¿Qué tiene “Ana y los siete”?
Título: Ana y los siete
Género: Serie
Cadena: TVE1
Estrena: 2002
Producción: Star line
Idea original: Ana Obregón
Audiencia máxima: 6.920.000 espectadores, el 23 de enero de 2003.
Dirección: Rafael de la Cova, Pascal Jongen
Intérpretes: Ana Obregón, Roberto Álvarez, Micky Molina, Silvia Marsó, Deniel Freire, Javivi, Claudia Molina, Aaron Guerrero, Noelia Ortega, Nerea García…
Público recomendado por la televisión: Todos los públicos
Público recomendado: Jóvenes acompañados de adultos
Valoración técnico-artística: Producto de bajo presupuesto
Realizado mayoritariamente en escenarios interiores. Incluso, para los exteriores de la casa, se utiliza el recurso de mostrar un dibujo. No obstante, la factura visual y sonora es aceptable.
Valoración moral: Se anuncia como una serie familiar y blanca, pero su análisis contradice esta premisa.
VALORES: Amistad / Amor paterno / Amor entre hermanos / Solidaridad social / Diálogo / Conductos saludables respecto al alcohol y las drogas…
CONTRAVALORES: El fin justifica los medios / Sentimentalismo radical / Superficialidad en las relaciones humanas / Materialismo
La historia
La serie es una idea original de la propia protagonista, Ana Obregón, que ha preparado todos los elementos para su lucimiento personal. En esta mezcla de Blancanieves, con la película Sonrisas y lágrimas y y la serie americana La niñera (entre muchas otras referencias) siempre hay un objetivo claro: buscar la complicidad y la audiencia, añadiendo, además, otros enfoques más, supuestamente, “modernos”.
En varias declaraciones de prensa, la creadora y productora Ana Obregón, ha defendido el producto, diciendo que quienes ataquen a su supuesto valor como creativa y actiz lo hacen por venganza o manía personal. La verdad es que ella se ha convertido en uno de los personajes más presentes en la prensa del corazón (queriéndolo o no), y esto se suele pagar caro. Además, su trayectoria “artística” ha pasado por más proyectos mediocres que excelentes.
No obstante, “la niñera” de TVE también afirma sentirse orgullosa de vencer en audiencia a la telebasura (supuestamente encabezada por Hotel Glam y Crónicas marcianas, a quienes quita audiencia cada lunes). Aunque el triunfo es loable, y su serie en comparación con los dos productos de Gestmusic para Telecinco es superior, tampoco es para etiquetarla de televisión de calidad. Puede estar viendo lo que, en realidad, no es. Para profundizar en las claves del éxito y desgranar qué modelos ven Ana y los 7, sigan leyendo el artículo.
Los personajes
Después de haber sido asidua espectadora de Ana y los 7 -serie que intenta emular, a través de su título, a la mejor, más inocente y más tierna película de Walt Disney, la archiconocida Blancanieves y los siete enanitos-, me dispongo a hacer unas breves reflexiones sobre por qué algunas series juveniles triunfan, y otras no soportan estar en pantalla en más de dos proyecciones. “¿Qué tendrá Ana que no tenga yo?”, se preguntan otras productoras de marginadas series juveniles y familiares. Pues Ana tiene unos ingredientes que, seguramente, la han traído donde está.
Ambiente lujoso -poco a ver con la mayoría de los hogares españoles, pero invita a soñar en que un día u otro nos tocará la lotería con mayordomo incluído- porque la serie tiene mayordomo, cocinera y NIÑERA, la cual escribo en mayúsculas porque sin ella la serie no sería lo que es. Alrededor de esto tenemos que añadir un banquero viudo, con siete hijos comprendidos en edades en las que se pueden identificar la mayoría de los niños y adolescentes de nuestro país, pues Lucía, la hija pequeña, tiene cinco añitos, y a partir de ella contamos siete criaturas hasta llegar a la hija mayor, que tiene 20 años, ya iniciando su juventud y su edad adulta. Tenemos que resaltar la presencia de gemelos con la consecuente confusión que, en muchas ocasiones, propicia su parecido. Pero, ¿qué sería de esta producción si solo contara con estos ingredientes? Es lo mismo que si me preguntara qué sería de Blancanieves sin la madrastra, sin la mala, la que tiene las intenciones torcidas, la que engaña simulando un embarazo para casarse con Fernando. ¿Qué sería de Ana y los 7 sin Alexia? Porque, a la madrastra, si hay una cosa que le gusta no son, precisamente los niños, sino el dinero. En honor a la verdad, tengo que decir que la madrastra no es oficial, puede llegar a serlo, pero Fernando se debate en un mar de dudas porque también está un poco enamorado de la “buena Ana”, la niñera.
Buena porque tiene gran paciencia con los niños, no llama para poner en funcionamiento su autoridad. Pero lo que mejor la caracteriza es que es una “niñera enrollada”, experta en flirteo, en el que se llaman relaciones de corto abaste en las que predomina el sentimiento ante la razón. Es consejera amorosa, levanta los castigos, juega con ellos, es un modelo errante de indumentaria sexy e insinuante, domina el terreno de la seducción, es una “buena niñera blanda”, que intenta jugar al papel de madre. No obstante, todos sabemos que una buena madre, por el bien de sus hijos, es una madre exigente.
Por otra parte, su vida no es del todo coherente. Por la noche es una cotizada streaper en un local para público básicamente masculino. Pero incluso, en este ambiente, sigue siendo buena, con una amistad a prueba de bomba con su compañera de striptease, a la que le aconseja que deje de fumar, ya que está embarzada y esto puede perjudicar a su futuro niño, como si su profesión no le trajera peores consecuencias para el futuro desarrollo del niño. Lo que es “políticamente correcto” en esta sociedad en la que vivimos es no fumar, lo otro es síntoma de progreso y tolerancia.
En esta serie, el fondo de las personas, la coherencia de su vida, la sinceridad en las relaciones, no importan. Fernando desconoce que su niñera se dedica por las noches a lo que se dedica, hecho que yo, como madre, me gustaría conocer para saber con quien dejo mis hijos, y sobre todo que Fernando tiene que conocer, en el momento de tomar la decisión de casarse con ella. Quiero decir con eso que esto no supone que Ana no sea una persona honrada, honesta y buena, pero está claro que su trabajo nocturno no es honrado, ni honesto ni bueno.
En este conglomerado de personajes no podemos obviar a David, hermano de Fernando, paradigma del vividor con infinitas relaciones de todo tipo de mujeres que ofrece a Ana un tipo de relación que él domina, corta, efímera, sin compromiso y sin consecuencias.
Y finalmente, el padre de Fernando, el abuelo de la “prole”, hombre setentón y en permanente búsqueda de una juventud ya pasada, que le provoca la jocosidad más que otra cosa. Todo esto envuelto en un clima de lujo y materialismo.
El conjunto ha atraoado a nuestra audiencia más joven adolescente. Y los padres, al pensar en un pobre viudo con siete hijos y una buena y encantadora niñera que los puede liberar de una mala madrastra, hemos confundido una serie con claras objeciones en una inocente serie familiar apta para todos los públicos. Es una serie para ver con los hijos adolescentes y comentar muchos de los aspectos que van surgiendo, y es claramente desaconsejable para una franja de edad comprendida entre 9 y 13 años que, según tengo entendido, son fervorosos seguidores de Ana y los 7.
El fin justifica los medios
El trabajo nocturno de Ana es el tópico que sirve de referente a todo el hilo argumental de la serie: el finjustifica los medios. En el momento en que Ana encuentra su trabajo de niñera quiere dejar el club nocturno. Incluso su amiga Sharon le pregunta que, si no necesita el dinero, por qué sigue bailando. Es una cuestión de compromiso y lazos afectivos lo que le mantiene unida al striptease. Más adelante, Sharon se queda embarazada y con una serie de deudas a las que no se puede enfrentar. Ana decide pasar el dinero que gana en el club a su amiga sin que ella lo sepa. Una vez más Ana es la honrada, la generosa y perfecta amiga que se sacrifica por su amiga. Y digo yo, trabaja a jornada completa en casa de un millonario, de hecho vive y come allí, y por lo tanto no paga alquiler, no paga ni comida ni bebida, ni electricidad, ni agua, ni factura telefónica, ni nada de nada; ¿no existe otra forma de ayudar a su amiga?
Reconozcamos que el hecho que Ana trabaje de noche en un club nocturno aporta este tono morboso entre lo que es socialmente aceptado y lo socialmente “mal visto”, entre la virtud y el vicio, entre la debilidad humana y la capacidad de sacrificio. En definitiva, Ana no es perfecta porque también tiene a sus pequeños, o grandes secretos; pero, ¿por qué quieren hacernos creer que no hay maldad en ella? Las cosas que se digan claras. No puedes hacer creer a un adolescente que trabajar de noche en un striptease y ser la perfecta niñera de día es lo mejor que te pueda pasar en la vida. O peor, no puedes hacerles creer que las niñeras, las madres o cualquier persona que tenga a su cargo la educación de un menor tiene que ser como Ana. Así llegaremo a un “nada” productivo.
Este argumento sirve para cualquier situación que se presenta en la serie: los enamoramientos de los adolescentes de la casa, la falta de sinceridad entre las parejas, los matrimonios por interés o las situaciones de adultos en las que se presentan a menores. En este último punto me gustaría detenerme un instante. Es grave y es inadmisible que una serie que gallea de ser familiar y blanca, UTILICE (en mayúsculas) a niños de entre 5 y 10 años para interpretar gags que sólo los adultos pueden entender hasta sus últimas consecuencias. Es cierto que queda diluido así el contenido o la intención. Pero ¿qué tiene que pensar un niño de 5 años cuando otro de su misma edad habla de bocadillos cuando se refiere a hacer el amor, o deja embarazada a alguien por capricho infantil?
No entraremos en el capítulo de embarazos no deseados, o de la educación sexual de los hijos, pero es un tema para reflexionar y, si somos padres responsables, no tenemos que dejarlo en manos de la televisión o, en este caso, de una niñera de cuento.
Poco sitio ocupa el estudio, y esto que hablamos de una familia con una multitud de hijos en edad escolar. ¿Por qué no fomentar el estudio, el esfuerzo para conseguir objetivos?
Como en toda producción, también pueden encontrarse aspectos positivos. Algunos de ellos son: el diálogo familiar, la atención que tiene que dedicar un padre a sus hijos, las relaciones entre los hermanos, la convivencia entre diferentes clases sociales, la colaboración con ONG’s, el tratamiento de bebidas alcohólicas, el tabaco o las drogas. Temas tratados con perspectiva pedagógica.
Ficha de trabajo en grupo
ESO/ Bachillerato:
- Ver un capítulo y/o explicar el argumento general de la serie.
- Buscar los referentes literarios y cinematográficos de la serie. Una vez opuestos, exponer qué puntos tiene en común con ellos la sere Ana y los 7, y qué puntos los diferencian. Intentar explicar el motivo de las cariantes y valorarlos artística y moralmente. Ejemplo: Ana y los 7 y Sonrisas y Lágrimas. ¿Cuál es el trabajo de las dos protagonistas? ¿Qué diferencias hay entre lo que hacen y como lo hacen?/ Ana y los 7 y Pretty Woman. ¿En qué se parece el papel de Richard Gere y el de Roberto Álvarez? ¿Qué importancia se le da al dinero? ¿Es la única manera de salir del mundo en el que no se desea vivir? ¿Quiere Ana, realmente, dejar de trabajar en un club nocturno? ¿Y Lidia (Julia Roberta)?…
- Explicar brevemente el papel de los niños y jóvenes en la serie. ¿Por qué los guionistas les hacen protagonizar los momentos más conflictivos de la serie? Intentar descubrir el propósito de los guionistas respecto a estos personajes. Hacer lo mismo con Alexia o Daniel (¿cuál es su rol y por qué desaparece de este rol). ¿Tiene algún objetivo la aparición de Fonti? ¿Cuáles son los motivos por los que Alexia se quiere casar con Fernando? ¿Y los de Ana? Establir y definir el rol que ocupa cada personaje de la serie.
- Valorar artísticamente la interpretación de los actores: entonación (estridente o equilibrada), credibilidad y versatilidad entre escenas dramáticas y cómicas…
- Hacer una relación de los temas que aparecen en un capítulo. Anotar qué personajes los protagonizan y cómo se posicionan enfrente suyo. Valorar el tratamieno del mismo.
- Hacer una relación de valores y contravalores que aporta la serie.
¿Por qué los niños no cuentan para las audiencias televisivas?
Según vienen denunciando algunos informes elaborados por Asociaciones de Telespectadores, facultades de comunicación y grupos de investigación acerca Comunicación, Sociedad y Cultura, las cadenas de televisión -tanto públicas como privadas- infiringen su propio código de autorregulación acerca contenidos televisivos, que teóricamente elaboran para proteger a niños y jóvenes.
Ni a las cadenas de televisión ni al Gobierno parece preocuparles los constantes incumplimientos de este Código, firmado hace cuatro años, para proteger a niños y jóvenes.
En concreto, según un informe de la Universidad Juan Carlos I, tanto TVE como Antena 3, Cuatro, Telecinco y La Sexta se saltaron hasta 9.000 veces, en tan solo 14 semanas, los acuerdos que habían suscrito en 2004.
Se trata de una conclusión a la que no es difícil llegar, a la mínima que se está delante del televisor, en cualquier hora del día, pero especialmente en el denominado horario reforzado, es decir, de 17h a 20h, en el que se supone que la cura tiene que ser exquisita, al tratarse de horas en las que los menores consumen más televisor, con el agravante de que muchos la ven solos, porque llegan a sus casas y no hay nadie con ellos por el hecho de que sus padres están trabajando: son conocidos como niños llave.
La autorregulación en materia de programación televisiva ha estado una exigencia que viene repitiéndosde desde hace mucho tiempo por las instancias comunitarias. Ya se recogió en la Resolución del Parlamento Europeo del 24 de octubre de 1997. Pues bien, el 9 de diciembre de 2005, por fin se firma el Código de Autoregulación acerca Contenidos Televisivos e Infancia entre el Gobierno de España y las principales cadenas de televisión generalista. Su objetivo era proteger a los niños de los contenidos perniciosos emitidos en la televisión.
Para conseguir el objetivo programado, según la Directiva de la Televisión sin Fronteras, se establecen franjas horarias donde prohibir contenidos no recomendados como pueden ser los de carácter violento, sexual y los relativos al ocultismo y las drogas. La franja de protección abarca de 6 a 22h, con espacios de protección reforzada, como los que he comentado antes.
Además, el Código se comprometió a aplicar un sistema de clasificación y señalización de la programación televisiva. Esta clasificación es publicitaria en medios diferentes (página Web, prensa diaria y revistas).
Este Código, al ser una manifestación de la libre voluntad de los firmantes -promotores y adheridos-, tendría que tener un mayor compromiso de cumplimiento por parte de los operadores. Sobre todo cuando en España no existe un Consejo Audiovisual estatal similar a los que existen en los países de nuestro entorno.
La pregunta que nos hacemos todos es: ¿por qué crear un Código de Autorregulación si se vulnerará? Quizá la respuesta la podemos encontrar si observamos que este texto no está sujeto a jurisdicción ni a instancia, sino que es una mera declaración de intenciones. Como “su” Código de Autorregulación, los firmantes son los que se regulan. Ellos mismos deciden quién, cuándo y cómo se vulnera el Código, ¡y en esto consiste la autorregulación!
Para maquillar el control encargan a un organismo mixto de atender las denuncias de los ciutadanos. Este organismo, por supuesto, está formado por sus propios canales y el Gobierno, con una pequeña representación -proporcionalmente irrelevante- de las asociaciones de usuarios. Un dato que constata la fallida de confianza es que éste sólo ha aceptado más de setecientas denuncias. Y los programas denunciados -no más de siete- han seguido en antena con los mismos contenidos.
Pero, ¿qué hay detrás de esta vulneración constante de la “autonorma”? La respuesta más directa es que el imperativo comercial y las audiencias determinan la programación televisiva y los niños no cuentan porque, además de no tener poder adquisitivo, sólo consumen anuncios en campañas navideñas.
Desde esta tribuna apelo a los directivos de las cadenas de televisión y a la administración política para que tengan presente la responsabilidad social de su función, que no tiene por qué ser incompatible con la de atender estrategias comerciales y crear productos televisivos de calidad.
Porque supongo que si se ha elaborado el Código de Autorregulación, es porque éticamente lo ven necesario, porque socialmente es plausible y porque democráticamente era indispensable proteger la indefensión de niños y jóvenes. Ahora solo queda cumplirlo por la vía del deber y del compromiso adquirido, porque la vía de la sanción es impracticable en un país, a causa de la ausencia de medidas legales coercitivas.
Deportes para todos
En esta web se incluye una oferta de servicios y actividades dirigida a clientes particulares, familias, grupos de empresas y grupos escolares, permitiendo combinar varias actividades deportivas y de aventura. Una vez elegida las actividades, nos preparan la mejor oferta y un programa de rotación que se adapte a nuestras necesidades.
Las tendencias del ocio actual han cambiado, las personas buscan nuevas alternativas al sol y la playa, a la nieve y a la montaña e incluso a la misma ciudad. Surge asi una nueva manera de emplear el tiempo de ocio huyendo de la frenética activida a la que el ser humano está sometido.
DUAKA ADVENTURES S.L. pone a su disposición su Departamento Escolar ubicado en el Albergue Mas Silvestre de Cayamars, un albergue pertenecientea la red de albergues de la Generalitat de Catalunya, situado a 30 minutos de Barcelona, donde los alumnos podrán practicar deportes de aventura en plena naturaleza. Ver la ficha.
Ventdelplà
Teresa Clarís se va de Barcelona, con sus hijos, Biel e Isona, para huir de los maltratos de su marido, Damià Delmas. Así regresa a Ventdelplà, el lugar de origen de su familia y donde veraneaba de pequeña, donde empieza una nueva vida trabajando como médica en el CAP y abriendo su propia consulta privada. En esta localidad gerundense se enamora de David Estelrich, hijo pequeño de una familia humilde de labradores, con el que se acabará casando, a pesar de los sucesivos obstáculos. Juntos tendrán un hijo, Eloi. Desgraciadamente, el bufete de abogados donde trabaja David, lo hará viajar a Canadá y después se traslada a Barcelona, cosa que dificultará su relación.
La serie parte de la vida de Teresa, pero como indica el título, se trata de un producto coral, que intenta reflejar el día a día de un pueblo de Cataluña. En este sentido, una de las claves del éxito es la proximidad y localismo -que se acentúa en emitirse por un televisión autonómica-, hecho que faciluta en cierto modo que la audiencia se identifique con la serie.
Por ejemplo, Ventdeplà es en realidad la localidad gerundense de Breda (donde se han grabado todos los exteriores). A lo largo de la serie se hace referencia a Barcelona, y sus personajes se mueven en sitios habituales de cualquier población: la tienda de ultramarinos, la consulta del médico, el bar, la escuela pública, el hostal… Y para acercarse aún más a la “realidad catalana”, se intenta mostrar la diversidad de la que se han enriquecido muchos pueblos a lo largo de los años. Vemos dos personajes de origen andaluz, como es el caso de Ramiro González y su mujer Marcela Úbeda, que regentan el bar del pueblo La Tramuntana, o Ruth, recién llegada, que trabaja en el supermercado. Aunque siempre acaban cayendo en el tópico.
La pluralidad de personajes también ayuda el éxito -recurso que utilizan la mayoría de series españolas- y que tampoco está exento de clixés. Nos explican los problemas de los adolescentes con los personajes de Isona, Biel o Alba; de los jóvenes de la mano de Nicole, Mònica o Julià, de los de mediana edad con Teresa, David o Concepció; y de la gente mayor con Llibert y Dora, por poner algunos ejemplos.
Esto no significa que se trate de un fidedigno retrato sociológico de las zonas rurales de Cataluña. No nos engañemos, Ventdelplà encaja perfectamente con el patrón del clásico culebrón, aquellos que se caracterizan por ser sumamente largos, lacrimógenos y con un marcado acento melodramático. Las historias de sus vecinos ya han llegado a las cinco temporadas, en las que nos han hecho llorar con la aparición de enfermedades casi incurables, accidentes de coche mortales, divorcios, dolorosas separaciones, hogares rotos o marcados por la violencia doméstica…
Una radiografía de un pueblo gris, donde sus personajes parecen víctimas de un destino oscuro del que no pueden escapar, ni despistarlo para saborear un poco la felicidad. Todos ellos están ensimismados con sus problemas de pareja y personales, víctimas de su inestabilidad emocional y su desorden afectivo; y casi nunca los vemos moverse por el bien de la comunicad, organizando actos culturales y lúdicos -habitual en muchas poblaciones catalanas- que refuercen su convivencia y cohesión.
No es de extrañar tratándose de un producto de Josep Maria Benet i Jornet -que idea telenovelas como rosquillas y parece tener un contrato indefinido con TV3- en las que la desgracia siempre se apodera de sus personajes. Basta pensar en títulos como Nissaga de poder, La Rosa, Laberint d’ombres, Zoo…
Pero el secreto de su proliferación no se debe a una capacidad imaginativa extraordinaria, sino a una producción en cadena. Basta mirar el parecido entre las tramas de El cor de la ciutat, Poblenou i Ventdelplà, donde solo cambian los escenarios (el barrio de Sant Andreu y Poblenou de Barcelona y el pueblo de Breda, respectivamente).
Y qué decir de los actores, que siempre son los mismos… por citar algún ejemplo, Emma Vilarasau era la malvada Eulalia de “Nissaga de poder”, y ahora es la sufrida Teresa de Ventdelplà.
En definitiva, unas trames vistas infinidades de veces, sin sorpresas en la realización, con personajes planos y tópicos y con poca verosimilitud, fruto de su larga estada en antena y el cambio constante de acotres porque tienen nuevos proyectos. Una lástima que esto sea la apuesta en prime time de una televisión pública.
Firma: Teleespectadors Associats de Catalunya
Enseñar a ver la televisión es cosa de todos
En este trabajo, se realiza una reflexión sobre la presencia de la televisión en las vidas de las personas y la necesidad de promover la regularización de los programas televisivos, así como la alfabetización de nuestros niños y jóvenes para que adquieran las competencias necesarias para realizar un consumo del medio televisivo de una manera inteligente, activa y crítica. También se destaca el papel de las administraciones, las familias, los educadores y los propios medios.
1. La TV: el medio por excelencia
Aunque en los últimos tiempos, Internet se está convirtiendo en el medio que está revolucionando la información y la comunicación en la sociedad actual,ya que una persona desde cualquier parte del mundo puede intercambiar información y establecer una comunicación instantánea sobre cualquier asunto, el medio televisivo se constituye todavía en el de mayor impacto en la vida de las personas, capaz de cambiarles las ideas, los valores e incluso los modos de vida de las personas. Un poder que reside en su capacidad de impacto, de penetración social, de persuasión que produce un efecto hipnotizante.
La televisión forma parte de nuestra existencia, como lo corroboran datos recientes (de octubre de 2006 a mayo de 2007) aportados por la Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación (AIMC) que nos muestran que el índice de penetración de la televisión se sitúa en torno al 88,8% de la población española, con un consumo de 222 minutos por persona y día, cifra bastante alta y que nos debe hacer reflexionar.
Su presencia es tan fuerte que la consideramos como uno más de la familia. Tanto es así, que nos acompaña a lo largo del día, la encendemos y aunque no le prestemos atención, ahí está condicionando, en ocasiones, la comunicación humana. Pensemos por un momento en una escena habitual: toda la familia frente a ella, pendiente de la pantalla, nos miramos poco, hablamos menos e incluso discutimos y hasta nos enfadamos por imponer nuestras preferencias en la elección de programas. ¿No es esto un uso indiscriminado, inconsciente y pasivo del medio televisivo? Pero la televisión no siempre cumple con su misión de informar, entretener y «formar», sino que también es utilizada para transmitir mensajes, hábitos no saludables, patrones de comportamiento, modelos de vida a imitar, o nos incia al consumismo, o nos «deseduca».
Por ello, es necesario que promovamos la reflexión sobre nuestra relación con el medio televisivo, que conozcamos cuáles son nuestros hábitos y gustos como telespectadores, que tomemos conciencia de los códigos y recursos del lenguaje audiovisual empleados por la televisión para posibilitar la lectura crítica de sus mensajes y el descubrimiento de los mecanismos de manipulación utilizados, que analicemos la influencia que ejerce la televisión a través del reconocimiento de los valores y contravalores que nos trasmite, contrastándolo con la realidad cotidiana. En definitiva, empezaremos a aprender a ver la televisión de una forma racional e inteligente para alejarnos del hábito autómata del visionado inconsciente y de la adicción a este medio como único y excluyente recurso para el ocio.
2. El panorama
Aunque la sociedad y la profusión de medios de comunicación actuales no tienen nada que ver con la situación de hace varias décadas cuando algunos grupos de profesores y periodistas comenzábamos a reivindicar la educación en medios de comunicación como la mejor manera de preparar a nuestros niños y jóvenes a enfrentarse al consumo de lo audiovisual, la realidad nos hace reflexionar que todo nuestro esfuerzo en investigar, formar, publicar, comprometer a las Administraciones, etc. debe continuar, ya que, aunque se han conseguido muchas cosas, no han dado todos los frutos que hubiéramos querido.
En el contexto español estamos en una carrera de fondo, con muchos altibajos, pero que precisa del compromiso y de las aportaciones de todos los estamentos y agentes implicados. Basta un recorrido por las publicaciones del Grupo Comunicar desde sus orígenes hasta nuestros días para observar el lento proceso que ha seguido nuestra sociedad para darse cuenta de la necesidad de aprender a consumir los mensajes audiovisuales de forma racional y crítica, ante lo que es indudable: la convivencia diaria con ellos.
Concienciar a las diferentes Administraciones de que tenían que establecer los mecanismos precisos, tanto a nivel de materia educativa para promover la inclusión curricular de la educación en medios, como desde los propios medios mediante el establecimiento de normas que regulasen la programación televisiva, no ha sido una tarea fácil y ha precisado de un período de muchos años, pero consideramos que vamos por buen camino.
Este proceso que se fundamenta en la propia Constitución española, en particular en su artículo 39.4 por el que se establece una protección específica para los derechos de la infancia, se consolida posteriormente con la ratificación por parte de España, en noviembre de 1990, del Convenio de la Organización de Naciones Unidas del 20 de noviembre de 1989 sobre los derechos del niño.
Nuestra entrada en la Comunidad Europea acelera el compromiso de la Administración, y fruto de ello se firma el Convenio sobre principios para la autorregulación de las cadenas de televisión en relación con determinados contenidos de su programación referidos a la protección de la infancia y la juventud formulado por el Ministerio de Educación y Ciencia, las Consejerías de Educación de las Comunidades Autónomas y las Cadenas de Televisión, firmado en marzo de 1993.
Con la aparición de la Ley 25/1994, de 12 de julio, de Actividades de Radiodifusión Televisiva se llena de contenido el vacío legal que existía en España sobre protección de los menores en la programación televisiva. Así, en el Capítulo IV de la citada Ley 25/94, bajo el epígrafe «de la protección de los menores» se observa una especial preocupación por la protección de la infancia y la juventud frente a la programación televisiva, de tal manera que se dispone que las emisiones de televisión no incluirán programas ni escenas o mensajes de cualquier tipo que puedan perjudicar seriamente el desarrollo físico, mental o moral de los menores, ni programas que fomenten el odio, el desprecio o la discriminación por motivos de nacimiento, raza, sexo, religión, nacionalidad, opinión o cualquier otra circunstancia personal o social, para lo que establece un franja horaria de protección entre las 6:00 y las 22:00 horas en la que no podrán insertarse programas susceptibles de provocar dicho perjuicio.
Asimismo, se establece como obligatoria la señalización mediante una calificación orientativa que informará a los telespectadores sobre su mayor o menor idoneidad para los menores. La Disposición Adicional Tercera de la Ley 25/1994, con el epígrafe de «promoción de la autorregulación», señalaba el camino que había que seguir según lo previsto en el Capítulo VI de esta Ley, al proclamar que «los poderes públicos promoverán el desarrollo de organizaciones de autorregulación del sector, pudiendo acudir, también, a ellas, cualesquiera personas o entidades que se consideren perjudicadas». Posteriormente, el Real Decreto 410/2002, del 3 de mayo, desarrolló el apartado 3 del artículo 17 de la Ley 25/1994, de 12 de julio, modificada por la Ley 22/1999, de 7 de junio, por el que se establecieron los criterios uniformes de clasificación y señalización para los programas de televisión en función de su grado de idoneidad para los menores.
3. La labor educadora
El mismo Código de Autorregulación, en el apartado VI sobre Medidas adicionales, aboga por la alfabetización mediática tanto para los niños como para sus padres o tutores con la finalidad de que aprendan a utilizar los medios audiovisuales de una forma más eficaz. Para ello, se insta a que los propios operadores firmantes del Código colaboren con las autoridades públicas y con las entidades privadas interesadas en fomentar el uso responsable de los medios audiovisuales, en concreto, del medio televisivo en todas sus formas de difusión.
Por fin hay un reconocimiento explícito a la labor que hemos venido realizando desde hace ya dos décadas en la necesidad de educar en medios como la mejor manera de afrontar su consumo con éxito. No podemos olvidar que nuestros niños y jóvenes están sometidos diariamente al agobiante bombardeo audiovisual, que les va marcando y condicionando su existencia, por lo que se hace imprescindible su presencia en el aula, ya sea como recurso para el aprendizaje, como objeto de estudio o como técnica de trabajo. Enseñar a consumirlos, a entenderlos, a convivir con ellos desde un posicionamiento racional, crítico y creativo son demandados desde los foros intelectuales que reflexionan seriamente sobre las razones que justifican la integración curricular de los medios de comunicación en los sistemas educativos. Hacemos nuestra las propuestas de Len Masterman (1993: 15-38), experto en el uso de los medios de comunicación en el aula, cuando establece siete razones para considerar a la educación en medios de comunicación como un asunto prioritario:
- El elevado uso de consumo de los medios y la saturación de éstos en la sociedad contemporánea.
- La importancia ideológica de los medios y su influencia como empresa de concienciación.
- El aumento de la manipulación y fabricación de la información y su propagación por los medios.
- La creciente penetración de los medios en los procesos democráticos fundamentales.
- La creciente importancia de la comunicación e información visuales en todas las áreas.
- La importancia de educar a los alumnos para que hagan frente a las exigencias del futuro.
- El vertiginoso incremento de las presiones nacionales e internacionales para privatizar la información.
Por todo ello, se hace del todo necesario el establecimiento de propuestas didácticas dirigidas no sólo al alumnado sino también a las propias familias que les enseñen a entender el mundo televisivo desde una posición crítica, lo que les permitirá enfrentarse al desafío de la comunicación televisiva con posibilidad de éxito, y que posibilitará un consumo inteligente de los medios, racionalizando su consumo y preparando para saber leer, descifrar y hasta enfrentarse ante la ingente cantidad y variedad de mensajes que van a recibir diariamente, con lo que se evitará la manipulación, la transmisión de ideologías o estilos de vida, la adopción de contravalores, y en definitiva, la anulación de sus propias iniciativas, de sus conciencias y de su libertad.
Existen muchos materiales didácticos contrastados para enseñar a aprender a ver la tele (recogemos algunos de ellos como referencias bibliográficas), pero todos deben recoger, al menos, actividades de conocimiento sobre el medio televisivo, de investigación, de reflexión y de compromiso de cambio. Como ya exponíamos en la Otra mirada a la tele (1997, 222-224), cada sector de la comunidad educativa tiene encomendado un papel en la educación de medios. En el ámbito de los docentes, el profesorado debe estar sensibilizado y formado, para generar una dinámica de aprendizaje efectivo en las aulas que propicie la alfabetización en el lenguaje televisivo y la formación requerida para saber usar y consumir adecuadamente este medio. En consecuencia, sugerimos que dentro del plan de acción tutorial y, en consonancia con las actividades de formación previstas en los planes anuales de cada centro, se deben incluir propuestas de actuación tomando en consideración referencias básicas como las que se indican a continuación:
- Evaluación de necesidades formativas del equipo docente obtenidas a partir de debates y reflexión colectiva sobre el fenómeno de la televisión y su influencia en la infancia, adolescencia y juventud.
- Formación específica en educación del consumidor, a través de cursos, conferencias, jornadas… en colaboración con instituciones o grupos especializados en la temática. Se aprovecharán las convocatorias de las administraciones públicas y entidades privadas y siempre que sea posible se implicará a todo el profesorado del centro.
- Participación en la detección de necesidades del alumnado y sus familias.
- Colaboración en equipo para el diseño de programas de orientación y sesiones de tutorías a aplicar.
- Implicación responsable en la puesta en práctica y en la evaluación de las actuaciones desarrolladas.
En el ámbito familiar, las familias juegan el papel más decisivo en la formación de telespectadores y consumidores activos. Es en el seno familiar donde las personas «aprenden» a ver y a consumir la televisión, dado que es en el hogar donde se produce el contacto diario con este medio, de ahí la responsabilidad máxima de los progenitores. Sin embargo, el trabajo, las ocupaciones ante toda la escasa o nula preparación para ver y enseñar a ver televisión impiden que los padres puedan colaborar en la formación de sus hijos a usar críticamente la televisión.
Considerando estas circunstancias, se debe abordar el tema de la preparación de las familias mediante programas formativos y campañas de sensibilización y concienciación. Como sugerencias prácticas, incluimos una serie de consejos dirigidos a la familia para comprometerlas en la educación racional de la televisión:
- Habituarse a ver la televisión en familia.
- Ejercer una preparación intencional desde el nacimiento.
- No usar la televisión como «niñera».
- Comentar y debatir los contenidos y los programas visionados.
- Planificar un horario razonable de consumo televisivo, evitando el uso rutinario y mecánico.
- Detectar conjuntamente y evitar la manipulación del medio.
- Distinguir entre realidad y ficción, necesario e innecesario…
- Evitar su consumo durante las comidas y en las reuniones familiares o de amigos.
- Analizar las distintas programaciones de las cadenas y seleccionar atendiendo a la calidad.
- Conectar sólo para ver lo que interesa y conviene.
- Descubrir los posibles engaños y manipulaciones de los mensajes publicitarios.
- Localizar y destacar los aspectos positivos de los distintos programas.
En el ámbito del alumnado, nuestros niños y jóvenes constituyen la pieza clave sobre la que recae el efecto de todas las intervenciones hasta ahora expuestas. Será competencia de los equipos docentes el ofrecer el marco adecuado donde la oferta de iniciativas motivadoras permita entrar en acción, para conseguir una autoformación que les prepare para enfrentarse al medio televisivo como telespectador crítico y racional.
A continuación, daremos algunas pistas y orientaciones que puedan ayudar al docente en su planificación y su posterior explotación didáctica. Algunos de los objetivos que podremos tomar de referencia para guiar nuestra intervención, podrían ser los siguientes:
- Analizar y reflexionar, a partir de los mensajes de la televisión, para que los alumnos conozcan este medio y valoren la influencia que tiene en sus vidas.
- Promover la lectura crítica de los mensajes audiovisuales, reconociendo sus códigos y los mecanismos de manipulación que incitan al consumo.
- Descubrir valores y contravalores que se presentan en los distintos programas.
- Diferenciar los elementos de la realidad social, cultural y económica de su entorno con la que presenta la televisión.
- Potenciar una actitud crítica frente a la masiva oferta televisiva que les desborda, aprendiendo a autoprogramarse para consumirla.
- Encontrar y valorar alternativas frente a la adicción televisiva que ocupen su tiempo de ocio.
- Conocer y usar la televisión y sus códigos, no como receptores pasivos sino como creadores activos.
Sirvan estos objetivos, para reflexionar sobre la necesidad de enseñar a aprender a ver, a consumir la televisión y conseguir telespectadores responsables e inteligentes, con actitudes y valores positivos, suficientemente capacitados para desenvolverse ágilmente en una sociedad inmersa en un mundo consumista.
Referencias
AGUADED, J.I. (1998): Descubriendo la caja mágica. Cuaderno de clase. Huelva, Grupo Comunicar.
MASTERMAN, L. (1993): La enseñanza de los medios de comunicación. Madrid, La Torre.
MÉNDEZ, J.M. (2001): Aprendamos a consumir mensajes. Televisión, publicidad, prensa, radio. Huelva, Grupo Comunicar.
MÉNDEZ, J.M. (2001): Orientación e intervención psicopedagógica en secundaria para un consumo racional de los medios: diseño, aplicación y evaluación de un programa de orientación educativa para aprender a consumir mensajes. Huelva, Universidad de Huelva.
MÉNDEZ, J.M. y MONESCILLO, M. (1994): «Orientación y Acción Tutorial con los medios», en Comunicar, 2; 71-75. 7; 54-59. 18; 148-152.
MÉNDEZ, J.M. y MONESCILLO, M. (1997): «Acción tutorial y orientación para consumir televisión», en AGUADED, J.I. (Dir.): La otra mirada a la tele. Pistas para un consumo inteligente de la televisión. Sevilla, Junta de Andalucía, Consejería de Trabajo e Industria; 217-225.
Firma: Juan Manuel Méndez Garrido
Los clásicos que recupera la TDT
Los clásicos que recupera la TDT
La llegada de nuevos canales y la necesidad de cubrir tantas horas de emisión, permiten al espectador volver a ver algunas de aquellas series que marcaron a generaciones enteras.
A continuación se ofrece una selección de esos clásicos televisivos que, aunque pasados de moda, siempre son una opción para disfrutar en familia de lunes a viernes.
Padres forzosos a las 12 h. en FDF
En 1985 se inicia la emisión de esta comedia familiar que acabó en 1995 con 8 temporadas emitidas. Esta multipremiada sitcom de la cadena estadounidense ABC estaba protagonizada por Bob Saget, John Stamos y Dave Coulier en el papel de Danny Tanner, Jesse Katsopolis y Joey Gladstone respectivamente.
Danny es un padre viudo con tres niñas entre 12 y 2 años. Para ayudarle en la educación de las niñas y en la organización del hogar, su cuñado Jesse y su amigo Joey se trasladan a la vivienda familiar donde afrontarán situaciones de lo más corrientes pero llenas de humor y en las que destaca la unidad familiar, la sinceridad, el esfuerzo y la amistad.
El príncipe de Bel-Air a las 12 h. en Neox
Antena 3 emitió en repetidas ocasiones esta comedia que lanzó a la fama al actor norteamericano Will Smith. El príncipe de Bel-Air cuenta con 148 episodios y seis temporadas que ahora se reponen en Neox.
Se trata de una comedia familiar, emitida en Estados Unidos por el canal NBC desde el año 1990 hasta el año 1996, que -a pesar de que su “look” ya se ve anticuado- cuenta con tramas divertidas, buenos diálogos y personajes excéntricos que la han convertido en un clásico de la pequeña pantalla.
Cosas de casa a las 13 h. y a las 19:30 h. en FDF
Family Matters es una de esas comedias familiares que nacieron con el propósito de mostrar las situaciones corrientes de la época, con una pequeña moraleja, y cambió de estrategia argumental al descubrir la gran acogida de un personaje secundario, en este caso fue el inolvidable: Steve Urkel.
Con la baza fundamental del humor, esta sitcom cuenta con más de 200 episodios grabados y duró 9 temporadas en antena de 1989 hasta 1998.
Alfred Hitchcock presenta a las 20:30 h. en Veo
Entre los años 1955 y 1962 el gran director conocido como el maestro del suspense, Alfred Hitchcock, dirigió esta serie compuesta de pequeñas historias autoconclusivas con las que el espectador puede disfrutar tanto como con sus reconocidos largometrajes.
Se trata de un producto para ir descubriendo las herramientas del suspense que se utilizan en el cine y con las que se puede ir reconociendo el genio de un director que marcó una época y aportó grandes cosas al séptimo arte.
Alfred Hitchcock presenta consta de 268 capítulos distribuidos en 7 temporadas. Esta producción de la CBS también se ha editado en DVD.
Las mejores webs de la red
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Ley general de publicidad
PREÁMBULO I
La actividad normativa de la Unión Europea introduce cambios notables en distintos ámbitos del mercado interior que presentan una intensa interrelación entre sí, como son, en lo que aquí interesa, la competencia desleal, la publicidad, la protección de los consumidores y el comercio minorista.
Unos cambios que han sido operados, en primer lugar, por la Directiva 2005/29/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 11 de mayo de 2005, relativa a las prácticas comerciales desleales de las empresas en sus relaciones con los consumidores en el mercado interior, que modifica la Directiva 84/450/CEE del Consejo, las Directivas 97/7/CE, 98/27/CE y 2002/65/CE del Parlamento Europeo y del Consejo y el Reglamento (CE) n.º 2006/2004 del Parlamento Europeo y del Consejo (Directiva sobre las prácticas comerciales desleales).
Y, en segundo lugar, por la Directiva 2006/114/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 12 de diciembre de 2006, sobre publicidad engañosa y publicidad comparativa, que codifica las modificaciones de la Directiva 84/450/CE.
La incorporación al Derecho español de estas directivas, que lleva a cabo esta ley, ha comportado una modificación importante de varias leyes: la Ley 3/1991, de 10 de enero, de Competencia Desleal, que regula de manera unitaria esta materia; el texto refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios y otras leyes complementarias, aprobado por el Real Decreto Legislativo 1/2007, de 16 de noviembre, que lleva esta protección al ámbito de la ley anterior; la Ley 7/1996, de 15 de enero, de Ordenación del Comercio Minorista, y la Ley 34/1988, de 11 de noviembre, General de Publicidad.
Descargar la Ley completa aquí.
James Cameron y Avatar, ¿la revolución cinematográfica?
A punto de finalizar la década, James Cameron ha estrenado al fin “La Película” que lleva preparando desde comienzo de los 90. Avatar se proclama como la más cara e innovadora de la historia del cine, pero no ha significado –ni mucho menos– el cambio cinematográfico que algunos esperaban.
Marines americanos y científicos ecologistas. Todos ellos, con una sofisticada maquinaria a su disposición, aterrizan en el exótico planeta de Pandora para entrar en contacto –bien por la via pacífica, bien por la conflictiva– con sus sorprendentes formas de vida: una fauna de lo más surrealista en compañía de la tribu indígena “Na’Vi”.
Entre los futuristas artefactos que traen los humanos, destaca –ante todo– la reaparición de unos enormes robots pilotados por soldados, que ya pudimos contemplar en la última entrega de Matrix luchando por la libertad de Sión. Pero, aunque no lo parezca, estas aparatosas máquinas no las han sacado de la película de los hermanos Wachowski, sino de la mismísima “Aliens, El regreso”, la secuela del Octavo Pasajero (que fue escrita y dirigida por Cameron a finales de los 80). La función del robot, por aquél entonces, consistía en transportar material pesado. Pero en las últimas escenas del film, destacó más bien por ayudar a la teniente Ripley a enfrentarse a una gigantesca madre alien. Dos décadas más tarde, Cameron ha decidido multiplicar esta máquina hasta crear un ejército dispuesto a aterrizar en las frondosas junglas de Pandora. El inconveniente es que esta vez luchará a favor del enemigo…
A simple vista, Avatar podría parecer una maravilla pero, en realidad, su espectacular superfície audiovisual esconde un contenido bastante débil. En los diálogos, por ejemplo, Cameron ha vuelto a tropezar con frases demasiado “yanquis”, al estilo de sus Mentiras arriesgadas (1994), pero sin haber contratado –por suerte– a un frío y sencillo Scharzenneger. No obstante, el problema se concentra en la planitud del reparto, un error que ni las gafas 3-D pueden salvar. A excepción del personaje secundario que interpreta Sigourney Weaver, los demás actúan como hojas de papel; por lo que el embutido Sam Worthington y compañía no despiertan en el espectador toda la pasión que debería una película de tales dimensiones. Y por si fuera poco, el guión es –en su conjunto– otro tornillo flojo de la película, que no está a la altura de su majestuoso concierto de efectos especiales.
Sin duda alguna, lo que sí podemos afirmar ante esta costosa película es que, a pesar de su abrumador éxito actual, no va a ser recordada como Star Wars o Blade Runner, de cara al futuro. Eso sí, la calidad visual y un interesante –pero algo ingenuo– trasfondo ecologista son los ingredientes necesarios para convertirla en un verdadero fenómeno de masas. Y la verdad, no está nada mal que Avatar adopte forma de mensaje crítico en contra del imperialismo americano y la indústria pesada, como principales destructores del medio ambiente terrestre.
El marine protagonista Jake Sully (interpretado por Worthington) será el primero en responder a este mensaje. Para ello, se cambiará de bando y defenderá a la raza Na’Vi, así como a su sagrada naturaleza, por lo que recibirá el ataque militar de su propia especie. Una situación directamente equiparable al argumento de “El último samurái” y “Bailando con lobos”. Pues, a pesar de que las ambientaciones de estas películas sean completamente distintas, lo mismo da relacionar a Sully con los azulados Na’Vi, que a Cruise defendiendo a un pequeño pueblo de guerreros samuráis, o a Costner protegiendo a los Sioux de la América salvaje. En efecto, se trata de un heroico trio defensor del multiculturalismo, pero quizá estos personajes se apresuran demasiado a la hora de pertenecer a una comunidad extranjera. En este sentido, resulta –cuando menos– poco probable que un clan salvaje, al que no gustan las visitas, los haya aceptado de un modo tan precoz.
Ahora bien, dejando a un lado los mensajes indirectos, dado que ya sabemos de la existencia de filmes visualmente perfectos, convendría trabajar en la misma proporción la parte narrativa –y más importante– del film. Pero James Cameron ha descuidado por completo esta indicación al presentar un guión demasiado simple, destinado a contentar a un público poco exigente. ¿El resultado final? Una película que ofrece elevadas dosis de pan y circo a los acérrimos de la acción en pantalla, además de una relación amorosa que se sitúa muy por debajo de la que experimentaron Jack y Rose a bordo del galardonado “Titanic” en 1997.
Resumiendo, la nueva propuesta de este fanático director del sci-fi se ha encaminado por una senda exclusivamente efectista, repleta de colores llamativos y seres monstruosos… Sí, la verdad es que es todo un deleite para la vista, pero desanima pensar que una película tan esperada apenas vislumbre las puertas de un auténtico cambio cinematográfico. Puede que el espectador quede maravillado ante una calidad impecable de escenarios y alienígenas, pero… ¿dónde está la trepidante historia que los envuelve? Probablemente, el inventivo director se la dejó olvidada en la Tierra, antes de partir hacia Pandora. Así que, espectadores, ¡quedáis advertidos! Disfrutad de las últimas tecnologías en la gran pantalla, pero que no os engañen los sentidos, porque Avatar –más que una película– es un fascinante videojuego proyectado en modo automático.
Mario Galaxy 2
Resumen
Mario vuelve por sus fueros en esta aventura para Wii, en la que tendremos que recorrer nuevamente la galaxia para poder salvar a la princesa Peach de las garras del malvado Bowser. Y es quela aventura parte de la misma base que las anteriores: Bowser ha secuestrado a la joven princesa y Mario debe acudir a su rescate a toda costa. Es decir, la misma historia de siempre, con el protagonista de siempre y los secundarios de siempre: Luigi… y Yoshi. Y es que, en esta ocasión, el divertido dragón vuelve a ayudarnos a acometer nuestra misión. ¿Poco original? Nunca una vieja fórmula funcionó mejor.
La historia comienza cuando la princesa Peach invita a Mario a una fiesta en su castillo; sin embargo, un Bowser gigantesco, agigantado gracias al poder de las estrellas, aparecerá para llevársela. La misión, evidentemente, será restaurar la paz y liberar a nuestra querida princesa. Esta secuela directa del primer Mario Galaxy es la primera desde aquel mítico Súper Mario World y nos propone nuevos retos, niveles y saltos imposibles en una aventura para todas las edades.
Crítica
Nunca una misma fórmula pudo ser tan rentable y a su vez tan sorprendente. Esta frase serviría para resumir perfectamente a este nuevo Súper Mario Galaxy II. El planteamiento es el mismo que nos lleva trayendo de cabeza desde hace 25 años, con un par de fontaneros que deben salvar a la princesa de las garras del malvado líder de los Koopas, Bowser, y así de paso salvar el mundo.
Con esta misma temática Súper Mario Galaxy II muestra perfectamente lo que muchos otros no han sabido conjuntar: la tradición y el progreso. Y es que este juego gustará a todos. Tanto a los nostálgicos de Mario, con la dosis de plataformas de siempre –evidentemente en 3D- y sus saltos alocados, como a los que se hayan unido a la saga hace menos tiempo- con novedades jugables suficientes para encandilar a cualquiera-.
Dejando de lado la base argumental, es importante destacar la presencia del dinosaurio Yoshi, que ya había aparecido en otros tantos juegos de la saga. Este estará siempre disponible para echarnos una mano y permitirnos llegar a esas plataformas a las que no llegaríamos de otra manera. Así pues, como en el mismísimo Súper Mario World (de la mítica Súper Nintendo), en ocasiones encontraremos un huevo del que nacerá un Yoshi al que podremos montar para superar el nivel, y creedme, ahora no será sólo una ayuda, sino también una necesidad para llegar al final del nivel.
Otra de las principales novedades que agrada, y mucho, es la posibilidad de escoger a Luigi para superar los niveles. A diferencia del anterior juego, no es necesario volver a jugar cada nivel para pasarse la historia, sino que ahora tendremos a 240 repartidas por diferentes niveles, independientemente de pasarlos con uno u otro personaje. Así, al principio del nivel podremos elegir a uno u otro (encontraremos a Luigi al azar a partir del segundo mundo) y si completamos el nivel con este último, cuando volvamos al nivel podremos disfrutar de una divertida contrarreloj contra el fantasma del mismo Luigi.
Estas principales novedades se unen a alguna que otra más, como los nuevos poderes de Mario –con mención especial del taladro para escavar túneles- que nos ofrecen todavía mayor número de posibilidades.
Por todo ello, Mario se convierte, con esta nueva entrega, en uno de los mejores juegos que he podido probar. Paisajes coloridos, escenarios amplios, gráficos perfectamente detallados (llevando a Wii al máximo), un sonido que acompaña perfectamente, un control en la línea del anterior juego… y sobre todo, diversión a raudales para que en ningún momento podamos aburrirnos. Ni siquiera una estructura similar y derivada directamente del juego anterior deslucen en absoluto el resultado final. Súper Mario Galaxy II es, por méritos propios, una opción absolutamente recomendable para disfrutarla tanto con los más pequeños como con los que ya no lo somos tanto.
Estudio sobre la influencia de la televisión en los niños
La transformación social de finales del siglo XX que nos corresponde vivir se caracteriza, entre otros importantes hechos, por los grandes avances de la tecnología moderna y también, en especial, en el campo de los medios de comunicación.
A los médicos, en general, y a los pediatras, en particular, les debe preocupar la influencia de los medios de comunicación en lo que atañe al crecimiento y desarrollo infantil y su intervención en este campo sobre el niño y su familia.
Hay que tener presente que los medios de comunicación son importantes para la educación y la formación de la infancia, junto a la escuela y la familia. Entre éstos hoy día ocupa un lugar muy destacado la televisión, que aparece en España en 1956 y abarca la totalidad del país en 1970.
La televisión, como medio de comunicación social, se considera uno de los medios más importantes para el desarrollo de la formación y la cultura de las personas, de la democracia y de la defensa de los estados democráticos de derecho. La formación de la personalidad en la infancia está influenciada, entre otros factores, por el medio donde se desenvuelve el niño.
Uno de esos medios, cada día de mayor difusión, es la televisión, en la cual a diario aparecen numerosas imágenes y sonidos (dibujos animados, programas de noticias, reportajes, cine, telefilmes, anuncios, retransmisiones deportivas, concursos, telenovelas, programas de humor, reality shows, etc.), los cuales generalmente son vistos por los niños, en la mayoría de ocasiones, sin intervención de persona alguna de la familia, lo que repercute, no siempre favorablemente, sobre el desarrollo de su personalidad y pautas de comportamiento.
La exposición de los niños, de formación indiscriminada, a las emisiones televisivas durante periodos más o menos largos repetidos plantea numerosas cuestiones de sumo interés.
La televisión, que ha sido definida por algunos como “cultura de masas”, se está convirtiendo en la mayor fuente de información e influencia en la vida del niño y de los adultos. Debe tener como funciones principales respecto a la infancia las de información, formación, educación y ocio. Desde hace años en muchos foros se debate este tema.
La televisión es querida y odiada con pasión, se alaba y se critica, y se sugieren y proponen numerosas medidas para que cumpla sus funciones. Sin embargo, pese al paso del tiempo y de estos consejos, sigue presentando muchos aspectos que nos preocupan. Para hacer un análisis mesurado de sus efectos, bajo nuestra condición de médicos es conveniente que tengamos presentes las siguientes premisas:
- La televisión ofrece patrones de actuación y pautas de comportamiento que tanto los adultos como los niños adoptamos poco a poco en nuestra vida (lo que conlleva la asunción de maneras de hacer y pensar, en gran parte inducidas por el medio).
- Según el informe “Un año de televisión en Europa”, España es el cuarto país europeo en el consumo diario de televisión, tras Portugal, Reino Unido e Italia.
- Nueve de cada 10 españoles ven diariamente la televisión.
- Los niños permanecen ante la televisión un tiempo superior a los adultos. Según el muestreo del estudio general de medios, 5.441.000 telespectadores son menores de catorce años en muy diferentes horarios. Cuando un niño llega a la escuela, sus gustos, hábitos perceptivos y hasta sus procesos mentales han sido ya modelados, en parte, por los medios de comunicación audiovisuales y especialmente por la televisión, porque el aprendizaje gracias a ella es más fácil, requiere menos esfuerzo (se obtiene, generalmente, por impregnación), y, en definitiva, los niños aprenden sin saber que están aprendiendo.
- Generalmente las escuelas utilizan los medios complementarios de enseñanza tradicionales, sin incorporar en su mayoría aquellos que son complementarios de la enseñanza (retroproyector, proyectores de diapositivas, proyección de cintas de vídeo) y sacar provecho de sus ventajas.
Se han realizado informes y estudios sobre la frecuencia de permanencia de los niños ante el televisor. De especial importancia consideramos el Informe Dietz y las aportaciones de la Academia Americana de Pediatría, que confirman que los niños de 2 a 5 años vieron la televisión unas 28 horas a la semana, los de 6 a 11 unas 23 horas y los de 12 a 17 unas 21 horas; los datos de Nielsen de 1988 son muy semejantes, ya que los niños de 2 a 5 años vieron aproximadamente 25 horas semanales, los de 6 a 11 más de 22 horas, y los adolescentes de 11 a 17 horas. En la encuesta realizada por Tojo en 1971 se observó que la televisión se veía una media de 75 minutos al día, mientras que en 1986 se veía más de 2 horas diarias.
De todos estos estudios se puede obtener la conclusión de que en la actualidad, en general, los niños ven la televisión un tiempo medio de 20 a 30 horas semanales.
Conociendo estos antecedentes y premisas podemos preguntarnos numerosas cuestiones: ¿Existe una legislación adecuada que regule de forma precisa las programaciones de la televisión? ¿Cuáles son los aspectos positivos de la televisión? ¿Qué nos debe preocupar de las emisiones de televisión? ¿Cuáles son los aspectos negativos de la televisión en la infancia y en la adolescencia? ¿Cuáles son los efectos de la televisión en la violencia? ¿Cuáles son los efectos de la televisión en el sexo? ¿Cuáles son los efectos de la publicidad en televisión sobre el niño? ¿Los medios de comunicación contribuyen a la educación e influyen en la conducta de nuestros hijos? ¿De qué forma? ¿Lo hacen bien o mal? ¿Qué función pueden y deben desarrollar los médicos, la familia, los educadores, sociólogos, pedagogos, psicólogos, periodistas, políticos, etc., en relación a la televisión?
En este capítulo vamos a referirnos a los aspectos más importantes sobre estas cuestiones, la televisión y la infancia.
¿Existe una legislación adecuada respecto a la televisión?
La incorporación de la televisión a los medios audiovisuales en España, hace ya 43 años, hizo necesaria la creación de leyes y normas con el objeto de regular adecuadamente sus contenidos. Muchas de estas tienen por objeto la defensa de los derechos e intereses de la infancia. Creemos que posiblemente si se cumplieran todas las disposiciones actualmente vigentes en España los problemas que plantea hoy día la televisión en relación a la infancia serían mucho menores y no existiría cierta repercusión negativa en la educación infantil.
La Constitución Española en su artículo 10.2 se refiere a las normas relativas a los derechos fundamentales, que se interpretarán de conformidad con la Declaración de los Derechos Humanos y los tratados y acuerdos internacionales sobre las mismas materias ratificadas por España. En el artículo 149 indica que el Estado tiene competencias sobre las normas básicas del régimen de prensa, radio y televisión y, en general, de todos los medios de comunicación social.
La Ley Orgánica del derecho al honor a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen, 1/1982 de 5 de mayo de 1982, establece en su artículo 1º la protección civil de los derechos fundamentales al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen frente a todo género de ingerencias o intromisión ilegítima. Comenta en su capítulo II que tendrán consideración como intromisión ilegítima en el ámbito de la protección “la captación, reproducción o publicación por fotografías, filmes o cualquier medio de la imagen de una persona, en lugares o momentos de su vida privada o fuera de ellos”. En este sentido dice:
- El consentimiento de los menores e incapaces deberá presentarse por ellos mismos si sus condiciones de madurez lo permiten, de acuerdo con la legislación civil.
- En los restantes casos, el consentimiento habrá de otorgarse mediante escrito por su representante legal, quien estará obligado a poner en conocimiento previo del Ministerio Fiscal el consentimiento proyectado. Si en el plazo de 8 días el Ministerio Fiscal se opusiere, resolverá el Juez. (¿Se habrá puesto alguna vez en conocimiento del Ministerio el consentimiento de los padres?)
La Directiva Comunitaria 89/552, de 3 de diciembre de 1989, garantiza la protección de la juventud y la infancia frente a la publicidad y programación de la televisión, de forma que ésta no incluirá escenas o mensajes de cualquier tipo que puedan perjudicar seriamente al desarrollo físico, mental o moral de los menores y, en especial, aquellos que sean degradantes de la condición humana, tales como los de naturaleza pornográfica, los que reflejen crueldad o exhiban violencia gratuita o los que fomenten el odio, el desprecio o la discriminación por motivos de nacimiento, raza, sexo, religión, nacionalidad, opinión o cualquier otra circunstancia personal o social.
En sus artículos 10, 17 y 22 dice: “La publicidad televisiva deberá ser fácilmente identificable y diferenciarse claramente del resto del programa gracias a medios ópticos y/o acústicos […], queda prohibida la publicidad encubierta. Los Estados están obligados -por mandato de la Convención de los Derechos del Niño de 1989- a tomar medidas de promoción y a proteger al niño de toda información y material que pueda perjudicar a cualquier aspecto de su personalidad.”
Existe la obligación de los padres de proteger al niño de toda información y materia perjudicial para su bienestar: es obligación de la televisión no incluir programas que puedan perjudicar seriamente el desarrollo físico, metal o moral de los menores y, en particular, los que incluyan escenas de pornografía o violencia gratuita. Esta disposición se extenderá, asimismo, a los programas que puedan perjudicar el desarrollo físico, mental o moral de los menores, salvo que se garantice, por la elección de la hora de emisión o mediante toda clase de medidas técnicas, que dichos menores en el campo de la difusión no ven ni escuchan normalmente estas emisiones.
Las emisiones no contendrán ninguna incitación al odio por motivos de raza, sexo, religión o nacionalidad. La Ley del Menor establecida nacionalmente y desarrollada, en parte, por las Comunidades Autónomas con transferencias en este campo, recoge igualmente los principios establecidos en la Convención de los Derechos del Niño.
El Real Decreto 1100/1978 regula la publicidad del tabaco y bebidas alcohólicas en los medios de difusión pública. En esta se afirma que el Estado debe adoptar medidas para evitar estos dos riesgos tan importantes para la salud y la formación de la infancia, estableciendo el peligro del consumo del tabaco y del alcohol.
La Ley General de Publicidad 34/1988, de 11 de noviembre, en su artículo 3 se ocupa de la publicidad ilícita. A este respecto se afirma: “Es ilícita la publicidad que atente contra la dignidad de las personas o vulnere los valores y derechos reconocidos en la Constitución.” El Código de Ética Publicitaria incluye unas líneas guía para los anuncios dirigidos a los niños, en el que se solicita un cuidado especial a la publicidad hacia o que represente a niños y jóvenes. Por otra parte también alude al hecho de que los anuncios no deben explotar la credulidad natural de los niños o la falta de experiencia de los jóvenes, ni violentar su sentido de la lealtad. Igualmente, afirma que los anuncios dirigidos a influir en los niños o jóvenes no deben contener ninguna declaración o presentación visual que pueda ocasionarles daños mentales, morales o físicos.
En este sentido, Televisión Española afirma que la publicidad no deberá perjudicar a los menores y sí respetar criterios tales como: no incitar a un menor a la compra de un producto, explotando su inexperiencia y credulidad; no presentar a menores en situaciones peligrosas susceptibles de inspirar actitudes violentas injustas, antisolidarias o antipedagógicas.
Respecto a los juguetes, se afirma que se rechazará la publicidad de los que impliquen la exaltación del delinquismo o la violencia o que sean reproducción de armas, etc.
La Instrucción 2/1993 de la Fiscalía General del Estado, dirigida a las Audiencias Regionales y Provinciales sobre el derecho a la intimidad de los menores víctimas de un delito, destaca su indefensión ante el tratamiento periodístico de los mismos, causando en ocasiones daños irreparables para el desarrollo equilibrado de su personalidad. Encomienda al Ministerio Público el ejercicio de las labores que tengan por objeto evitar la exhibición pública, así como la excesiva mercantilización de la amarga experiencia vivida por el menor de edad víctima de un delito. La Unión Progresista de Fiscales, por su parte, hacía constar en 1993 la insuficiencia de instrumentos legales para proteger con eficacia y contundencia la intimidad e imagen de los menores, a merced, en muchos casos, de los intereses comerciales de los medios de comunicación. En este sentido hay que citar que la actuación de los jueces tomando medidas cautelares puede ayudar.
La Recomendación 17/1987 del Defensor del Pueblo apela a la necesidad de extremar los cuidados y dar escrupuloso cumplimiento a las garantías que la Constitución y las leyes establecen para la protección de los derechos fundamentales, máxime cuando se trata de menores.
Existe, además, el Convenio sobre Principios para la Autorregulación de las Cadenas de Televisión (suscrito por el Ministerio de Educación y Ciencias, las Consejerías de Educación de las Comunidades Autónomas y 10 cadenas públicas de televisión), en relación con determinados contenidos de su programación para proteger a la infancia y a la juventud. Se conoce como Código Ético y recoge fundamentalmente las normas dictadas por la Directiva Europea. Declara la voluntad de favorecer los valores de respeto a la persona, la tolerancia, solidaridad, paz y democracia (especialmente en los programas dedicados a la infancia), e impedir la difusión de mensajes o imágenes relacionadas con la violencia, la discriminación, el consumo de productos perniciosos para la salud, las escenas de explícito contenido sexual o el lenguaje innecesariamente indecente.
Por su parte, el Ministerio de Educación se comprometía a impulsar los estudios teóricos y prácticos sobre la influencia de la televisión sobre la infancia y la juventud, y en el medio escolar, a desarrollar una campaña entre profesores, alumnos y padres para promover los valores de respeto a la persona, la solidaridad, la paz y la democracia. En relación a este código ético se han pronunciado ministerios, comisiones del Senado, UNICEF, que declara el 92% de la programación infantil televisiva tiene una influencia nefasta, y numerosas asociaciones privadas, que reclaman una programación de calidad y controlada para la infancia (Confederación Española de Armas de Casa, Consumidores y Usuarios [CEACCU], SOS Familia, etc.)
El panorama legislativo se completa con la Ley de Televisión sin Fronteras, que incorpora al derecho español la Directiva 89/552 de la CEE. Esta directiva contiene indicaciones que garantizan la protección de la juventud y de la infancia frente a la publicidad y a la programación. (Ésta no incluirá escenas o mensajes de cualquier tipo que puedan perjudicar seriamente el desarrollo físico, mental o moral de los menores y particularmente aquellos que sean degradantes de la condición humana [los de naturaleza pornográfica, los que reflejen crueldad o exhiban violencia gratuita], o los que fomenten el odio, el desprecio o la discriminación por motivos de nacimiento, raza, sexo, religión, nacionalidad, opinión o cualquier otra circunstancia personal o social, siendo necesario advertir sobre el contenido de los programas capaces de perjudicar el desarrollo físico, mental o moral de los menores por medios acústicos, ópticos o de ambas clases).
Esta ley se dota de un régimen sancionador al cual están sujetas tanto las cadenas públicas como las privadas. En España, la televisión está sujeta a un régimen jurídico y al control parlamentario (televisión estatal) con el fin de garantizar el cumplimiento de sus fines.
El régimen jurídico de la televisión, medio de comunicación social, se rige por la Ley 4/1980, de 10 de enero, del Estatuto de la Radio y la Televisión (19 de abril de 1990), que contempla a la televisión de acuerdo con el artículo 128.2 de la Comunidad Europea, la Ley 46/1983, que regula el tercer canal de la televisión, la Ley 10/1988 de 3 de mayo, de televisión privada, y la Ley 34/1988, de 11 de noviembre (Ley General de Publicidad).
Frente a todas las normativas creadas con la finalidad de proteger a la infancia, existen otros intereses, ampliamente utilizados en la práctica televisiva, y no menos legales, como son la libertad de expresión reflejados en los Convenios Internacionales para la protección de los Derechos Humanos que, en su artículo 10, defienden la libertad de opinión y de recibir o de comunicar información o ideas sin ingerencia de las autoridades y sin fronteras, que se contraponen frontalmente con alguno de los aspectos comentados anteriormente de la legislación referente a la protección de la infancia y en los cuales se apoyan las cadenas de televisión para sus emisiones de programas, anuncios, etc.
Sin embargo no debe ser lícito que el derecho de libertad de expresión ahogue cualquier otro derecho o se ofrezca de forma irresponsable sin considerar los efectos desfavorables, especialmente en la infancia. Creemos que lo más importante no es la aparición de nuevas leyes, decretos, normas, etc. Sino la concienciación sobre estos problemas por parte de todas las personas implicadas en los medios televisivos, y la puesta en marcha y el cumplimiento de los ya existentes, valorando más el posible efecto sobre la infancia que otros aspectos que priman en la actualidad, pues cualquier normativa establecida o que se cree en el futuro no cumplirá su misión si no viene acompañada de un compromiso real de su cumplimiento de todos los sectores sociales implicados para un correcto desarrollo físico, mental y espiritual de la infancia.
Rodríguez Calvo afirma que es necesario tener en cuenta los siguientes puntos:
- La posible violación de derechos fundamentales en la televisión, así como detectar el conflicto entre la libertad de expresión y otros derechos básicos, como a la intimidad.
- La protección del menor y su violabilidad en la programación televisiva.
- Analizar las medidas legales vigentes con respecto a la protección televisiva.
- Ofrecer alternativas y medidas de futuro.
¿Cuáles son los aspectos positivos de la televisión?
La televisión tiene, indudablemente, aspectos positivos que debemos conocer y utilizar. Entre ellos destacan entretener de forma económica y descansar del estrés, del trabajo o del estudio y de las tensiones diarias; se trata de una forma de distracción barata, excepto en los canales codificados y la nueva televisión digital; para algunos se puede convertir en el único medio de distracción, pudiendo romper la monotonía a la que desgraciadamente están sometidos los niños de las clases sociales más perjudicadas; como “ventana abierta” se puede acceder a diferentes conocimientos científicos, culturales, históricos y sociales; estimula la curiosidad; fomenta la fantasía y la imaginación; contribuye a ampliar la visión del mundo del niño, permitiendo contemplar fenómenos que, de no ser por ella, no serían vistos jamás, lo que permite aumentar su información, tanto en un sentido cuantitativo como cualitativo y, como consecuencia, puede influir decisivamente sobre la formación del niño; puede ser un elemento de diálogo, y contribuir a aumentar la calidad de vida de la familia si se seleccionan bien los programas; supone un potencial que, bien utilizado, puede ayudar a conocer valores humanos, adquisición de actitudes y estilos de vida positivos e inculcar a los televidentes aspectos sociales y culturales favorables, no sólo para los niños, sino para toda la sociedad; favorece el aprendizaje, la educación, la cultura, el ocio, la promoción de la salud y de la conducta psicosocial; puede enriquecer el lenguaje científico y técnico; contribuye al civismo y a la solidaridad (mediante campañas de salud, prevención, etc.); puede permitir acortar distancias generacionales y de clase; puede, de una forma grata, sencilla y rápida, sin requerir conocimientos previos, contribuir a la educación y, siempre que sea utilizada adecuadamente por los centros educativos, puede constituir un excelente medio para la educación no formal del niño y su familia (Tabla 1).
Tabla 1
- Principales aspectos positivos de la televisión para la infancia.
- Entretener y descansar
- Ampliar la visión del mundo
- Mostrar conocimientos científicos, culturales, históricos y sociales
- Estimular la curiosidad, la fantasía y la imaginación
- Ser un elemento de diálogo
- Influir en la formación infantil favoreciendo el aprendizaje, la educación y ampliando el lenguaje científico y técnico
- Ayudar a conocer los valores humanos, adquisición de actitudes y estilos de vida
- Contribuir al civismo, la solidaridad y la conducta psicosocial
- Promover la salud
- Acortar las distancias generacionales
Para lograr estos objetivos las emisiones de televisión deben fomentar en la infancia la capacidad imaginativa, intelectual, la tolerancia, la comprensión mutua, el conocimiento del arte, las ciencias y la cultura, debiendo estimular la igualdad, la solidaridad y la libertad y ayudar a la educación.
Es necesario modificar los métodos educativos a través de la televisión con la emisión de programas reglados con otros específicos e informales, aprovechando todos los recursos a su alcance mediante las imágenes ofrecidas por la televisión, puesto que, hasta el momento actual, desgraciadamente, no siempre son aprovechadas adecuadamente en este sentido.
Por otra parte, hemos de tener presente que los educadores generalmente no están familiarizados con los métodos modernos de enseñanza basados en los medios audiovisuales, existiendo diferencias entre aquellos utilizados por los educadores y los comunicadores, lo que puede dificultar el desarrollo de los programas educativos. Posiblemente un primer paso sería la utilización escolar de periódicos, resvistas y televisión, creando una formación crítica en el menor que le permita hacer un uso adecuado de dichos medios.
Para conseguir una televisión más pedagógica, que permita ser una fuente de formación, información y ocio, Muñoz García considera indispensable, entre otras medidas, que exista una acción coordinada de las cadenas de televisión, con una mayor oferta de programas educativos, una disminución radical de la violencia e incluso su desaparición en la franja horaria infantil; de la escuela, con una formación actualizada de los medios audiovisuales que permitirá orientar a padres y alumnos en su correcta utilización, y de la familia, cada día más amenazada en su estabilidad, que se beneficiaría de programas de apoyo y orientación.
¿Qué nos debe preocupar de la televisión?
En la actualidad, nos debe inquietar el dirigismo que ostenta en aspectos éticos, morales, económicos e incluso ideológicos, contribuyendo en muchas ocasiones a crear falsas necesidades, fomentando el consumismo, el sensacionalismo y la frivolidad con que se tratan numerosos temas, y que pueda ser un posible mecanismo de distorsión de la convivencia familiar.
La televisión puede ser capaz, también, de crear dependencia. Está comprobado que su influencia es mayor en los niveles sociales más bajos cuanto menor es la edad del telespectador. Hay que tener presente que los niños permanecen más del 20% de su vida frente a un televisor. Un 13% de este grupo de población tiene un televisor en su habitación.
Según Rico (11,12), un 31% de los niños ven solos la televisión, del cual un 35% prefieren ver películas y un 31% dibujos animados. Mendoza observa que un 38% de los escolares andaluces pasan más de 2 horas frente al televisor.
Orsini, en cuanto a niños entre 2 y 3 años de edad, encuentra que éstos ven la televisión una media de dos horas y media por día, y algunos (30%) entre 3 y 8 horas. Al 97% lo que más le gusta son los anuncios publicitarios, los dibujos animados a un 83% y las películas sentimentales y policíacas a un 40%.
¿Cuáles son los aspectos negativos de la televisión?
Desgraciadamente, junto a los aspectos positivos, la televisión, en la mayoría de las ocasiones, también tiene numerosos aspectos negativos. Muñoz García refiere que un adolescente observa al año 1200 imágenes violentas, 14.000 referencias al sexo, 2000 anuncios de bebidas alcohólicas y tabaco y 20.000 anuncios comerciales, dos tercios de éstos alimentarios.
En el estudio de Rico (11,12) realizado sobre una semana de programación televisiva española se refieren 250 homicidios, 848 peleas, 15 secuestros de adultos y 14 de menores, 419 tiroteos, 11 robos, 8 suicidios, 32 capturas de rehenes, 27 casos de tortura, 18 imágenes sobre droga, 9 defenestraciones, 13 intentos de estrangulación y 20 escenas de amor (Tabla 2).
Tabla 2
Escenas vistas en la televisión por los adolescentes en un año:
- 1200 imágenes de violencia
- 14.000 referencias al sexo
- 2000 anuncios de bebidas alcohólicas y tabaco
- 20.000 anuncios comerciales
En la televisión se fomenta el consumismo, sus programas y anuncios pueden afectar al niño psicológicamente; con su uso disminuye el tiempo dedicado a la lectura, a la práctica deportiva, a los juegos y a la comunicación familiar; se incita a la agresividad; motiva una forma diferente de ver el mundo creando modas, conductas, valores y actitudes, y produciendo pasividad, irrealidad e indiferencia ante los problemas reales o superficialidad en la información; estimula la comodidad y la vida fácil; se produce lo que Castells llama pseudoinformación manipulada, como es la pseudodivulgación médica en la televisión (por ejemplo, la publicidad higiénico-dietética), sabiendo que el niño es un consumidor ideal por carecer de capacidad crítica.
En muchas ocasiones, la televisión sustituye a la madre, convirtiéndose en lo que podríamos denominar una “niñera electrónica”, o puede repercutir sobre el comportamiento del niño con bajo rendimiento escolar e, incluso, como veremos más adelante, ser la desencadenante de una nueva enfermedad, e influir en varios aspectos fundamentales: a) como centro de organización sentimental de la subjetividad, y b) como centro de regulación de lo instintivo y racional, lo imaginativo y moral, fijando la escala de valores a través de la publicidad y consiguiendo que los niños pierdan su lenguaje familiar y lo sustituyan por el de la televisión.
Por otra parte, la posibilidad de emisión de situaciones de todo el mundo que parecen estar próximas crean una imagen irreal del entorno en que se desenvuelven los niños mediante las informaciones, siempre numerosas, de catástrofes, desgracias, etc. Los niños sustituyen el lenguaje familiar por el asimilado en la televisión que, en general, es precario, pobre, uniforme, a veces incorrecto y despersonalizado (Tabla 3).
Tabla 3
Factores negativos de la televisión:
- Utiliza a los niños como objeto y sujeto
- Fomenta el consumismo ofreciendo a veces productos inalcanzables para el niño
- Crea imágenes irreales de falsos ídolos
- Crea estereotipos del sexo
- Puede ayudar a inducir trastornos alimentarios
- Crea falsas imágenes de belleza y felicidad
- Fomenta el culto al dinero, al sexo, a la vida frívola, el deseo de poder
- Fomenta el sedentarismo
- Fomenta la pasividad, la vida fácil
- Induce a la indiferencia ante los problemas reales
- Disminuye el tiempo que se dedica a la lectura, a los juegos y a la práctica deportiva
- Mal utilizada puede alterar la comunicación y la convivencia familiar
- En ocasiones puede sustituir a la madre
- Puede ofrecer una pseudoinformación manipulada
- Puede afectar psicológicamente
- Induce a la creación de un nuevo lenguaje más pobre, incorrecto, despersonalizado, uniforme
- Refuerza la agresividad
- Crea una imagen de trivialización de la violencia y, como consecuencia, una insensibilidad frente a ella, y fomenta el comportamiento violento en la infancia y la juventud
- Puede producir una auténtica enfermedad
- Puede crear una visión diferente del mundo, estableciendo modas, conductas, valores y actitudes
- Puede crear adicción
- Disminuye el rendimiento escolar
Televisión y estereotipos
La visión del mundo que ofrece la televisión en este sentido no se corresponde a la realidad, creando frecuentemente grupos sociales con problemas que interpretan a personajes especiales, negativos, criminales, víctimas o representando trabajos auxiliares, siempre mandados o dominados por otros, deformando la imagen de la mujer y pudiendo influir en aspectos raciales, en la clase social o en el sexo. La consecuencia puede ser la repercusión en la propia estima según sea miembro del grupo o sexo dominante o dominado.
Televisión e información
Los programas informativos son los que han causado más polémica entre los intelectuales. Se plantean dos cuestiones principales:
- ¿Hasta qué punto reflejan la realidad tal como es?
- ¿En qué medida manipulan la información para modificar la realidad hasta hacer creer a la audiencia que solo existe lo que se ofrece y tal como se presenta?
La manipulación o deformación de la información es importante en televisión. Muchas veces es necesario ofrecer las imágenes con el objeto de no aburrir o por intereses políticos, ideológicos o económicos, pues la reiteración de ciertos mensajes falsos acaban haciéndolos verdad y la divulgación persistente de lo excepcional lo convierte en normal. Esto se logra mediante el sesgo de las noticias, enfatizando aspectos secundarios, y sintetizando los hechos mediante un tiempo desproporcionado en relación a la importancia del tema, con la omisión u ocultación de hechos y mensajes subliminales, todo ello contrario a la objetividad o veracidad que debe presidir cualquier información, lo que indudablemente repercutirá de forma inadecuada en la audiencia infantil.
Televisión y publicidad
Podemos decir que el objeto de la publicidad es estimular el deseo y la necesidad de consumir. La infancia, por sus peculiares características, es el grupo de población ideal para su práctica. En ocasiones crea frustración, ya que no todos los niños pueden acceder a disfrutar de aquello que se les ofrece.
Se ha demostrado que esta frustración puede originar violencia en determinados niños. El 25% de los beneficios de la industria televisiva proviene del 7% de la programación dirigida a los niños. Abusan de la capacidad limitada de su análisis y raciocinio y de su credibilidad.
La Asociación Española de Pediatría se ha pronunciado en el sentido de que el niño no debe ser objeto ni sujeto de la publicidad. Los niños y adolescentes se ven inmersos en la publicidad dirigida hacia los adultos, con los consiguientes aspectos negativos (alcohol, tabaco, etc.). Igualmente, los estereotipos sobre el sexo influyen sobre sus actitudes.
Influencia del product placement
Reproducimos en este artículo la comunicación que la profesora de la universidad de Vic, Mónica Jiménez Morales, presentó en el Congreso Hispanoluso La televisión que queremos hacia una televisión de calidad. En estas líneas Jiménez Morales habla de una de las herramientas publicitarias más sutiles y por ello más eficaces que existen en el mundo audiovisual, el `product placement´.
El emplazamiento de productos en las series televisivas de máxima audiencia se ha convertido en los últimos años en una de las fórmulas de publicidad no convencional más fructíferas en cuanto a su impacto en el público objetivo. También conocida como product placement, esta técnica publicitaria se basa en la ubicación de productos o de referentes visuales de marcas en el escenario donde se desarrolla la acción. De esta manera, el product placement se diferencia de los spots tradicionales por el hecho de que esta publicidad sutil no necesita de ninguna pausa en la acción televisiva, sino que se inserta en el guión de la misma de tal manera que, por citar un ejemplo, los protagonistas desayunan unos determinados cereales o se marchan a la escuela cargando en sus hombros mochilas donde la identidad visual del anunciante es perfectamente visible.
A pesar de la probada eficacia del product placement como herramienta publicitaria, cabe señalar que esta técnica se mueve en un ámbito que, si tenemos en cuenta la legislación, roza la ilegalidad, especialmente cuando la audiencia de las teleseries donde se utiliza pertenece, también, a la franja infantil. De esta forma, si tenemos en cuenta que los menores acostumbran a creer a ciegas las propiedades de los productos narradas en el discurso publicitario tradicional, obligadamente debemos de cuestionarnos cuál es el impacto que la publicidad incluida en la acción televisiva tiene sobre los niños.
Paradójicamente, al llegar las pausas publicitarias los niños acostumbran a cambiar de canal, evitando de esta forma los bloques publicitarios mientras que cuando la publicidad aparece insertada en la acción del programa, la audiencia infantil tiende a convertir a los protagonistas de la serie en verdaderos prescriptores de las marcas publicitadas, valorándolas positivamente por considerar que sus personajes preferidos usan y consumen los mejores productos del mercado. Así, podemos señalar que el tono de la serie y el producto anunciado se mimetizan a causa de la transferencia de los valores del programa y de los personajes que aparecen a los de todo lo que se publicita mediante el emplazamiento de producto.
En cuanto a si, en realidad, los productos ubicados en las teleseries familiares pasan o no desapercibidos por los niños, cabe tener en cuenta que los menores sólo acostumbran a ver aquellos programas que realmente les resultan atractivos y que, por lo tanto, su atención está más predispuesta a captar cada uno de los detalles que aparecen en la serie que está viendo. Así pues, mediante el product placement, las marcas publicitadas llevan a cabo su proceso persuasivo jugando con una clara ventaja respecto a al publicidad convencional, ya que parten de una atribución positiva por parte de la audiencia infantil.
La presente comunicación pretende poner de manifiesto, en base a un estudio realizado con niños en edad preadolescente, la necesidad de una regulación estricta del product placement en las series de audiencia familiar. El análisis revela cómo, en oposición al rechazo que suscita la publicidad convencional, en el caso del product placement no se produce una inferencia en el mensaje por parte del receptor, con el consecuente resultado óptimo en cuanto a los objetivos persuasivos del discurso publicitario y la evidente incapacidad de los menores para discernir el verdadero impacto de la presencia de esta publicidad sutil en sus series preferidas.
La violencia infantil y juvenil, un debate social obligado
La violencia constituye un fenómeno social y cultural que se acrecienta al final el siglo XX y que, cada vez, se hace más patente en nuestras vidas, razón por la que la sociedad le debe hacer frente con decisión y firmeza.
En la actualidad es indiscutible el hecho de que la violencia genera violencia, y que se enseña y se aprende a través de la exhibición, pero bien parece que la sociedad sólo admite este extremo cuando se producen nuevas escenas de violencia protagonizadas por niños y adolescentes.
Recientemente, todos los medios de comunicación social se hacían eco del desagradable incidente protagonizado por dos niños de 11 y 13 años, quienes remendando lo que bien podría ser una escena de la película Rambo disparaban contra sus compañeros de clase, cobrándose cinco víctimas mortales.
Tres días después, la sociedad americana continúa justificando el uso de armas, informando al mundo del descubrimiento de un “chip prodigioso”, uno más, que al parecer identifica las huellas dactilares del dueño del arma en la culata, lo que impediría que los niños puedan utilizar ese arma, pero no otra de similares características.
Bien podría parecer que cerraremos esta década como la de los “chips lavadores de conciencia”, al disponer de diferentes chips que limitan el acceso a algunos números telefónicos, a internet, a determinados programas de televisión y, ahora finalmente, a la utilización de armas.
Al mismo tiempo que conocíamos la violencia desatada en el colegio de Arkansas, ocurrían hechos similares en otras latitudes. En Uruguay, un niño amenazaba con una pistola a los compañeros de escuela; aunque como no hubo víctimas mortales, la noticia no tuvo carácter internacional. Mientras, en Francia, un muchacho de 18 años mataba a un compañero de un disparo en la cabeza en el mismo aula; las autoridades francesas insistieron en que se trataba de un hecho aislado que no debía preocupar en exceso. En España, un hombre disparaba con una escopeta de caza a los viandantes, desde un balcón, sembrando el pánico entre los vecinos y ocupando primera plana en los espacios informativos.
Llegados a este punto, deberíamos preguntarnos, una vez más, si realmente los más pequeños saben diferenciar entre la realidad y la ficción cuando ven escenas violentas en televisión. La mayoría de los expertos coinciden en que, para los más pequeños, las escenas que ven en televisión podrían parecer reales, por lo que en la mayoría de países, incluido el nuestro, se tiende a debatir sobre la protección del menor, en cuanto a los contenidos, y horarios de los programas de televisión, construyendo incluso convenios y rubricando códigos éticos que, después de un espacio cada vez más corto de tiempo, dejan de cumplirse.
Para darnos cuenta de que no se cumplen las normas legales, sólo hemos de observar el contenido de la mayoría de los dibujos animados y de los avances de las películas que se emitirán en horario nocturno, y todo ello sin nombrar la falta de criterio de los responsables de la programación, que se hace cada vez más patente, al emitir en horario infantil de tarde películas del estilo de Rambo, Cobra o Viernes 13. Pero, a pesar de todo, sabemos que se trata de una violencia ficticia, como la de los juegos de ordenador, y bien podríamos enseñar a los niños a ver televisión con capacidad crítica. Pero… ¿qué podemos hacer ante la violencia real que vemos diariamente en programas como Impacto TV, que se emiten a las nueve de la noche, siendo claros líderes de audiencia entre los niños y jóvenes?
Si a todo esto añadimos que el 30% de los menores españoles de 4 a 12 años ven la televisión a las once de la noche, y que el 60% de los programas tienen algún contenido violento, con el agravante de que la mayoría no muestra el dolor que lleva consigo el acto violento, entiendo obligado el hecho de que la sociedad se haga responsable de la violencia que se genera entre nuestros niños y jóvenes.
Seamos realistas: el problema no se solucionará con los “chips prodigiosos” de los americanos que todo lo limitan, a no ser que se invente el chip que pudiera “limitar” la creación de escenas violentas dirigidas a los más pequeños. Lo primero que debemos hacer es asumir que el problema existe y que las causas directas se derivan de nuestra actitud, un tanto parecida a la de la avestruz.
Hagamos frente al problema y abramos un debate social que se centre no sólo en la responsabilidad de la televisión y otros medios de comunicación social, sino también en el núcleo de la escuela y en el propio seno familiar, recordando una vez más que la prohibición y limitación a nuestros pequeños no es el mejor camino hacia un mundo sin violencia, y que la educación es la mejor forma de hablar de prevención.
Posibilidades didácticas de la publicidad
Desde el punto de vista de los medios audiovisuales, los 90, a buen seguro, serán recordados como la década de la publicidad. Aunque anuncios han existido prácticamente desde la invención del cinematógrafo, no ha sido hasta la década pasada que han logrado impactar de una forma casi mágica en todos los telespectadores. Los motivos de este auge son tan variados como complejos de analizar.
Por un lado, nos encontramos con el factor competencia. Inmersos en una sociedad de consumo, las marcas se han dado cuenta de que gran parte de su éxito se debe a la capacidad de llamar la atención sobre el público. Otro factor que ha potenciado el auge de los anuncios viene dado por las innovaciones tecnológicas. Con los efectos especiales generados por ordenador, los publicitarios dan rienda suelta a su imaginación y crean spots muy atractivos.
Si tenemos en cuenta que la televisión es el medio socializador por excelencia, que una persona en nuestro país se pasa una media de tres horas diarias ante el aparato receptor, y que de esas tres horas, aproximadamente, un 20% son anuncios (28 minutos al día), la conclusión es clara y diáfana: la publicidad tiene una presencia masiva en nuestras vidas.
Todo esto nos lleva a darnos cuenta que la publicidad es un fenómeno de una magnitud incalculable. Ello, que a todas luces es una obviedad, es algo que preocupa bastante a nuestra sociedad actual. Dentro de este estado de cosas, la escuela puede ser un perfecto vehículo para estudiar y trabajar a partir de la publicidad.
Posibilidades didácticas de la publicidad
Como suelen suceder con la mayoría de los medios audiovisuales, la presencia de la publicidad en la escuela es prácticamente inexistente. La inmovilidad de horarios, la poca formación inicial del docente, la falta de recursos materiales y la escasa flexibilidad en el currículum académico son algunos de los handicaps a los que han de enfrentarse todos aquellos profesionales de la educación que quieren trabajar con los anuncios.
A todo ello hay que sumarles la poca información que hay sobre el tema, los prejuicios existentes y los innumerables tópicos y opiniones contrarias que suscita la publicidad en general, y sobre los educadores en particular.
Llegados a este punto, es necesario que formulemos un principio que nos ha de servir como punto de partida: la publicidad puede ser un vehículo ideal para educación, sólo es necesario saber explotar sus innumerables cualidades. Desde un punto de vista educativo, a través de la publicidad se puede trabajar: Lenguaje, Historia, Conocimiento del medio social, Educación audiovisual, Creatividad, Expresión artística, Educación en valores.
A través del medio publicitario podemos estudiar desde los errores gramaticales más frecuentes dentro de la lengua oral, hasta los acentos y giros idiomáticos de nuestro idioma. Por supuesto, los eslóganes, frases hechas y d emás elementos característicos de la lengua son susceptibles de estudio.
Dentro del área de historia, los anuncios permiten conocer cómo era y cómo pensaba una sociedad determinada. La publicidad es un producto audiovisual que se fundamenta en la inmediatez; los mensajes tienen que ser perfectamente comprendidos en el momento de su emisión. Conocer la historia a través de la publicidad nos permitirá saber qué tipo de productos se consumían en cada época, cómo se vivía, cuáles eran las características sociológicas, qué músicas se escuchaban, etc.
Por supuesto, todo esto puede ser aplicado al conocimiento del medio social. La imagen de las personas que aparecen en los anuncios, su modo de vida, los personajes famosos que protagonizan los anuncios… son un marco incomparable para conocer el mundo en el que vivimos.
En los temas relacionados con la creatividad, la expresión plástica y el lenguaje audiovisual, las cosas también están muy claras. Desde la creación de campañas publicitarias, hasta el diseño de productos, pasando por el conocimiento más mecánico del lenguaje que los articula, todos ellos son elementos perfectamente aplicables a nuestra realidad escolar. Hasta ahora sólo hemos reseñado posibles aplicaciones didácticas que entran dentro de lo obvio y que sólo requieren de un mínimo de preparación y de algo de imaginación por parte de los docentes.
Pero cuando hablamos de educación en valores la cosa cambia profundamente. Educación para el consumo crítico de la publicidad ¿Qué tipo de ideología nos transmite la publicidad?, ¿Qué tipo de sociedad reflejan los spots?, ¿Qué grado de influencia, negativa o positiva, tienen éstos sobre los adultos?, ¿Y sobre los niños y niñas?. Estos son interrogantes que, con frecuencia, nos planteamos a la hora de analizar el fenómeno publicitario. (…)
Así pues, la clave del problema no es tanto prohibir como crear en los espectadores algo que se conoce como conciencia audiovisual crítica. Esta conciencia será la que permitirá discernir entre lo correcto y lo incorrecto, dejando que sea la autorreflexión y la propia conciencia la que decida qué es lo que se debe consumir o no. Obviamente en la creación de esa conciencia crítica la escuela tiene muchísimo que decir.
Conciencia audiovisual crítica
Cuando hablamos de conciencia crítica no nos referimos a la necesidad de crear espectadores inmunes a los influjos de la publicidad, sino a la capacidad de discernir, la facultad de tomar conciencia de qué tipo de imágenes estamos viendo y de qué valores nos están ofreciendo los anuncios. Educar críticamente no significa crear espectadores contrarios a la publicidad, sino crear consumidores responsables que actúen en conciencia, con libertad y sabiendo en todo momento qué mecanismos se articulan a partir de los anuncios.
El problema es cómo llevar a cabo esta educación en el consumo crítico. Creo que este trabajo se puede realizar de dos formas distintas: desde una perspectiva general y global y, desde un punto de vista más concreto y específico. Analizar los anuncios desde una perspectiva general significa estudiar y comprender cuáles son los mecanismos audiovisuales, los referentes culturales y las particularidades ideológicas en las que se fundamenta la publicidad.
Lógicamente, para lograr esto es muy importante conocer el lenguaje audiovisual y sus enormes posibilidades, y es necesaria una alfabetización audiovisual adecuada. Si lo que pretendemos es analizar un spot concreto, reflexionando sobre sus características y con el objetivo de tener una visión más amplia del mensaje que se nos quiere trasmitir el trabajo didáctico ha de ser mucho más especifico.
Desde nuestro punto de vista, lo ideal sería trabajar con unas fichas de análisis que nos ofrecerán una perspectiva mucho más amplia del producto. Así, una ficha modelo podría contener los siguientes puntos: Marca del producto, Tipo de producto, Público al que va dirigido, Franja horaria de emisión. Descripción del anuncio, Elaboración audiovisual del anuncio (argumento), Tipo de personajes que aparecen en el anuncio, Mensajes que transmite, Ideología que transmite, Valores que presenta, Contravalores. Análisis emocional del anuncio, Conclusiones.
Veamos algunos de estos datos de forma más concreta:
Elaboración audiovisual: se ha de tener en cuenta la utilización de los movimientos de cámara, tipo de música… No nos hemos de quedar en la descripción, sino analizar los motivos por los que se utilizan.
Valores y contravalores: es muy importante no ofrecer una categorización muy explícita de lo que son valores y contravalores; tendremos que dejar que sea el propio alumno el que decida qué es lo correcto y lo que no. El docente será el que reconduzca el debate y clarifique los aspectos con los que le interesaría trabajar.
Análisis emocional: se han de incluir las emociones que despierta el visionado del anuncio. Este análisis es muy importante porque indica cuáles son los mecanismos psicológicos de los que se vale la publicidad para actuar de forma tan efectiva.
Conclusiones: se trata de un pequeño informe que describa, desde un punto de vista objetivo, las características, fines y mecanismos socio-psicológicos que articulan el spot. El alumno ha de tener clara cuál es la intención de la campaña publicitaria y cuáles los recursos que usa. Los anuncios televisivos son un rico exponente de emociones y sensaciones y, por ello, no han de ser desterrados del mundo de la enseñanza.
Si queremos trabajar con un recurso audiovisual ameno, divertido y que está perfectamente integrado en la realidad socio-cultural de nuestros estudiantes, la publicidad es una herramienta perfecta. Si, por otro lado, lo que pretendemos es utilizar la publicidad como mecanismo de análisis y metareflexión sobre sí misma, con el fin de obtener una serie de recursos que nos proporcionen una visión crítica de la sociedad de consumo en la que nos ha tocado vivir, la opción es igualmente clara. La escuela definitivamente, no le puede dar la espalda a la publicidad.
Televisión subliminal, socialización mediante comunicaciones inadvertidas
La 1ª tesis del libro es que ningún otro medio de comunicación en la historia ha ocupado tantas horas de la vida cotidiana de los ciudadanos como la televisión. En segundo lugar, advierte que mientras se tiende a considerar que lo que más influye de la televisión son los discursos, en realidad, la televisión influye sobre todo desde los relatos… Es decir, no es una influencia desde la razón sino desde las emociones; no desde una comunicación consciente sino desde una comunicación inconsciente, inadvertida.
Desde el inicio aclara que la palabra subliminal a que hace referencia el título no hay que entenderla en su sentido estricto de mensaje no perceptible porque es emitido por encima o debajo de los umbrales sensoriales, sino en un sentido mucho más amplio que se refiere a todo mensaje no percibido conscientemente, bien porque ha sido camuflado por el emisor; bien porque el receptor está bajo la influencia de una excitación emotiva fuerte o porque desconoce los códigos expresivos; bien porque se produce una saturación de informaciones; o bien porque la comunicación es indirecta…
Después, el autor explica su teoría de que existen cuatro grandes mitos sobre el ser humano que nos impiden analizar con lucidez su relación con el medio audiovisual: la supuesta libertad humana, la supuesta racionalidad, la conciencia y la percepción objetiva.
Respecto de la libertad, Ferrés nos advierte que en las democracias occidentales, en las que las limitaciones de tipo físico son escasas, hay otras formas de limitar la libertad de los individuos mediante la persuasión, la seducción o la manipulación. No hay riesgo alguno de dejar que el individuo haga lo que quiera cuando se está seguro de conseguir que quiera lo que se pretende que haga.
Ante la racionalidad el autor opone la fuerza de las emociones que rigen, condicionan o perturban la decisión individual en la mayor parte de los actos humanos. Pone como ejemplo investigaciones hechas con jurados norteamericanos en los que se ha demostrado como el sexo, el atractivo físico o la raza de los acusados o de las víctimas puede modificar sustancialmente el carácter o la dureza de las sentencias (A.P. Godstein y L. Krasner, 1991, pág. 201).
Igualmente, ante la conciencia y su preeminencia en el acontecer humano, el autor opone la importancia del inconsciente: el consumidor, por ejemplo, generalmente actúa de manera emotiva y compulsiva, reaccionando inconscientemente ante las imágenes y las ideas asociadas en el subconsciente con el producto.
Sobre el mito de la percepción objetiva, nos recuerda que el famoso “lo he visto con mis propios ojos” es en realidad una prueba muy endeble. Primero, se calcula que lo que percibimos conscientemente es sólo el 1/ 1000 de lo que vemos. No es el ojo lo que nos permite ver, sino el cerebro que selecciona, procesa y da significación a lo que vemos. En ese proceso de selección y significación tienen mucha importancia los condicionamientos culturales, las creencias, los valores, etc., de modo que la persona tiende a ver lo que espera ver. Nuestros esquemas mentales actúan como filtros de la multiplicidad de estímulos y datos y orientan la interpretación de lo que se percibe. “Lo que nos hace ver el mundo es también lo que nos impide verlo, nuestra ideología” (Régis Debray, 1994, pág. 300).
Por ejemplo:
· En la cultura ubezko, existe sólo una palabra para designar lo que nosotros distinguimos como azul o verde.
· Lo vertical tiende a parecer más largo que lo horizontal a personas que viven rodeadas de edificios altos y verticales y no a aquellas que viven en poblados con chozas circulares. (Luria, 1985, Pág. 99)
· Cuando Griffith proyectó por primera vez un primer plano en el cine la gente huyó presa del pánico.
· El ejemplo del optimista y el pesimista con la botella medio llena o medio vacía.
· Los colores cálidos (rojo, naranja y amarillo) son salientes y en la pintura de una habitación la empequeñecen. Los fríos (azul, verde y violeta), se alejan del espectador haciendo la habitación más amplia. Una caja pintada de negro produce la sensación de ser más pesada que otra pintada de otro color.
· En una investigación con estudiantes blancos a los que se les proyectaban imágenes de una conversación entre un blanco y un negro en la que uno empujaba levemente al otro, cuando era el negro el que empujaba , el 73% de los encuestados afirmó que se trataba de una agresión y cuando era el blanco, sólo un 13% lo interpretaba así, el resto consideraba que estaban bromeando o haciendo teatro. (D.G. Myers, 1991, pág. 405)
· En unos tests de cereales, cuando la prueba se hizo a ciegas, la marca líder del mercado fue la preferida por el 47%, y cuando se hacía la prueba con los envases la marca líder aumentaba la preferencia hasta el 59%.
· Un director de investigación de una agencia publicitaria afirmaba después de una prueba a ciegas que “las personas profesan una tremenda lealtad a la marca de cigarrillos que fuman, y sin embargo en los tests no la pueden distinguir de otras marcas. Fuman una imagen”.
· Personas que contemplan una imagen de color verde junto a sujetos que afirman verla azul pueden ver perturbada su confianza hasta llegar a modificar su percepción y verla azul.
· En dos fotos iguales de una joven atractiva, una con las pupilas retocadas para que parecieran más grandes, la reacción favorable ante la foto retocada superó en más del doble a la otra.
· O los mecanismos de defensa como: El mecanismo de defensa perceptiva por el que en un anuncio de Benson and Hedges con la palabra cáncer enmascarada, los grupos de no fumadores la detectaban con mucha más facilidad que los fumadores (que no querían verla).
· O el de la atención selectiva por el que un calvo detecta más rápidamente un anuncio de un crecepelo o una mujer gorda el de un sistema de adelgazamiento.
· O el efecto placebo por el que un medicamento que no es sino una sustancia neutra, produce efectos sobre los pacientes como si fuera real.
Por culpa de la fe que se tiene en esas capacidades humanas, el espectador está confiado ante la capacidad socializadora de la televisión. Se encuentra seguro. La televisión socializa sobre todo porque el espectador no espera que lo haga. En este sentido, los efectos inadvertidos de la televisión podrían considerarse como la inversión del efecto placebo: si en éste, una sustancia inocua pero que aparentemente no lo es produce un efecto real por la falsa conciencia, en la experiencia televisiva un producto aparentemente inocuo produce un efecto real precisamente por la falta de conciencia de su no inocuidad.
Para el telespectador, la televisión es el entretenimiento inofensivo. Más inofensivo cuanto más entretenido.
En todas las encuestas, los telespectadores creen que los programas que más influyen sobre ellos son los informativos, los documentales, los reportajes y los programas culturales; en último lugar sitúan a las series, los anuncios, los deportes y los concursos.
Relato frente a discurso o emoción frente a razón
Resulta sorprendente que mientras los padres y educadores y los espectadores en general tienden a creer que lo que les influye es el discurso (vía racional / verbal), los grandes especialistas de la persuasión (los publicitarios, los políticos, los asesores de imagen…) lo rechacen y utilicen en cambio el relato (vía emocional / imagen).
En los discursos los contenidos ideológicos son expuestos de manera explícita. En los relatos, el discurso ideológico está enmascarado, camuflado mediante la fascinación de la acción y de la emoción.
Esta concepción ingenua sobre el entretenimiento por parte de la mayor parte de los espectadores es lo que los hace particularmente vulnerables y lo que convierte al entretenimiento en el sistema de socialización, intencional o no, más eficaz.
Herbert Schiller (1987, pág.104) afirma tajantemente que “el aserto de que el entretenimiento no es instructivo debe catalogarse como una de las supercherías más grandes de la historia”.
La televisión, desde su omnipresencia, actúa desde la impunidad del entretenimiento, desde la impunidad de ser un poder fascinante, aparentemente inocuo y casi incontestable.
La segunda parte del libro está dedicada a analizar los procesos inadvertidos de socialización a través de la TV, para explicar hasta qué punto, en el proceso de socialización, la racionalidad es penetrada por la emotividad, hasta qué punto el pensamiento es burlado por la pasión, hasta qué punto la conciencia es traicionada por las comunicaciones inadvertidas. Si la TV es socializadora es, sobre todo, porque genera un enorme caudal de energía e motiva que burla a la razón y a la conciencia.
En definitiva, el libro parte de la convicción de que en las comunicaciones televisivas predominan abiertamente las emociones. Cuando éstas tienen la misma dirección que las convicciones y los razonamientos del receptor, se potenciarán mutuamente confluyendo en un mismo efecto socializador. Pero si entran en conflicto y son las emociones las que tienen una fuerza mayor, los razonamientos cederán, porque quedarán anulados o porque se pondrán al servicio de las emociones mediante procesos de racionalización.
Aunque es obvio que el espectador –de cualquier edad- no es un libro en blanco sobre el que la televisión escribe su influencia, y que la experiencia televisiva estará condicionada por los patrones culturales y emotivos del receptor, no lo es menos que los conocimientos adquiridos y las experiencias vividas en la pantalla le proveerán de nuevos esquemas mentales o modelos mediante los que ordenará sus futuras interpretaciones de la realidad. Sobre todo cuando es la televisión la que proporciona la primera información. (Véase el caso de aquel alumno que, en una clase de religión, acusó de falso un párrafo de la Biblia. Él lo había visto en una película y las cosas habían ocurrido de otro modo).
Las armas del lenguaje visual: la estrategia de la seducción Para entender la naturaleza del lenguaje televisivo es fundamental entender la naturaleza de las imágenes: si la palabra se mide por su densidad, la imagen se mide por su punch, por su capacidad de impacto. Y es que la lectura de la imagen se hace desde el pensamiento primario o asociativo.
Y mientras que para el pensamiento secundario o lógico, que se expresa y funciona con el lenguaje verbal, es bueno lo que coincide con unos códigos ideológicos y éticos previamente asumidos, para el primario es bueno lo que se asocia con lo agradable y malo lo que se asocia con lo desagradable (¿hedonismo?).
El espectador tiende a interiorizar las realidades contempladas en la pequeña pantalla asociadas con una carga emocional de signo positivo o negativo. Es esta carga emocional lo que les confiere significación, valor o sentido a estas realidades. El espectador se puede defender de este proceso socializador emotivo en la medida en que sea consciente de las implicaciones ideológicas y éticas de las emociones. Pero no suele serlo.
El espectador se deja seducir por la fuerza de las emociones. Seducir= se – ducere, llevar aparte, desviar. Pero también cautivar, hacer prisionero, enajenar, “engañar con arte y maña” (DRAE).
En definitiva, la TV no condiciona la libertad mediante coerción física o la imposición razonada, sino mediante la seducción.
Seducción mediante la metonimia: el dar al todo el valor de una parte. Como cuando la belleza de una voz radiofónica se convierte en portadora de la belleza irreal del locutor o locutora. O cuando tendemos instintivamente a pensar que una persona atractiva ha de ser forzosamente una persona buena. Existe la seducción de la belleza, pero también de la fealdad, del mal, del horror, que ha provocado la aparición de un verdadero mercado del dolor en la programación audiovisual de ficción o de informativos. La extensión de una pornografía de los sentimientos: reality shows, striptease psíquicos, retrasmisiones de juicios, de la pena de muerte, talk shows, violencia, sexo, mal gusto que arrastran grandes audiencias tras una curiosidad morbosa cercana a un voyeurismo enfermizo.
La seducción desde la forma: ¿la desaparición de los valores éticos ha provocado el resurgimiento de los valores retóricos? Hipertrofia de las apariencias. La cultura del envoltorio. Los grandes comunicadores son los grandes seductores que manejan las formas, ser a lo mejor pero, sobre todo, parecer. La sociedad del vacío, la supernada, la sociedad superísima construida con superlativos pero carente de sustantivos (Lamberto Pignotti, 1976, págs. 29-38). La sociedad en la que no es que se cuide más la forma sino que la forma sustituye al contenido.
La seducción del relato. Ingmar Bergman decía que “la sucesión de las imágenes opera directamente sobre nuestros sentimientos, sin tocar el intelecto. La música actúa de igual forma. Diría que no existe forma de arte que tenga tanto en común con el cine como la música; ambos influyen sobre nuestras emociones directamente, no a través del intelecto. La película es sobre todo ritmo; es una continua inhalación y exhalación” (citado por G.Michel, 1990, págs. 196 – 197).
El relato seduce porque el espectador vuelca en él sus sentimientos más íntimos y sus conflictos internos. Por eso nos pasa que, aunque hagamos un esfuerzo por distanciarnos de la historia racionalmente, no podamos evitar sufrir o gozar al identificarnos con un personaje que está en peligro o se libra de él. Nos identificamos y nos proyectamos en los personajes de los relatos.
Pero también nos proyectamos e identificamos con los actores que encarnan dichos personajes. “¿No son las muñecas los ídolos de los pequeños y los ídolos las muñecas de los adultos?” (R. Debray, 1994, pág. 77).
¿Cómo es si no posible que la aparición de héroes de series de TV o películas que ejercen una determinada profesión, determinen aumentos significativos en las matrículas de las facultades pertinentes? (Ironside, Doctor Ganon, Turno de oficio, Lucas Taner, Top Gun). En un capítulo de la serie Cristal un personaje femenino sufría cáncer de mama, lo que incrementó el número de consultas en la Seguridad Social más que cualquier campaña preventiva oficial. Recuérdese a este respecto, la aparición de Clark Gable que se quitó la camisa en Sucedió una noche (Frank Capra, 1934), y no llevaba camiseta debajo: las ventas de esa prenda interior masculina descendieron de tal modo que estuvieron a punto de llevar a la quiebra a las empresas del sector, las cuales pidieron que se censurara la escena. O la rebeca a la que dio nombre la protagonista femenina del film de Hitchcock, Rebeca.
La cultura audiovisual es el reino del estereotipo y el estereotipo supone, una vez más, el triunfo de lo primario sobre lo secundario, de lo inconsciente sobre lo consciente, de lo emocional sobre lo racional. Es el triunfo de la mentira sobre la verdad, porque la verdad es compleja. Es el triunfo de la comodidad sobre el esfuerzo, porque la verdad exige un esfuerzo para el matiz, para el contraste, para la precisión.
El pensamiento primario es contaminante: los consumidores son más favorables a la carne de buey cuando se la etiqueta como “magra en un 75%” que cuando se la etiquetaba con “25% de grasa”. La carne era racionalmente la misma, pero se contaminaba del valor positivo o negativo de la etiqueta. Otro ejemplo clásico es el valor contaminante de la calumnia o la mentira negativa que marca a los sujetos aunque sea después negada o invalidada por pruebas objetivas. (“Una mentira puede dar la vuelta al mundo mientras la verdad se calza los zapatos”, decía Mark Twain). “Juan es inteligente, habilidoso, impulsivo, criticón, empecinado, y envidioso” / “Juan es envidioso, empecinado, criticón, impulsivo, habilidoso e inteligente”, dos secuencias con los adjetivos en distinto orden: los que recibieron la primera secuencia calificaron a Juan de manera más positiva (sociable, alegre y con sentido del humor) que los que recibieron la segunda.
El pensamiento primario funciona por transferencia afectiva, es decir, se traslada la actitud afectiva, positiva o negativa, de una persona o cosa a otra persona o cosa con la que se encuentra en relación. El color amarillo es maldito en los ambientes artísticos desde que en 1673, Moliere vestía de amarillo en la representación del Enfermo Imaginario en la que tuvo un ataque que le llevó esa misma noche a la muerte.
Estos mecanismos son extraordinariamente importantes en el aprendizaje por modelos de comportamiento, en el que los miedos, deseos y valores son inducidos mediante la observación de modelos. En este aprendizaje, la televisión tiene una relevancia social sin parangón: en la primera mitad de este siglo el niño no tenía apenas otros modelos que los provenientes de la propia familia o de su entorno más inmediato. Actualmente, los modelos a observar se han incrementado extraordinariamente gracias a la televisión. Y, además, se han incrementado las posibilidades de presentar estos modelos con gran poder de atracción. Esto es importante porque “ha quedado demostrado que los niños tienden a cambiar sus criterios de valoración moral para situarlos en la dirección de los juicios de sus modelos” (A. Bandura, 1982, pág. 60).
Hay que tener en cuenta, además, que cada vez son menos las experiencias vividas personalmente y cada vez son más las que se viven vicariamente, y la televisión es el reino de las experiencias vicarias por lo que juega un papel decisivo en la presentación de modelos que incidirán en la elección de la dirección del comportamiento.
Los modelos televisivos, además, se construyen de acuerdo a todas las pautas que la psicología marca como reforzadoras de su eficacia: la similitud (cuando los individuos piensan que son parecidos a los modelos, la influencia de estos es mayor que cuando creen que son diferentes); el atractivo (es mucho mayor la influencia de una fuente atractiva que la de una fuente experta); los refuerzos (los premios o castigos simbólicos que recibe el modelo por su comportamiento; teniendo en cuenta además que en la narración audiovisual este tipo de refuerzos se puede lograr directamente premiando o castigando las acciones del modelo, o con recursos formales como la planificación, la angulación, el punto de vista, iluminación, el color..); la excitación emocional del observador (a más excitación emocional, más intensidad en la influencia del modelo).
El mensaje es el medio Mientras el espectador de televisión o el educador suelen estar preocupados por los contenidos, el verdadero mensaje lo transmite el medio (…). Los contenidos suelen ser sólo un cebo. El verdadero mensaje de un medio es el masaje al que éste somete a sus usuarios como consecuencia de su especifidad tecnológica y expresiva.
“Todos los medios nos vapulean minuciosamente, son tan penetrantes en sus consecuencias personales, políticas, económicas, estéticas, psicológicas, morales, éticas y sociales que no dejan parte alguna de nuestra persona intacta, inalterada, sin modificar. El medio es el masaje. Ninguna comprensión de un cambio social y cultural es posible cuando no se conoce la manera en que los medios funcionan como ambientes” (M. McLuhan, 1987, pág. 22).
Hoy el entorno comunicativo es preferentemente icónico. Y no producen los mismos efectos sensoriales y mentales las imágenes y las palabras. El lector se enfrenta a un universo abstracto. El telespectador a un universo concreto. El lector se enfrenta a un universo estático. El espectador a un universo dinámico: no se trata sólo de que sean imágenes en movimiento, sino que el espectador, ante la pantalla, se somete a una hiperestimulación sonora y visual cada vez más trepidante para mantener su interés, de modo que esa vorágine de sensaciones acaba por hacerle aburrido todo aquello que es abstracto y estático (como la lectura, pero no sólo como la lectura…).
“La sobrecarga sensorial plantea un problema crucial y de salud pública, tan serio como la superpoblación, la polución y el agotamiento de las riquezas naturales” (Zbifiniew Lipowski, de la escuela de Medicina Darmouth en EE.UU., citado por P.Babin y M. McLuhan, 1980, pág. 106).
McLuhan asegura haber verificado y demostrado que uno de los efectos de la televisión sobre la persona humana es desmovilizar los músculos de sus ojos, hasta el punto de que el niño de la televisión no puede leer, ha perdido por falta de uso el adiestramiento de los músculos necesarios (id. pág. 49).
La descodificación del lenguaje verbal exige complejas operaciones analíticas. La descodificación de imágenes es casi inmediata. La lectura desarrolla habilidades mentales relacionadas con la concreción, la intuición, la síntesis. El lenguaje verbal facilita el razonamiento, la fuerte articulación del pensamiento, la clasificación. La imagen, en cambio, es el reino de la sugerencia, de la emoción, de la intuición. La iconicidad televisiva hace que el espectador se enfrente a signos concretos, cercanos, materiales, gratificadores de manera inmediata, que dan recompensa sin apenas esfuerzo. El lector se enfrenta a signos abstractos, alejados de la realidad material, signos áridos, cuya descodificación exige complejas operaciones mentales. La gratificación del texto escrito está en el significado, no en la materialidad de los signos. El lector se ejercita en la paciencia, porque se le exige un placer postergado, que se alcanza sólo a partir del esfuerzo. La lectura exige renunciar a una satisfacción inmediata por una satisfacción más lejana, mientras que la imagen tiende a potenciar un sentimiento de inmediatez e impaciencia.
El teleadicto
Sin embargo, la televisión no es más pasiva en el sentido de quien la mira no hace nada o hace menos que el lector que lee, sino que es una actividad radicalmente distinta de la lectura y seguramente complementaria. El problema surge de la hegemonía casi absoluta de lo icónico desde las edades más tempranas.
Cada medio, pues, crea un tipo de usuario. Y el teleadicto es:
· Narcisista: la comunicación audiovisual es unidireccional y conecta al espectador consigo mismo. No se abre al otro, sino que convierte al otro en un objeto que utiliza para verse a sí mismo. “En lugar de la disolución de lo personal, como se temía, lo que han producido las diversas factorías electrónicas de la masificación es el auge del yoísmo más radical…: el narcisismo (Juan Cueto, 1982, págs. 18-19). Lo que Cueto confunde es persona con individuo y por ello sí parece cierto que hayan producido la disolución del yo como ser personal, como capaz de abrirse al otro. Narcisismo como narcosis, como disgregación del yo (292). (El narcisismo, antes poco frecuente, es una de las neurosis más frecuentes hoy en día).
· Moralmente fragmentario: el carácter fragmentario, mosaico, puzzle de la cultura televisiva, de sus mensajes, de su universo vidriera, incrementado por la práctica habitual del zapping lleva a interpretar la vida de parecida manera: “La realidad no se parece a una película de final dichoso, sino más bien a una sesión de zapping programada por un loco furioso: pedazos sin sentido pegados por azar unos a otros” (Rosa Montero, suplemento de El País, domingo, 11 de julio de 1995, citada por … pág. 293). “De la misma manera que se va saltando de cadena en cadena en busca de lo que nos interesa o atrae, nadie suele ser fiel en exclusiva a una programación moral” (“Zapping moral”, artículo del diario La Vanguardia, domingo, 23 de enero de 1994, citado.. 293).
Al no facilitar vivencias unitarias, unificadoras, integradoras, la televisión no potencia la coherencia personal, el equilibrio armonioso. Lo importante es trivializado a partir de su tratamiento espectacularizado y descontextualizado. Y lo poco importante acaba por parecer importante por la brillantez formal con que es tratado. “La televisión es un invento extraño y diabólico, nacido con la intención de informar, de dar a nuestra ignorancia conocimiento, serenidad, conciencia. Pero por alguna razón extraña y misteriosa, algo ha fallado. En lugar de dar información o cultura, lo destruye todo, como una inundación, como una tempestad. (…) Es una auténtica invasión. Es como tener en tu casa una boca abierta que lo vomita todo de forma matemática y estúpida. Es como si la guerra, la religión, todo, Dios incluido, pasara por una batidora que lo hiciera todo puré: todo se desintegra en partículas mínimas, destruido para siempre”. (Federico Fellini en El fulgor de un monstruo, Fotogramas & Vídeo, n.1722, sep. de 1986, pág. 39) (294).
· Materialista: es evidente que los contenidos del universo televisivo, y más en concreto, los publicitarios llevan constantemente al espectador al esquema de vincular la felicidad con la posesión o el consumo.
Parece obvio también que el carácter icónico de la cultura televisiva lleva aparejado un desarrollo del valor del parecer frente al ser, del valor de la imagen.
Pero también la iconicidad televisiva, como ya se ha comentado, hace que el espectador se enfrente a signos concretos, cercanos, materiales, gratificadores de manera inmediata, que dan recompensa sin apenas esfuerzo y tiende a fomentar un sentimiento de inmediatez e impaciencia.
Resistencias del receptor Todas estos efectos se producen de manera inadvertida, inconsciente, pero no de igual forma en todos los receptores. No somos cera blanda en la que la televisión deja una misma huella ni con la misma hondura.
No es un factor de igualación social, ética y cultural. O no lo es en el sentido positivo: por arriba. Si consigue cierta uniformidad, lo hace por abajo y afectando a grandes masas de población cada vez más separadas de las minorías ilustradas que seleccionan, y se defienden mejor de la influencia mediática.
Los que están más motivados para adquirir información la adquirirán más deprisa que aquellos que no lo están.
El entorno social hostil a determinados planteamientos que comunique inadvertidamente la televisión hará que el espectador de ese entorno los adquiera más difícilmente y viceversa.
El contexto inmediato es importantísimo: no es lo mismo ver la televisión en la escuela que en casa, solo que acompañado, acompañado por un amigo que por un padre, acompañado por un teleadicto que por una persona crítica al medio.


hola me encando lo que dise en esta pagina..esta muy bueno todo todo muy interesante..alquien que tenga mas informacion de esto que mande un correo: myru-25@hotmail.com..por fa manden.besos.estoy asiendo un trabajo sobre la influencia de la televicion en el niño.
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