La ciudad de las estrellas – La la land
Título original
La la land
Año de producción
2016
Publico
Valoración
Lenguaje
Duración
128'
Fecha de estreno
13/01/2017
País

La ciudad de las estrellas – La la land

4 / 6
Humor 2/5
Acción 2/5
Violencia 0/5
Sexo 0/5

Un film que se presenta como un claro homenaje al cine musical de la época dorada de Hollywood es carne de cañón para la crítica y para los melancólicos. Y para Damien Chazelle era una cuenta pendiente con una pasión que nació en sus últimos cursos de instituto.

Sin duda, el musical es el género que, en su apogeo, mejor ha explicado el universo del celuloide. De manera paradigmática nos ha quedado la obra de arte de Gene Kelly y Stanley Donen, Cantando bajo la lluvia. De ella hay mucho en La ciudad de las estrellas. En este sentido, Chazelle confiesa que escogió este tipo de película porque la música, las letras y el baile permiten “expresar el juego de malabarismos que representan los sueños y la realidad”: ser artista y llevar una vida personal.

Después de cinco nominaciones, su Whiplash se llevó en 2014 tres Oscar: mejor actor secundario, mejor mezcla de sonido y mejor montaje. Lo que este joven director experimentó en esa cinta lo ha desarrollado con fuerza en la presente: el uso de los barridos panorámicos en simulación de plano contra plano, así como una sistematización del plano secuencia, con abundantes travellings, para los números musicales.

A pesar de lo arriesgado de estas opciones (no aptas de ver para los que tengan problemas con el sentido del equilibrio), resultan coherentes con el concepto que aplica a todo el metraje y su trabajo es algo más que esmerado. Ahí entran desde el director de fotografía (Linus Sandgren) que ha mezclado el uso de lentes anamórficas y los 35mm (para recuperar el aire del Cinemascope), pasando por la banda sonora de Justin Hurwitz y las letras de Benj Pasek y Justin Paul que se integran en la trama, hasta la elegante coreografía de Mandy Moore o el virtuoso vestuario de Mary Zophres.

Con todo esto, puede decirse que La la land maneja bien, desde el punto de vista dramático, los elementos visuales. Los colores saturados y brillantes de telas, paredes y objetos aportan más luminosidad a la ciudad y contrastan con los explícitos y manieristas juegos de foco y oscuridad en los interiores. Esto remite, dentro del argumento y, en especial, del personaje de Sebastian, al debate entre lo viejo y lo nuevo, la nostalgia como algo caduco o con futuro, el aferrarse a la tradición purista o saber evolucionar sin traicionarse a uno mismo. El valor de los sueños frente al valor de la realidad.

Del mismo modo funciona el embotellamiento coreográfico con el que empieza el film: una perfecta analogía del atasco existencial integrado en una exultación pletórica y algo naíf de la vida. Y, por no citar más, la continua puesta en cuadro de esa misma vida como escenario que se quiere armonizar: sets de cine, de teatro, la habitación o la calle como espacios casuales para cantar, bailar y expresarse.

En esta amalgama, Damien Chazelle también tiene su propio debate entre tradición y renovación. ¿Su La ciudad de las estrellas homenajea a los clásicos sin tener voz propia o bien sabe efectuar una aportación que encaje? Sin duda, Chazelle se decanta por introducir el elemento innovador.

Sin embargo, lo hace de un modo, o a través de algunas distorsiones respecto al esquema o cliché original del género de los años 40, 50 y 60, que no resulta muy concluyente e incluso, para algunos, tampoco congruente del todo. Querer jugar con lo clásico y manejar las expectativas fuera de este parámetro narrativo es peligroso para la reacción del espectador. Del mismo modo, querer ser moderno y alumbrar el guion con giros estereotipados y resoluciones fáciles se acerca al peligro del pastiche.

No obstante, la película es ciertamente un hábil, amable y simpático regalo al cine clásico, en el que también se hace honor al valor de anhelar y apoyar los anhelos de aquellos a quienes se quiere. También es loable la gracia y vivacidad que desprenden Ryan Gosling y Emma Stone. Chazelle les hace bailar y cantar lo justo para demostrar que no busca emular en destreza a los grandes del cine musical. Con ello, les permite protagonizar un título singular y sobre todo una cálida recuperación de un cine que no debe perderse.

Firma:
Lourdes Domingo