Un golpe con estilo
Título original
Going in style
Género
Año de producción
2017
Publico
Valoración
Lenguaje
Duración
96'
Fecha de estreno
12/04/2017
País

Un golpe con estilo

2 / 6
Humor 3/5
Acción 3/5
Violencia 0/5
Sexo 0/5

Que Michael Caine, Morgan Freeman y Alan Arkin protagonicen una película es garantía casi segura de que esté bien interpretada y de que tendrá un toque de innata elegancia. Lo que pasa es que, como todo film, los actores son la cara visible de una historia que, en el caso de Un golpe con estilo, discurre sobre un guion endeble, por no decir inexistente.

Un golpe con estilo es un remake de una obra homónima rodada en 1979. Desconozco dicho título por lo que puede ser que el fallo de sistema esté en el prototipo original pero no es disculpa para que Braff y Melfi, como director y guionista, no hayan metido más cabeza en este proyecto. Sobre todo sabiendo que contaban con un plantel mucho más eficaz que en el anterior.

Concebida, supongo, como una comedia (dentro del subgénero “geriátrico” de Tipos legales o Plan en Las Vegas) sus abundantes puntos y escenas de humor se frenan constantemente con momentos sentimentales sin ningún ritmo ni equilibrio.

Es legítima (e incluso necesaria, si se quiere) la inclusión de reflexiones acerca de la soledad de los ancianos, el respeto que se merecen, el cariño familiar que necesitan y la justicia que se les debe. También es válida la crítica al sistema bancario o empresarial que no mira al individuo y abusa de él. Pero en una comedia hay que medir mucho esas intervenciones, algo que no pasa en esta producción. El asunto de la ancianidad roza demasiadas veces la sensiblería gratuita y las arengas anticapitalistas caen en la caricatura (sin gracia debido al tema). Y entre todas ellas ponen continuamente zancadillas a las acertadas bromas de los personajes que se supone que es lo central del relato.

La mezcolanza de intenciones grava además el propio esquema básico del guion. Planteamiento, nudo y desenlace parecen durar lo mismo por lo que la película tarda mucho en empezar y no termina de acabar, en un ejercicio lánguido, sostenido y salvado tan solo por los múltiples momentos de humor.

Es difícil no reírse o disfrutar con el film: solo la primera escena de Michael Caine en la sala de espera del banco ya vale la mediocridad posterior.

Firma: Esther Rodríguez