propaganda sexista, estereotipada y cosificada de la mujer. ¿Qué ocurre cuando es la propia mujer la que se presta a aparecer como mero objeto sexual y como un reclamo pasivo al servicio de la sexualidad y deseos del hombre? Pues que flaco favor le hace a la verdadera dignidad e integridad que defiende la mujer, puesto que, con comportamientos como estos, da la impresión de que el feminismo se convierte en oportunismo y sólo se recurre a él cuando interesa y no cuando corresponde.

Y en todo este embrollo, ¿tiene derecho a quejarse el espectador? El programa se emite en horario de protección infantil pero lo hace en una televisión privada, así que lo lógico parece que su derecho se limita a cambiar de canal y no ver lo que le disgusta. Pero no hay que equivocarse. Telecinco no es del todo privado, porque la frecuencia y el múltiplex de TDT por el que emite su señal es de todos. No hay que confundir que el accionariado de la cadena pertenezca a las compañías privadas de Mediaset y Prisa con que sea pública la concesión administrativa, la licencia y el permiso que se le ha dado para que explote sus contenidos, siempre y cuando de una manera adecuada. Es algo diferente a lo que ocurre, por ejemplo, con la revista Playboy. No se puede cuestionar que aparezca en esta publicación chicas desnudas y semidesnudas o que se haga un uso “liberal de la sexualidad”, como consideran algunos colectivos, porque hasta el papel y la imprenta que lo edita es de su propiedad, por lo que aquí sí se aplica el lema de “si no te gusta el producto, no lo consumas”.

A pesar de ello, la ceguera del espectador ante estos contenidos denigrantes es la mejor arma de MYHYV. ¿Por qué? Porque hay que reconocer que es un programa muy rentable, no sólo por sus índices de audiencia y el apoyo que muestran sus seguidores en las redes sociales, sino por lo económico y rápido que resulta realizar un formato de estas características. Y es que, si además se tiene en cuenta que luego se llenan minutos de otros programas al dedicarlos a comentar las actuaciones de los/as tronistas y pretendientes/as y, que estos son luego protagonistas de otros formatos de la cadena, el bucle no puede ser más redondo. Lo que no se sabe es por qué no se ha actuado aún para dar un giro a MYHYV si se tiene en cuenta que constituye un factor influyente para el target hacia el que principalmente va dirigido: jóvenes y adolescentes. Un sector de la sociedad que eleva a los altares a este tipo de personajes que no hacen otra cosa que ofrecer una imagen estereotipada, humillante y distorsionada de la realidad, al transmitir el mensaje de que si la mujer se mantiene joven, guapa y ‘siliconada’ y actúa como una mercancía frente al hombre, puede alcanzar la fama, el éxito y el dinero de forma fácil. Luego nos sorprendemos cuando las encuestas señalan que cada vez más jóvenes justifican unos comportamientos machistas frente a sus novias. Pero la verdadera sorpresa está en que ellas mismas lo aceptan y no son capaces de verlo.

Autor: Sara González. Aquí puedes consultar el artículo original.