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La televisión: ¿genera violencia y agresividad en los niños y adolescentes?

Publicado 27/05/2010

Introducción

Dentro de los medios de comunicación de masas, la televisión es el más cercano y accesible para los niños, ya que su uso está totalmente generalizado y no requiere ni esfuerzos altos ni de habilidades muy complejas para recibir la información que allí se muestra. Ésta presenta estímulos audiovisuales, que son más efectivos que los visuales y auditivos por sí solos. Por ello, se impone sobre los otros medios de comunicación, siendo una fuente efectiva para la creación y formación de actitudes en los niños, ya que desde temprana edad, son sometidos a su influencia sin poseer otro tipo de información.

Se sabe que la TV tiene influencias tanto positivas como negativas en los niños, por esto es importante analizar estas influencias y sus efectos para así poder controlar los negativos y promover los positivos. De esta forma, entre los efectos negativos Medina (2000) describe que “la conducta agresiva, la adquisición de los roles de género y, por último, la educación y la conducta prosocial (o adaptativa)”son las que se encuentran más influencias por la televisión.

Violencia y televisión

Actualmente, el tema de la violencia en la televisión ha generado gran preocupación, debido a que estimularía la conducta agresiva en los niños (Rice, 1997), los cuales pasan muchas horas frente al televisor viendo programas infantiles (tales como los Power Rangers o Dragon Ball Z, PoKemos, etc.), o para adultos, siendo los primeros seis veces más agresivos (Papalia, 1997).

La violencia en la televisión y sus efectos sobre las actitudes de las personas ha sido tema de diversas investigaciones que buscan establecer si existe alguna relación entre estos dos elementos y su naturaleza.

Los niños que ven violencia en la pantalla se comportan más agresivos sin importar su localización geográfica, su sexo, su nivel socioeconómico o si tienen problemas emocionales. Este efecto es interdependiente, es decir, los niños agresivos eligen programas violentos y aquellos que ven estos programas, son más agresivos. “La televisión fomenta la conducta agresiva de dos modos, o imitan el modelo que observaron y llegan a aceptar la agresión como conducta apropiada” (Rice, 1997).

De esta forma, hemos de definir la violencia dentro del ámbito televisivo, distinguiendo tres tipos: violencia narrada, visual y verbal. La primera corresponde a las amenazas de carácter verbal, actos y/o consecuencias, hechos por una persona o personaje en la pantalla o que es escuchado desde fuera de ésta. La violencia visual efectuada de manera gráfica (aparece en la pantalla). Por último el lenguaje oral es usado con la finalidad de agredir o intimidar pero sin recurrir a la amenaza de fuerza física (violencia verbal).

No obstante, la violencia puede ser transmitida, a su vez, por diversas vías, entre las que podemos encontrar, la amenaza creíble, donde se da a entender de manera verbal y no verbal que se pretende llevar a cabo un acto violento con el propósito de intimidar. La agresividad se muestra también cuando se hacen explícitas las consecuencias de la acción (tendrían acciones legales, desprecio social, acto violento y autorrecriminación), es decir, mostrar y/o narrar los daños provocados por un hecho violento, además de la puesta en pantalla de castigos y premios.

Programas de televisión y aprendizaje

La imitación, el aprendizaje vicario de Bandura (1963) es el primer mecanismo de aprendizaje que tienen los niños. Sin embargo, éstos “no son selectivos en su imitación para modelos reales como con personas en la televisión o dibujos animados” (Levine, 1997). Así pues, para Gadow y Sprafkin (cit. en Pérez, Navas y Polyesko, 2000) “el hecho de ver en la pantalla conductas agresivas, inducirá una conducta similar en los niños los que la aprenderán por imitación”.

Sin embargo, los niños no imitan tan fácilmente lo que ven, lo que aprenden en los medios es más que imitación, ya que, de la gran cantidad de conductas, imágenes, actitudes y valores a los cuales están expuestos, eligen sólo algunos (Medina, 2000). Así pues, el niño, después de observar episodios violentos, puede que no actúe violentamente pero esto no significa que no haya aprendido una solución agresiva.

Se ha encontrado que los programas que más violencia contienen son aquellos que podríamos denominar “programas infantiles” o dibujos animados, siendo la modalidad visual aquella que predomina, seguida por la narrada y la verbal. La manera más frecuente en la cual se presenta es a través de actos violentos y amenazas creíbles. En este sentido una investigación llevada a cabo por la Revista Consumer (2000) define como características básicas de la programación infantil unos contenidos que muestran una excesiva violencia y mediocre calidad técnica y artística, transmitiendo, en ocasiones, unos valores (agresividad, sexismo, discriminación del diferente, consumismo irracional y compulsivo) poco adecuados para los niños, que se encuentran en pleno proceso de formación de su personalidad. Además, y tal y como se puede comprobar, contienen mucha publicidad, tanto en los minutos anteriores como posteriores a los programas.

También otras notas significativas son que los programas infantiles se dirigen más al campo afectivo-emocional, focalizándose más en las emociones instintivas que en los sentimientos. Además modifican y distorsionan la percepción de la realidad y empobrecen el lenguaje e informan poco de lo que ocurre a nuestro alrededor.

Lo más frecuente es la intimidación, seguido por golpes y disparos. Las consecuencias de dichos actos están dadas en gran medida por amenazas con alto grado de credibilidad, daños físicos menores, muerte, daño evidente pero desconocido en su magnitud, así como dolor o heridas. Dentro de las armas más utilizadas se encuentran las pistolas, las armas blancas, el propio cuerpo y otros elementos.

Una vez que el niño ha observado las escenas de violencia puede que no actúe violentamente pero esto no significa que no haya aprendido una solución agresiva. A medida que son mayores, la conducta agresiva refleja más estilo interpersonal que cada uno está desarrollando, lo que se unen ciertas variables para que un mensaje de los medios de comunicación sea efectivo. Según Levine (1999, cit en Medina, 2000) éstas son:

*    La identificación con el personaje: si son atractivos, respetados y poderosos, nos identificaremos con él y lo más probable es que lo imitemos.

*    Que la violencia sea reforzada: los niños llegan a conclusiones morales observando qué conductas son castigadas y cuáles no lo son, repitiendo, obviamente, aquellos que son reforzadas y justificada.

*    Que la violencia parezca real o ficticia: aunque los niños sepan que los dibujos animados no son reales, “el ver frecuentes episodios de violencia en éstos igual aumenta la agresividad” (Levine, 1997).

Por otro lado, los programas de televisión en los horarios de mayor audiencia muestran una media de cinco escenas violentas por hora, y los dibujos animados veintitrés escenas por hora. Por ello se ha concluido en diversos estudios que las personas que ven mucha televisión son más temerosas e inseguras, esto ocurre tanto en adultos como en niños. En general, se presenta una idea equívoca y pesimista del mundo, afectando más a los niños, pues tienen menos información (Levine, 1997).

Investigaciones sobre violencia y agresividad en la televisión

A pesar de todo lo dicho existen personas que consideran que el efecto de la violencia en la televisión sobre los espectadores no incrementa las conductas agresivas. Al contrario, serviría según ellos como un medio para descargar indirectamente la agresividad, al permitir que el televidente se relacione con el personaje de tal forma que libere todos los pensamientos y sentimientos violentos a través de dicha relación (un efecto de catarsis).

Son muchos los investigadores que han planteado una hipótesis de agresión inducida por programas de televisión en niños. Según Bandura, y como ya hemos dicho, los niños pueden aprender conductas agresivas a través de la observación de modelos simbólicos presentados por la televisión. Drabman y Thomas (1989, cit. en Feinbloom, 1989), añaden que los niños que ven con frecuencia programas televisivos de contenido violento, se convierten en apáticos a la violencia de la vida real.

Por su parte, Gerbner y Gross (1989, cit en Pérez, Navas y Polyesko, 2000) en un artículo titulado La Violencia Prolifera, demostraron que durante el año 1989 ocurrió violencia en el 73 % del total de programación de los Estados Unidos y en casi todas las caricaturas infantiles. Según Rothemberg (1975, cit en Pérez, Navas y Polyesko, 2000) la media es que haya seis veces más violencia durante una hora de televisión infantil que en una hora de programación adulta.

Por otra parte, investigadores han concluido que los niños que ven violencia en los medios de comunicación, tienen más probabilidad de considerar las peleas como un mecanismo normal para solucionar los conflictos (Levine, 1997). No obstante, no podemos establecer una relación causal entre la televisión y el comportamiento agresivo (Hoofman, Paris y Hall 1997) pero sí podemos afirmar, tal y como lo hace Lavine (1997) “que sus efectos no son triviales y pueden provocar incluso algunas tragedias”. De ahí que la APA, haya solicitado un mayor esfuerzo para reducir y mitigar, en lo posible, la violencia televisiva (Papalia, 1997).

La contradicción entre los diferentes resultados de los estudios realizados para evaluar el efecto de la violencia en televisión sobre el aprendizaje y el comportamiento de los televidentes y la imposibilidad para establecer resultados concluyentes, lleva a pensar que la conducta humana es lo bastante compleja como para pretender explicarla a partir de un solo elemento.

En muchas ocasiones los niños ven la televisión como una consecuencia del medio, es decir, a pesar de las motivaciones y satisfacción personal que puede generar, el niño contempla la televisión como resultado del contexto. En este sentido, Pérez, Navas y Polyesko (2000) añaden “el factor situacional externo al niño” como causa de que vea la televisión ya que “el niño ve televisión porque le es impuesta por el medio; porque no le queda otro remedio”. Se le ofrece en el ambiente del hogar y se le refuerzo continuamente la conducta de contemplarla; y es que en muchos casos constituye la única compañía del niño llegando a ser, en ocasiones, una socorrida niñera.

En toda comunicación se persigue un efecto determinado. Goranson´s (cit en Pérez, Navas y Polyecsko, 2000) identifica cuatro efectos claves: efectos en el aprendizaje; efectos emocionales; efectos en la respuesta de catarsis y efectos en la conducta.

Televisión y familia

Sin embargo, ante tal situación, los padres pueden proteger a los niños del exceso de violencia en la televisión (Donas, 1998):

*    Prestando mayor atención a los programas que ven los niños y estableciendo límites en el tiempo que pasan viendo televisión.

*    Evitando que vean aquellos programas conocidos como violentos.

*    Señalar al niño que aunque el actor no se lastimó, hirió o murió durante el programa, la violencia puede producir dolor o muerte en la realidad.

*    Desaprobando los episodios violentos que suceden frente a los niños.

Los padres deben utilizar estas medidas para prevenir los efectos dañinos que la televisión puede tener en otras áreas como el estereotipo racial o sexual. En este sentido Feinbloom (1989, cit en Pérez, Navas y Polyesko, 2000), manifiesta que los efectos de la violencia física afectan selectivamente a los hombres, mientras que las mujeres manifiestan igualmente, fuerte reacciones por medio de expresiones de carácter verbal y psicológico.

Conclusiones

La importancia de la televisión en la sociedad, ha influido en la vida de todos sus miembros, sobre todo de los niños que son los que pasan más horas frente al televisor. Por ello, no es algo novedosa el decir que la TV tiene gran influencia en el desarrollo de los niños no es para nadie una novedad. Igualmente, se sabe también que su influencia pueden ser tan negativa como positiva.

La preocupación científica se ha centrado en el primer tipo, destacando, la gran cantidad de violencia emitida por televisión en programas para adultos y también en los destinados a los niños. Por último, es importante destacar la enorme responsabilidad de los padres en la cantidad y calidad de televisión a la que estén expuesto sus hijos, pues deben fomentar una vida familiar con más conversación e interacción entre sus miembros.

Referencias biográficas

- AAVV (2000). Poca calidad técnica y escaso cuidado con los valores que se difunden. Revista Consumer, nº 25 (Revista Electrónica). Disponible en: http://revista.consumer.es/may2000/)

- BANDURA, A. (1963). Aprendizaje social y desarrollo de la personalidad. Madrid: Alianza.

- DONAS, S. (1998). Televisión y violencia: su impacto sobre los niños y adolescentes . (Artículo electrónico). Disponible en: http://www.binasss.sa.cr/adolescencia/television.htm

- HOFFMAN, L.; PARIS, S. & HALL, E. (1995). Psicología del desarrollo hoy. España: Mc Graw-Hill.

- LEVINE, M. (1997). La violencia en los medios de comunicación: cómo afecta al desarrollo de los niños y adolescentes. Bogotá: Norma.

- MEDINA, C. (2000). La Televisión y su influencia en los niños. (Artículo Electrónico. Disponible en: http://www.udec.cl/~clbustos/apsique/desa/index.php?texto=nitv.html)

- PAPALIA, D. (1997). Desarrollo humano. Santafé de Bogotá: Mc Graw-Hill

- PÉREZ, C.; NAVAS, S. & POLYECSKO, M. (2000). Televisión, violencia y niños. (Artículo Electrónico). Disponible en: http://www.geocities.com/HotSprings/Villa/1333/tvviolen.htm

- RICE, F. (1997). Desarrollo humano: el estudio del ciclo vital. México: Prentice-Hall.

Firma: Escandell Bermúndez, Olga & Rodríguez Martín

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