La vida de Calabacín
Título original
Ma Vie De Courgette
Año de producción
2016
Publico
Valoración
Lenguaje
Duración
66'
Fecha de estreno
24/02/2017
País

La vida de Calabacín

4 / 6
Humor 2/5
Acción 0/5
Violencia 1/5
Sexo 1/5

No se ha llevado el Globo de Oro pero esperemos que se lleve el Oscar. Esta sincera reflexión sobre cómo el mundo adulto afecta a los más pequeños y cómo ellos lo interpretan conmocionará a aquellos que se sientan apelados por el guión o a quienes tengan una especial sensibilidad hacia los niños.

Delicada y sin barreras, Celine Sciamma (Girlhood, Being 17) readapta la novela de Gilles Paris y de la mano de Claude Barras, experto en stop motion, lanzan su primer largometraje de este estilo. Ambos se muestran impecables tanto en la ejecución como en la elaboración de las tramas.

Icare tiene nueve años y quiere que le llamen Calabacín porque era como le llamaba su madre. Gran parte del film pasa en el orfanato donde él relata su día a día al policía que le condujo allí. Desde un principio, su corto y duro pasado se desvela mientras repasa su situación familiar, a la vez que tanto el agente como él evitan hablar de su profunda herida: el niño mató accidentalmente a su madre alcohólica. Ahora, Calabacín guarda como recuerdo su lata de cerveza. El ingenuo protagonista se dará cuenta de que no es el único con miedos y que todos los chicos de Fontaines tienen sus historias. Poco a poco, irán aprendiendo a crecer con ellas y a ir “tapando” esos miedos.

Nunca es fácil transmitir en pantalla este tipo de estados de ánimo sin caer en el dramatismo. Barras tiene un punto a su favor y es que ayuda el hecho de contarlo desde el carácter inocente de la animación. Por eso, el verdadero logro está en la elegancia con que se haga. Por ejemplo, el modo en que se visualiza la crudeza –desde los ojos de plastilina de los muñecos, pasando por las narices torcidas o las camas de juguete– y todo lo que envuelve el orfanato es para admirar. Y en este punto entra Sophie Hunger, que maneja con maestría los silencios y la suave banda sonora que van envolviendo la ejecución del guión.

La vida de Calabacín encuentra ese equilibrio y belleza aunque no es precisamente un cuento para todas las edades.

Firma: Carla Sciamma